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El sur de Catalunya toma la delantera

La desescalada no podrá formar parte del memorial de agravios y del discurso del ninguneo. Si todo sale bien, claro está

Josep Cruset

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Josep Cruset

Josep Cruset

Los cien kilómetros y más que separan Barcelona del Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre dan para muchos tópicos, que se nutren en proporciones variables de realidades y visiones interesadas. El más comúnmente aceptado es la ignorancia y el olvido que desde la capital se proyecta hacia el sur de Catalunya, excepto a la hora de endosarnos industrias peligrosas, residuos y planes hidrológicos. Se pueden recordar numerosos episodios que avalan este sentimiento, del mismo modo que los datos socioeconómicos del territorio contradicen cualquier teoría de la marginación.

El escaso peso político de las comarcas de Tarragona es otro lugar común, aunque en este caso es más difícil encontrar argumentos que lo refuten. A la hora de buscar culpables resulta hipócrita mirar hacia Barcelona, porque las principal responsabilidad es interna. Desde hace décadas el sur ha echado en falta liderazgos políticos y económicos que gocen del respeto y la influencia necesarias, déficit agravado por rivalidades seculares y batallas intestinas que han hecho muy difícil articular una voz común y una unidad de acción a la hora de defender intereses estratégicos. Las infraestructuras son el ejemplo paradigmático.

Y pese a todo, las potencialidades se imponen tozudamente a las carencias. Tanto es así que el territorio alberga la segunda área metropolitana de Catalunya por población y riqueza, gracias al dinamismo de las ciudades que la conforman.

Este viejo discurso se topa hoy con una realidad nueva e inesperada, inimaginable hace tan sólo dos meses. El Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre, junto al Alt Pirineu- Aran, son las únicas regiones catalanas que pasan a la fase 1 del plan de desescalada de la emergencia sanitaria del coronavirus.

La pandemia del Covid-19 deja un país que afrontará la nueva normalidad a dos velocidades. 800.000 tarraconenses y ebrenses, más 75.000 leridanos del norte, por un lado, y los restantes 6,7 millones de habitantes de Catalunya, por el otro. El 11% de los catalanes avanzaremos mañana en la desescalada, mientras que el 89% restante tendrá que esperar para acceder a mejores condiciones de desconfinamiento.

Las dos primeras grandes ciudades catalanas que experimentarán la fase 1 serán Tarragona y Reus, el primer tanteo de reapertura del sector turístico se iniciará en Salou, Cambrils y Vila-seca... Un episodio, en fin, que no podrá formar parte del memorial de agravios de ni del discurso del ninguneo, siempre y cuando los avances se consoliden y no deriven en un rebrote del virus, claro está.

La gran ventaja es que conseguir que esto marche bien y sigamos en la vanguardia del progreso hacia la nueva normalidad depende de nosotros mismos, de todos y cada uno de los 800.000 vecinos de esta comunidad, tan diversa como históricamente poco cohesionada.

Cabe suponer que la incidencia menor del Covid-19 en nuestras comarcas se debe, sobre todo, a las circunstancias aleatorias que determinan el curso de toda epidemia. Y cabe suponer también que algo se ha habrá bien en el despliegue de la atención hospitalaria y primaria cuando, pese a la precariedad y los recortes, el esfuerzo titánico de los profesionales que atienden estos equipamientos nos ha permitido tomar, por una vez, la delantera.

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