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El testamento vital, el servicio más solicitado de la Comissió Bioètica

Hace 10 años que el Hospital Sant Joan dispone de una consulta en la Comissió Bioètica que ayuda a las personas a solucionar conflictos que surgen en el último tramo de la vida
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La Comissió de Bioètica está formada por 15 miembros entre médicos, enfermeras, abogados, etc. Foto:. A. Mariné

La Comissió de Bioètica está formada por 15 miembros entre médicos, enfermeras, abogados, etc. Foto:. A. Mariné

En una cultura donde hablar de la muerte asusta, la función que desarrolla la Comissió de Biòetica del Hospital Sant Joan de Reus se hace más imprescindible que nunca. Funciona desde los años 90 de la mano de un grupo de profesionales que tiene una voluntad de servicio con el objetivo de ayudar a las personas cuando se les plantea cualquier tipo de conflicto ético en su vida. La mayoría de ellos surgen en el momento de afrontar la propia muerte o la de un familiar.

Formada por 15 miembros, entre médicos, enfermeras, abogados, un representante de la sociedad civil, encarnado en el ex Síndic de Greuges reusense, y un portavoz de la Iglesia, esta comisión se reúne cada mes y medio para responder a las demandas de los profesionales y de los enfermos o familiares con relación a conflictos como la limitación del esfuerzo terapéutico, la negación de las transfusiones de sangre en los testigos de Jehová o el tratamiento del ébola en urgencias.

 

Una consulta ética

No obstante, desde hace 10 años, nació la consulta con la que estos profesionales pueden ofrecer sus servicios un día por semana. Entre ellos destaca el testamento vital, el más solicitado. La Comissió Bioètica informa sobre este documento y la persona sale con el testamento tramitado. Sólo hay que pedir hora en el Hospital Sant Joan. «Se trata de una declaración de la persona que, con las ideas claras, deja por escrito el cuidado de los últimos días de su vida cuando él mismo no sea capaz de manifestar su opinión», cuenta la presidenta de la Comissió Bioètica del Hospital Sant Joan, la oncóloga Anna Maria Lafuerza.

La mayoría de personas que tramita este servicio son mujeres, «supongo porque son más previsoras» reflexiona la oncóloga, y de edades muy diversas desde 50 y 60 años a gente joven de 30 y 40. En muchas ocasiones se toma la determinación porque se ha vivido una situación drástica en la familia. «El caso más frecuente es una persona que ha tenido un abuelo, un tío o un hermano que ha sufrido un accidente vascular cerebral se ha quedado en coma, le han puesto un sonda nasogástrica y nadie se atreve a quitársela ni los médicos ni los familiares». En una situación como esta, que angustia mucho a los familiares, el testamento vital desatasca el conflicto.

La Comissió Bioètica también se ocupa de conflictos de confidencialidad y de informar sobre la donación de órganos y del cuerpo a la ciencia. Incluso, cuando algunas personas piden la eutanasia en un su testamento. «Explicamos que la eutanasia activa no está aceptada por ley pero que hoy en día tampoco se necesita porque la sedación terminal, a pesar que no está aprobada legalmente, se lleva a cabo». Otra de las circunstancias en las que actúa es en la confrontación de dos equipos terapéuticos que no se ponen de acuerdo con un enfermo. «La comisión ha tenido que actuar en casos de gente joven en la UCI con médicos con opiniones divergentes y la familia por el medio. Lo que hacemos es intentar llegar a un consenso».

La consulta atiende alrededor de tres personas cada semana, una docena al mes, que buscan soluciones a realidades donde el matiz es lo importante.

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