El perenne idilio entre estudiantes de jardinería y miles de plantas de Navidad

Ciclo completo. Alumnos del Institut d’Horticultura se forman siguiendo el cultivo de principio a fin

MÓNICA PÉREZ

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En un invernadero, se ocupan del global de las tareas hasta que la producción está ya lista. FOTO: ALBA MARINÉ

En un invernadero, se ocupan del global de las tareas hasta que la producción está ya lista. FOTO: ALBA MARINÉ

Miles de plantas de Navidad ya crecen en un invernadero del Institut d’Horticultura i Jardineria de Reus. Lo hacen, de hecho, desde junio, el momento del año en que, curso tras curso, el centro comienza a poner en marcha este vistoso proyecto cuya importancia recae en que «los alumnos lleven y observen todo el proceso, puedan equivocarse, acertar y, sobre todo, obtener la satisfacción que deja el buen resultado de su trabajo». Más allá de producir, tal como explica el profesor Josep Maria Pemán, el cultivo de ponsetias les sirve para «probar nuevas técnicas de lucha biológica o irrigación, comparar variedades y aprender a evaluar cuáles funcionan mejor según el destino atendiendo a datos que recogen y requisitos que conocen».

Casi todos los estudiantes que se forman en el Institut d’Horticultura pasan, en un momento u otro, por esta experiencia y «es algo muy enriquecedor», añade Pemán. Después, cuando ya están listas, hacia diciembre, las plantas que tanto han estado mimando se comercializan o bien van a parar a claustros de otros centros de enseñanza.

Martí Sanfeliu es uno de los alumnos que se ocupan de las ponsetias. «Aquí aprendemos de todo: desde cómo tratar las plantas a nivel de riego y de fertilizantes, por ejemplo, a detectar el nivel de fitopatología más allá de lo que se observa a simple vista. Llevamos un recuento de los huevos que encontramos y de las larvas, y aplicamos la lucha biológica mediante insectos beneficiosos», explica, y especifica que «seguimos todo el ciclo completo desde que las plantan hasta que las preparamos para salir». En esta época, «empiezan ya a estar rojas, vemos que están sanas y nos damos cuenta de que eso también es gracias a nosotros y a estar aquí cada semana controlándolas», concluye.

Este año académico, «como solemos hacer, hemos ido incluyendo algunas variedades», apunta Pemán, que dice que «también intentamos incorporar técnicas nuevas y reajustar las que hemos estado utilizando; se trata de un proceso de mejora continua en el que, durante cuatro años, los alumnos ven cómo van progresando, y es una oportunidad única». «Aquí tienen la posibilidad de equivocarse, pero de hacer bien las cosas también se aprende mucho, y con esto pueden percibir que si van rectificando todo sale correcto; el error aporta cosas pero también lo hace el éxito», destaca.

De cara al siguiente curso, el Institut d’Horticultura quiere ir un paso más allá e «implantar un sistema de sensorización, hoy que las nuevas tecnologías están a disposición de todo el mundo». Y es que «hasta ahora, la decisión de regar viene marcada por los criterios de los técnicos, por la observación, pero queríamos poder, a través de pequeños sensores, hacer un seguimiento del estado de humedad de los sustratos y tomar con ello mejores decisiones», explica el profesor, que subraya que «este es un concepto que ya se encuentra muy presente en la producción».

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