Entidades, profesionales y vecinos de Reus reclaman una sala de consumo de drogas supervisado

Creen que el espacio evitaría problemas de salud pública y se reduciría la presencia de jeringuillas en las calles. Sería un servicio pionero en toda la demarcación de Tarragona

Carmina Marsiñach/ Cristina Valls

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Miembros de ARSU y La Illeta reunidos este jueves. FOTO: Fabián Acidres

Miembros de ARSU y La Illeta reunidos este jueves. FOTO: Fabián Acidres

Vecinos, entidades y profesionales de la salud reclaman que se abra una sala de consumo de drogas supervisado en Reus, un espacio conocido también como sala de venopunción. Se trata de una reivindicación de hace muchos años. No hay ningún servicio similar en la demarcación de Tarragona. En cambio sí que se pueden encontrar en Barcelona o Lleida. 

Desde ARSU, la Asociación Reus Som Útils de Reus, entidad que se dedica desde hace más de veinte años a luchar por los derechos de las personas consumidoras de drogas en la ciudad, consideran que con este espacio se evitarían  problemas de salud pública: «Habría menos enfermedades, se evitaría que los consumidores tiraran las jeringuillas en la calle y la sala estaría supervisada por profesionales sanitarios para evitar sobredosis», explica Quim Gómez, presidente de ARSU y que considera que «la prevención es la mejor solución». 

ARSU trabaja conjuntamente con los consumidores con el objetivo de incidir en la prevención para que las personas pongan en riesgo mínimo su salud y que su consumo sea, en todo caso, «responsable». Gómez considera que las actuales políticas prohibicionistas de drogas «no funcionan». 

En el Hospital Universitari Sant Joan de Reus hay un box de enfermería donde se pueden inyectar las personas que lo soliciten pero se trata de un espacio individual. Desde ARSU, creen que este equipamiento no es suficiente y consideran una «buena opción» un espacio a cielo abierto, más grande y con diferentes salas, que estuviera conectado con La Illeta, el Centre d’Activitats i d’Acollida, que tiene como objetivo mejorar la salud física, psíquica y social de las personas, así como la disminución de daños y riesgos relacionados con el uso de sustancias.

Recogida de jeringuillas

ARSU realiza de forma semanal una recogida de jeringuillas por la capital del Baix Camp. Los grupos de voluntarios de la entidad recogen alrededor de 300 cada semana. Una cifra que, según Gómez, es similar a la de los últimos años. En el barrio de Sant Josep Obrer es donde se encuentran más jeringuillas, por las vías del tren, cerca del Hospital Universitari Sant Joan o alrededor de la riera. 

Grupos de voluntarios recogen jeringuillas por la ciudad. FOTO: Fabián Acidres

La entidad también se encarga del programa de diversificación e intercambio de jeringuillas. Ahora, el Ayuntamiento ha sacado a licitación el nuevo servicio de actuaciones de prevención en el ámbito de las drogas y ARSU tiene previsto volver a presentarse. El servicio incluye la elaboración de los kits de dispensación con material de inyección, y el mantenimiento y limpieza de las máquinas ubicadas en las zonas donde se ha detectado el consumo en la calle. Asimismo, supervisar la evolución y el número de participantes en el intercambio de jeringas que los usuarios pueden hacer también en las farmacias de Reus. 

Actuaciones preventivas

El servicio también contempla actuaciones preventivas de ocio saludable. En este sentido, Gómez explica que aún falta realizar más conferencias y charlas para romper con los estigmas hacia las personas que consumen drogas: «Se sienten rechazados, la gente les trata diferente». 

La doctora Tre Borràs, directora del Servei d’Addiccions i Salut Mental del Hospital Universitari Sant Joan, es partidaria de visibilizar, conocer y hablar de las drogas porque las «sustancias están en nuestros entornos y con la prevención podemos relacionarnos con ellas con los mínimos riesgos posibles». 

Borràs explica que hace años que el tema de la sala de consumo supervisado está sobre la mesa, y desde el año 1998 que presentan proyectos al consistorio. La doctora expone que la sala que hay en el Hospital tiene unos horarios demasiado restringidos y apunta que el lugar quizás no sea el más adecuado por la superposición de contextos y situaciones que se dan desde el Servei d’Addicions del Hospital. 
La doctora recuerda que aparte del box hospitalario también hay una unidad móvil de la Creu Roja donde se puede realizar consumo supervisado, pero el horario también es limitado y hace ruta por diferentes poblaciones. «Pensamos que necesitaríamos una sala externa con funcionamiento continuado». 

El Servei d’Addicions del Hospital atiende a unas 1.878 personas el año 2019. La mayoría de ellos, 571, por usos problemáticos con el alcohol. Por otra parte, la doctora Borràs expone que en La Illeta durante el confinamiento notaron un incremento de personas que viven en la calle con dificultades importantes y que necesitaron un apoyo psicológico más intenso durante el estado de alarma.

Quejas por la seguridad 

La vecindad del barrio de Sant Josep Obrer de Reus se suma también a una reivindicación que ellos consideran «histórica». «Cada mes denunciamos la presencia de jeringuillas para que vengan a retirarlas porque son peligrosas para toda persona que pase por solares o zonas determinadas del polígono del Tecnoparc. La gente del barrio, como ya conoce la problemática, ni se acerca por allí», expresa el presidente de la asociación de vecinos 1º de Mayo, Eduardo Navas. A pesar de la realización de encuentros con las concejalías correspondientes del Ayuntamiento, a lo largo de los años, «no se ha hallado ninguna solución ni creado una sala en la que estas personas puedan entregar la jeringuilla, evitando así que las tiren al suelo, y un lugar donde puedan asearse también», expresa Navas. Por su parte, el Diari ha intentado ponerse en contacto con el consistorio, pero sin éxito.

Eduardo Navas recuerda el caso sucedido a un hombre a principios de julio, que se pinchó con una jeringuilla en la zona del Tecnoparc mientras paseaba a su mascota. «Estamos sufriendo esta situación desde hace ya mucho tiempo. Creemos que hay muchas vías de solución. Sería tan fácil como poner un contenedor para las jeringuillas. No supone un gran gasto y los beneficios pueden ser muy grandes, especialmente desde el punto de vista de la salud pública», manifiesta. 
 

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