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El turismo se queda en Cambrils

El Aeropuerto de Reus respira total normalidad. Son días marcados por la actividad frenética tan característica del mes de agosto, aunque con más presencia policial. Los viajeros siguen apostando por la Costa Daurada

Mònica Just

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Grupos de turistas, a su llegada al Aeropuerto de Reus, donde se ha incrementado la vigilancia policial. Foto: Alba Mariné

Grupos de turistas, a su llegada al Aeropuerto de Reus, donde se ha incrementado la vigilancia policial. Foto: Alba Mariné

Es domingo al mediodía. Hora punta y en pleno agosto. Autobuses y taxis aguardan a sus pasajeros frente a la terminal de llegadas del Aeropuerto de Reus. Como un día normal. Conductores y turistas no pueden evitar comentar lo ocurrido en los últimos días. Pero también coinciden en que hay que pasar página. La palabra normalidad está en boca de todos. A su lado, agentes de los Mossos d’Esquadra armados custodian la terminal. Con lo que ocurrió hace apenas tres días, que haya más policía en el aeropuerto también entra dentro de esta normalidad. Hay que dejar que el tiempo pase. Pero la gente lo tiene claro: los terroristas no conseguirán que cambien de planes. No permitirán que dirijan su vida.

Aterriza un vuelo procedente de Irlanda. Llega una familia tarraconense que termina sus vacaciones. Regresa a casa. Los demás, turistas. Y más turistas. Empieza a salir de la terminal la marabunta de viajeros cargando sus enormes maletas. Se acerca un matrimonio, con su hija, que debe tenir unos seis o siete años. Se detienen un momento para ubicarse. Ver hacia dónde deben dirigirse para hallar el transporte que les llevará a su destino. Son irlandeses. Y se van de vacaciones a Cambrils. «Sabemos lo que ha pasado pero hemos decidido venir igualmente. No cambiamos de planes. Ya hemos estado allí dos veces y nos gusta mucho», señalan. Les atrae la villa marinera, su tranquilidad y sus playas. También su gastronomía. Y su gente. No quieren que el miedo les gane. De hecho, no tienen miedo. Están más que dispuestos a disfrutar de sus vacaciones. Y seguros de que así lo harán.

Los viajeros no cambian sus planes. No quieren que el miedo les gane. De hecho, no tienen miedo

Como ellos, Andreas y su esposa acaban de llegar. En su caso, de Alemania. Se sientan en un banco, en la sombra, con su equipaje al lado. Miran al infinito. Están muy serios. No hablan mucho y parece que esperan algo. O alguien. Quizás un taxi. O la hora de salida de su autobús. O simplemente descansan unos minutos antes de retomar su ruta. Su destino también es Cambrils. Un municipio que conocen muy bien y por el que tienen especial predilección. Incluso debilidad, diría yo. «Hemos estado allí como unas veinte veces», explica este turista alemán. No están dispuestos a cambiar sus planes. Son sus vacaciones y quieren pasarlas en Cambrils. Una apuesta que para ellos es más que segura. Otros años viajaban con toda la familia. En esta ocasión, son solo marido y mujer. Pero lo tienen claro. Hay que hacer vida normal. Y en esta normalidad están también sus vacaciones, que han mantenido inalterables esperando encontrarse con su querido Cambrils.

Jerónimo, conductor de la furgoneta de una empresa de transporte de pasajeros, aguarda a los viajeros que debe trasladar. Habla de un verano récord. Mejor que el del año pasado. Y de un agosto que había arrancado con mucho movimiento. De repente, el terror golpeó Barcelona y Cambrils. Un punto de inflexión que Jerónimo espera que no afecte al sector. Pero mira el ambiente que se respira en el aeropuerto y se muestra convencido de que todo irá bien. Otra vez aparece la palabra normalidad. Es lo que desean todos. Y entre vuelo y vuelo también se deja ver la normalidad frenética tan típica de un domingo de agosto. «Salou, La Pineda o Cambrils. Estos son los destinos donde más van los turistas que llegan al Aeropuerto», dice Jerónimo.

La villa marinera dice a los turistas: seguimos aquí. Y os recibimos con los brazos abiertos

Grupos de amigos y familias se dirigen a Salou. Sigue siendo el destino estrella de la Costa Daurada. Una familia irlandesa corre buscando su autobús. Es su primera vez en la zona. Igual que un grupo de amigos llegado de Newcastle, con ganas de desconectar. Algún turista se va más lejos. A Sant Feliu de Guíxols. A la Costa Brava. Los perfiles se mezclan y conviven en el aeródromo, cada cual en busca de su destino. 

Santos vive en La Pobla de Montornès junto a su esposa, que es inglesa. Ayer llegaron al Aeropuerto, en medio de la presencia de agentes, armados. Pero es lo que toca. Con ellos, su nieto Michael y su pareja, que vienen a pasar unos días. También hay quien se va. Cristina Irún y su hija llevaban unos días en Catalunya, visitando a su familia. Terminan las vacaciones y se vuelven a Utrecht. El movimiento habitual propio de un día cualquiera de agosto.

Lo que está claro es que la Costa Daurada recibe con los brazos abiertos a sus turistas. Pese al terror que acechó Cambrils hace apenas unos días. «No tenim por» es el lema. Un lema que Cambrils ha hecho suyo tras la durísima madrugada del viernes. Su gente ha seguido al pie del cañón. Los negocios se han mantenido abiertos. Y la villa marinera dice a los turistas: seguimos aquí. Y os recibimos con los brazos abiertos.

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