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El matrimonio de Riudoms que fue de las Ramblas a Cambrils el día de los ataques

La pareja estuvo cerca de los dos ataques. Pasó el día en Barcelona y cenó en el Port de Cambrils

Mònica Just

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Aspecto de las Ramblas desde la plaza Cataluña con un fuerte dispositivo de seguridad, el día después del atentado. Foto: EFE

Aspecto de las Ramblas desde la plaza Cataluña con un fuerte dispositivo de seguridad, el día después del atentado. Foto: EFE

Un matrimonio de Riudoms vivió los atentados muy de cerca. Tan de cerca, que casi les alcanzan. Tanto el de Barcelona como el de Cambrils. «Fue cuestión de minutos», explican. Están de vacaciones y el jueves decidieron ir a pasar el día a Barcelona. Su idea era aprovechar para ver las fiestas de Gràcia y hacer algún que otro recado. Se marcharon a primera hora de la mañana para ir de compras. Fueron a Ikea. Luego a comer a un restaurante. Y antes de ir hacia Gràcia decidieron ir a pasear por las Ramblas. Cogieron el coche y se liaron un poco por las calles de la ciudad. El navegador les llevó hasta la calle València. Dieron más vuelta de lo previsto. Y finalmente aparcaron cerca de la zona. Querían dar una vuelta y luego llegar al barrio de Gràcia.

Pero entonces sus planes cambiaron. Les llamó su hija y les dijo que algo grave había ocurrido en Barcelona. Que lo había escuchado en la radio. Y que era precisamente en la zona a la que se dirigían. En aquel momento estaban aparcando el vehículo. Pero cuando vieron que la crisis era seria y que también se suspendían las fiestas, decidieron arrancar el coche y marcharse.

Tuvieron suerte. Si no se hubieran liado por las calles de la ciudad, habrían estado en el lugar del atentado y en la hora en que se produjo el atropello masivo.

Su regreso a casa fue un viaje largo y pesado. «A la salida de Barcelona nos encontramos con todos los controles policiales. Tardamos mucho más de lo previsto», explican. Llevaban el susto encima.

En la zona crítica de Cambrils

Estos vecinos de Riudoms tienen un apartamento en Cambrils. Llegaron allí pasadas las ocho de la tarde. «No teníamos ganas ni ánimo de hacer la cena, así que nos fuimos a comer algo al McDonalds», señalan. Al terminar, paseando, recorrieron el puerto en dirección a su piso. Como en Barcelona, no coincidieron con el tiroteo por una cuestión de minutos. Todavía no habían llegado a casa y ya escucharon fuertes ruidos. Empezaba el caos. Llegaron a casa pero no podían dormir. Cambrils estaba desierto. Los helicópteros volaban muy bajo. Hacían mucho ruido.

Cuando dieron la orden de que la gente que se había encerrado en los locales ya podía salir, grupos de personas iban regresando a casa. Ellos casi no creían lo que veían. «Estuvimos a punto de encontrarnos en los dos ataques. Tuvimos suerte», afirman, todavía sin quitarse el sobresalto de encima. 

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