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El santuario del verdadero tapeo

El bar Sanrual ha transportado el arte del tapeo que se estila en Andalucía hasta el mismo barrio Mas Abelló de Reus

Joan Morales

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Rubén, sirviendo tapas entre las mesas del bar Sanrual. Foto: Alfredo González

Rubén, sirviendo tapas entre las mesas del bar Sanrual. Foto: Alfredo González

Pasan pocos minutos de la una del mediodía, esa hora en la que nuestro estómago nos recuerda a diario que toca darle un capricho. Un aroma a morcilla a la plancha nos da la b ienvenida y nos invita a imaginar que los pequeños placeres de la vida, en muchas ocasiones, se arremolinan alrededor de la barra de un bar.

El ambiente está tranquilo.Poco más de diez personas, distribuidas de manera desigual entre dos mesas y la barra, no prestan atención al debate que la periodista Inés Ballester modera en La Mañana de la 1, en un televisor que cumple con su función: hacer compañía sin que nadie le haga caso. En una de las dos mesas un hombre mayor ojea un diario deportivo y, mientras se detiene en el culebrón del posible interés del PSG por Neymar, le hinca el diente a una tapa de jamón que acompaña la caña de cerveza que se está bebiendo. A su lado, sus vecinos hacen lo propio con sus respectivas consumiciones y una tapa de gambas.

En la barra hay algo más de bullicio, sobre todo porque Rubén se encarga de recordar a algunos de sus clientes la lista de tapas a elegir con las cervezas que se están bebiendo. «Aquí regalamos las tapas con la bebida. Como en Andalucía, tapas de verdad. Por 1,60 euros te puedes beber una cerveza y comerte desde un plato de jamón, hasta uno de gambas, a un pincho, morcilla, panceta...». Puede parecerlo, pero no estamos en ningún bar de Granada o Almería. Estamos en Reus, en pleno barrio Mas Abelló.

La historia del bar Sanrual se remonta al año 2009. «Mi padre, que llevaba toda su vida trabajando en el sector de la hostelería, decidió abrir este bar. Y aquí estamos, ocho años después intentando hacer feliz a la gente», explica Rubén mientras tira una caña de cerveza. Viendo el ir y venir de clientes y sus caras es fácil deducir que han conseguido el objetivo.

Reus, especialmente en el centro, vive desde hace unos años un particular idilio con la cultura del tapeo. Las rutas de tapas se han puesto de moda y los reusenses parecen haber descubierto el Santo Grial, llenando las terrazas de los bares. Pero el Sanrual es otra historia y ha conseguido transportar -a más de 800 kilómetros- el verdadero arte del tapeo que se estila en algunos puntos de Andalucía.

Las raíces de este bar hay que buscarlas en Guadahortuna, un pequeño pueblo de unos 2.000 habitantes  ubicado en la comarca granadina de Los Montes. Desde allí «mi padre se vino a vivir a Reus cuando tenía 17 años, pero nunca ha perdido el contacto con su pueblo, con sus raíces», algo que es muy fácil de comprobar respirando el ambiente que se vive en el Sanrual.

Ambiente familiar

Los clientes se mueven por el bar con la seguridad de hacerlo por un sitio en el que se sienten cómodos. Es fácil adivinar que la mayoría de ellos son conocidos de la casa, hasta el punto de que «te ríes con ellos, haces bromas e incluso te explicas un poco tu vida», comenta Rubén, quien define el ambiente que se vive en su negocio como «familiar».

Los que pisan por primera vez este santuario del tapeo se quedan de piedra cuando Rubén se presenta ante ellos con un plato de comida. «Perdón, pero no hemos pedido nada de comer...». Entonces es cuando Rubén les obsequia con una sonrisa y puntualiza: «Es un obsequio de la casa». En verano, un jamón de ocho kilos puede llegar a durar un día. «Siempre pongo jamón de primera tapa, aunque el cliente puede elegir», comenta Rubén, quien insiste en que el hecho de regalar la tapa no es sinónimo de baja calidad en el producto. «Aquí no damos queso de plástico, sino del bueno», reivindica, sin olvidar la morcilla y el chorizo que cada dos por tres su padre encarga de Noalejo, un pueblo de la provincia de Jaén.

Rubén y su familia tienen muy claro que regalando tapas no se van a hacer ricos, pero les da igual. Se conforman con ver cómo sus clientes repiten y repiten. 
Así es el Sanrual, un bar donde la gente busca encontrar la felicidad en algo tan sencillo como puede ser una caña de cerveza acompañada de un plato de chorizo a la plancha o de gambas.  

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