«Es momento de aliarse con otras entidades de Reus»

Intercultural. La asociación Calmécac tuvo que abandonar su sede física en el arrabal Santa Anna por la llegada de la pandemia

Cristina Valls

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Irina Ravelo (la quinta empezando por la izquierda), junto a las personas con las que monta el acto intercultural. FOTO: Alfredo González

Irina Ravelo (la quinta empezando por la izquierda), junto a las personas con las que monta el acto intercultural. FOTO: Alfredo González

Las consecuencias de la pandemia han afectado a muchos sectores en el campo económico. Muchos organismos locales de la ciudad, en consecuencia, han tenido que aplicar una serie de reajustes para amoldarse. El tejido asociativo es uno de los colectivos que ha salido también perjudicado. El objetivo ahora es sobrevivir y mantener la actividad sea como sea. Es el caso de la asociación Calmécac, una entidad que trabaja la interculturalidad a través de tres pilares: la educación, la integración y la igualdad. 

Dicha agrupación, originariamente con sede física en el arrabal Santa Anna, tuvo que abandonarla a raíz del coronavirus. En Calmécac, hasta el momento, guiaban a todo individuo o colectivo ofreciendo servicios formativos no reglados. En el campo educativo,  realizaban clases de repaso a estudiantes de primaria y secundaria y profundizaban en matemáticas y comprensión lectora, entre otros ítems. Las mujeres también tienen cabida en la entidad donde a través de sesiones grupales se trabajaba la autoestima e integración.

«La pandemia nos ha cogido a todos por sorpresa. Tuvimos que cerrar de golpe, porque no podíamos sufragar los gastos de las actividades y algunas familias apuntadas no pudieron seguir al frente. Mantenemos algunas iniciativas semanales, nos gustaría tener una sede el día de mañana, aunque por lo pronto, todo está cerrado. A ver cómo evolucionan los acontecimientos», explica la representante de Calmécac, Irina Ravelo.

De momento, las primeras clases que han activado han sido de forma telemática. «Antes también dábamos inglés, se trataban temas singulares –como estereotipos y equidad de género–, pero también lo tuvimos que cancelar», destaca. Para Calmécac, el traslado ha supuesto un reto. «Hay que estar activos y en contacto, es momento de aliarse con otras entidades», manifiesta. Una de las ideas principales de Ravelo es poder «establecer alianzas». De hecho, colabora con muchas entidades de otros países, especialmente sudamericanas afincadas en el territorio. «Es más importante que nunca generar una red de apoyo entre migrantes», expresa. 

Durante el confinamiento, su ritmo de trabajo no cesó y, junto a un círculo de mujeres en el que interviene, están organizando un acto intercultural para septiembre, siempre y cuando todo vaya según lo previsto. «Este grupo está abierto a todo el mundo, nos damos un gran apoyo emocional. Y este es el medio en el que surgió la propuesta. Queremos promover la interculturalidad con un acto en el que haya estands con objetos folklóricos, aunque queremos ir más allá. Incluir (en la medida de lo posible) actuaciones musicales, de poesía e iniciativas que nos hagan reflexionar sobre las culturas ‘atravesadas’ para tomar conciencia de ello», expresa Ravelo. 

Para promocionar el evento, han elaborado un colorido cartel en el que incluyen elementos tan conocidos como la vainilla, el café o el chocolate, componentes que han trascendido y con los que se ha producido «una apropiación cultural», apunta Ravelo. «Queremos compartir culturas con una visión realista, con claroscuros, y aún más importante: conocer el origen de las cosas», concluye. 

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