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Opinion ANÁLISIS

El purgatorio de la vicealcaldesa de Reus

Carles Pellicer toca el cielo. El alcalde sobrevive y afrontará su mandato más cómodo, mientras Noemí Llauradó (ERC) se lleva todas las puyas 

Josep Cruset

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Noemí Llauradó (ERC) felicita a Carles Pellicer (Junts x Reus), instantes después de ser investido alcalde.  FOTO: Alfredo González

Noemí Llauradó (ERC) felicita a Carles Pellicer (Junts x Reus), instantes después de ser investido alcalde. FOTO: Alfredo González

Tras unos días con la angustia de verse con la soga al cuello y la cuerda en manos de otros, Carles Pellicer alcanzó ayer su particular edén. Fue reelegido alcalde sin haber tenido que ceder un ápice en las negociaciones, verá cumplida su voluntad de reeditar el pacto con ERC y Ara Reus, dispone de una sólida mayoría absoluta gracias a los 15 concejales que suma el tripartito y afronta su tercer mandato con una comodidad inédita.

El tono plácido y conciliador de su primera intervención reflejó el nirvana en el que se hallaba sumido el alcalde, sólo alterado por la brizna de emoción que asomó en las últimas palabras del discurso, dedicadas a su esposa.

Y mientras Pellicer cataba el paraíso político tras ver de cerca las puertas del infierno, la vicealcaldesa Noemí Llauradó era sometida al purgatorio.

«Vicealcaldesa», una palabra que se convirtió en un dardo venenoso en boca de la portavoz de la CUP, Marta Llorens, cuando la utilizó para dedicar un irónico saludo a la líder republicana. La vendetta cupaire por el renuncio de ERC a encabezar una alternativa de izquierdas tuvo un segundo y ácido capítulo cuando sus tres concejales votaron a Llauradó como alcaldesa.

Los escarnios que la CUP dedicó a Noemí llauradó quedaron en anécdotas tras la durísima intervención del socialista Andreu martín

Semejantes escarnios se tornaron en anécdotas cuando en el salón de plenos retumbó la durísima intervención del portavoz socialista Andreu Martín. «Tenemos un alcalde elegido desde Barcelona por la sumisión, el servilismo y la subsidariedad de ERC», según el relato del candidato del PSC.

«Usted no ha querido ser alcaldesa. Dudo que tengan y merezcan una segunda oportunidad», fue el epitafio con el que cerró un varapalo que nos descubrió a un nuevo Andreu Martín y con el que se autoinvistió como líder de la oposición.

En un gesto de mayúscula cortesía parlamentaría, Llauradó y algunos de sus compañeros de partido aplaudieron las palabras de Martín. Un nivel de fair play del que sería difícil encontrar precedentes.

Llegados hasta aquí, la intervención de Noemí Llauradó fue la más esperada del día. Y dio su versión de los hechos, brevemente, eso sí. Tras reconocer que le tocaba asumir un papel distinto al deseado, argumentó que no podía convertirse en alcaldesa a cualquier precio y que habían optado por un gobierno en clave nacional, ante la división interna que generaba el pacto de izquierdas.

Por lo demás, el pleno dejó un puñado de momentos estelares. Uno, que además queda para los cuatro años de legislatura, es ver a la CUP y Ciudadanos compartiendo bancada. No parece que allí vaya a reinar un ambiente de buena vecindad. Así pareció intuirlo Dolors Vázquez (Ara Reus) cuando a media sesión abandonó el lugar que le asignaron en esa tormentosa fila para bajar a sentarse junto a Dani Rubio.

Así las cosas, la mejor y más interesante crónica del pleno de ayer está todavía por escribirse, y quizá lleve tiempo poder hacerlo. Será la intrahistoria del fallido acuerdo entre ERC, PSC y CUP para desbancar de la alcaldía a Carles Pellicer. Para los republicanos el episodio ha resultado un fiasco en el fondo, porque no han conseguido la alcaldía –que era el objetivo repetidamente proclamado– y han malbaratado buena parte de la fuerza negociadora que les otorgó su gran resultado electoral. Y tanto o más en la forma, tras la rueda de prensa en que remitían el futuro del gobierno  municipal de Reus a la decisión de la cúpula de su partido en Barcelona, a la vez que dejaban en boca del PSC el anuncio del desenlace de la mayor disyuntiva política que ha vivido la ciudad en los últimos tiempos.

Un capítulo que probablemente quedará para la leyenda negra de la larga y fecunda historia de la agrupación reusense de ERC. Es difícil que ni los más veteranos del partido ni sus más jóvenes continuadores hubieran imaginado alguna vez que Tarragona tendría una alcaldía republicana antes que Reus.

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