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Estudiantes de Arquitectura de Reus critican la 'privatización' del espacio público

El grupo ´Intrusisme urbà´ dice que las áreas se definen cada vez más en función del beneficio económico
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A través de la iniciativa ´La saleta itinerant´ los estudiantes conocen las preocupaciones de la ciudadanía sobre el uso del espacio público en la ciudad.  Foto: Alba Mariné

A través de la iniciativa ´La saleta itinerant´ los estudiantes conocen las preocupaciones de la ciudadanía sobre el uso del espacio público en la ciudad. Foto: Alba Mariné

 

Intrusisme urbà. Así ha decidido llamar un grupo de alumnos de la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de la URV en Reus el proyecto que lidera desde el año pasado y a través del cual plantean sus preocupaciones por la vida vinculada al espacio público, tratando de crear una conciencia crítica en la sociedad sobre su uso. Alberto Espinosa, Conrad Miralles, Clara Lobo, Judith Cort e Igor Muñoz son los cinco jóvenes estudiantes que lideran la iniciativa. «Aunque los estudios siempre intentan simular la realidad, nunca terminan siendo una proyección real. Con esta inquietud decidimos impulsar esta iniciativa, para estar más en contacto con la gente», explica Conrad. El resultado ha sido una asignatura de libre elección.
Uno de los primeros proyectos que hicieron fue analizar el espacio público de la ciudad, en cada uno de los barrios de la capital del Baix Camp. «Dividimos Reus por zonas y cada uno tenía que fijarse en los solares vacíos, el espacio público gestionado por el Ayuntamiento, espacios vacíos y espacios ambiguos, es decir que pueden tener más de un uso», explica Clara.
A raíz de esta radiografía extrajeron la siguiente conclusión sobre el modelo urbanístico de la ciudad en lo que se refiere a estos aspectos: «El Ayuntamiento debería replantearse el uso del espacio público teniendo en cuenta las necesidades reales de la ciudadanía, porque en muchas ocasiones se tiene la convicción de que es mejor crear nuevos espacios que no repensar el uso de los que ya existen», asegura Clara, quien añade que «esta actitud común no tiene en cuenta el mantenimiento que supondrá a largo plazo».
En este sentido, consideran que cada vez más se está «privatizando el espacio público». «Un ejemplo claro es que si te fijas en la plaza Mercadal o en la plaza del Castell y todo son terrazas, los espacios se están comercializando», asegura Judith, a lo que Igor añade que «habría que regular el espacio en base al beneficio social y no en función del beneficio económico, que conlleva un restricción de este espacio».
Obsesión por el centro
Otra de las críticas del grupo de trabajo Intrusisme Urbà radica en la que consideran ‘obsesión’ por concentrar la vida social en el centro de la capital del Baix Camp, en detrimento de los barrios. Al respecto, este grupo de jóvenes considera que «de los arrabales hacia dentro hay una obsesión por tenerlo todo como un escaparate y el extrarradio sirve de trastero del centro porque los solares en lugar de ser una plaza se convierten en parkings». 
Al respecto, el grupo de estudiantes también se muestra contrario a la jerarquización de las plazas y las calles de la ciudad. «Nos encontramos con espacios  que tienen un uso definido y restringido, cuando la calle y las zonas públicas deben estar abiertos a diferentes utilidades», asegura Conrad. «El ejemplo más evidente son los patios de los colegios. Si bien en horario escolar sirven como espacio de recreo, por las tardes se podrían abrir para que los niños pudiesen disfrutar del mismo modo de estos espacios», explica Clara. 
El colectivo Intrusisme Urbà también pone a prueba a los ciudadanos de Reus. Una de las iniciativas que llevó a cabo, según explica Alberto «fue bajar las sillas de nuestras casas y dejarlas en una de las paradas de autobús de la plaza de les Oques». «Las personas mayores agradecieron muchísimo el gesto, aunque especulaban sobre si la iniciativa era pagando, quien estaba detrás, etc.». 
Regenerar los barrios
Otra de las preocupaciones son los barrios de la ciudad. Sobre su situación, y a título de ejemplo, los estudiantes señalan las características del barrio del Carme. «En esta zona hay muchos solares en desuso, que son de propiedad privada y están cerrados. A largo plazo la mayoría se convierten en parkings municipales», describe Cornad, mientras que Alberto reivindica que «el barrio está muy cerca de la plaza Prim, hay muchos solares que se pueden reutilizar en el ámbito comercial, ya que se está construyendo un centro comercial en la avenida Sant Jordi, cuando esta actividad se podría repartir en los barrios para impulsar su regeneración».
El presidente de la Associació de Veïns l’Harmonia del Carme, Pere Corrales, valora positivamente las iniciativas que como el colectivo Intrusisme Urbà «realicen críticas constructivas para mejorar la ciudad, pero habría que evaluar la posibilidad de hacer reales estas ideas». Al respecto, el colectivo remarca que «lo que queremos es que Reus sea más habitable y para ello hay que escuchar a la gente».

Intrusisme urbà. Así ha decidido llamar un grupo de alumnos de la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de la URV en Reus el proyecto que lidera desde el año pasado y a través del cual plantean sus preocupaciones por la vida vinculada al espacio público, tratando de crear una conciencia crítica en la sociedad sobre su uso. Alberto Espinosa, Conrad Miralles, Clara Lobo, Judith Cort e Igor Muñoz son los cinco jóvenes estudiantes que lideran la iniciativa. «Aunque los estudios siempre intentan simular la realidad, nunca terminan siendo una proyección real. Con esta inquietud decidimos impulsar esta iniciativa, para estar más en contacto con la gente», explica Conrad. El resultado ha sido una asignatura de libre elección.

Uno de los primeros proyectos que hicieron fue analizar el espacio público de la ciudad, en cada uno de los barrios de la capital del Baix Camp. «Dividimos Reus por zonas y cada uno tenía que fijarse en los solares vacíos, el espacio público gestionado por el Ayuntamiento, espacios vacíos y espacios ambiguos, es decir que pueden tener más de un uso», explica Clara.

A raíz de esta radiografía extrajeron la siguiente conclusión sobre el modelo urbanístico de la ciudad en lo que se refiere a estos aspectos: «El Ayuntamiento debería replantearse el uso del espacio público teniendo en cuenta las necesidades reales de la ciudadanía, porque en muchas ocasiones se tiene la convicción de que es mejor crear nuevos espacios que no repensar el uso de los que ya existen», asegura Clara, quien añade que «esta actitud común no tiene en cuenta el mantenimiento que supondrá a largo plazo».

En este sentido, consideran que cada vez más se está «privatizando el espacio público». «Un ejemplo claro es que si te fijas en la plaza Mercadal o en la plaza del Castell y todo son terrazas, los espacios se están comercializando», asegura Judith, a lo que Igor añade que «habría que regular el espacio en base al beneficio social y no en función del beneficio económico, que conlleva un restricción de este espacio».

 

Obsesión por el centro

Otra de las críticas del grupo de trabajo Intrusisme Urbà radica en la que consideran ‘obsesión’ por concentrar la vida social en el centro de la capital del Baix Camp, en detrimento de los barrios. Al respecto, este grupo de jóvenes considera que «de los arrabales hacia dentro hay una obsesión por tenerlo todo como un escaparate y el extrarradio sirve de trastero del centro porque los solares en lugar de ser una plaza se convierten en parkings».

Al respecto, el grupo de estudiantes también se muestra contrario a la jerarquización de las plazas y las calles de la ciudad. «Nos encontramos con espacios que tienen un uso definido y restringido, cuando la calle y las zonas públicas deben estar abiertos a diferentes utilidades», asegura Conrad. «El ejemplo más evidente son los patios de los colegios. Si bien en horario escolar sirven como espacio de recreo, por las tardes se podrían abrir para que los niños pudiesen disfrutar del mismo modo de estos espacios», explica Clara.

El colectivo Intrusisme Urbà también pone a prueba a los ciudadanos de Reus. Una de las iniciativas que llevó a cabo, según explica Alberto «fue bajar las sillas de nuestras casas y dejarlas en una de las paradas de autobús de la plaza de les Oques». «Las personas mayores agradecieron muchísimo el gesto, aunque especulaban sobre si la iniciativa era pagando, quien estaba detrás, etc.».

Regenerar los barrios

Otra de las preocupaciones son los barrios de la ciudad. Sobre su situación, y a título de ejemplo, los estudiantes señalan las características del barrio del Carme. «En esta zona hay muchos solares en desuso, que son de propiedad privada y están cerrados. A largo plazo la mayoría se convierten en parkings municipales», describe Cornad, mientras que Alberto reivindica que «el barrio está muy cerca de la plaza Prim, hay muchos solares que se pueden reutilizar en el ámbito comercial, ya que se está construyendo un centro comercial en la avenida Sant Jordi, cuando esta actividad se podría repartir en los barrios para impulsar su regeneración».

El presidente de la Associació de Veïns l’Harmonia del Carme, Pere Corrales, valora positivamente las iniciativas que como el colectivo Intrusisme Urbà «realicen críticas constructivas para mejorar la ciudad, pero habría que evaluar la posibilidad de hacer reales estas ideas». Al respecto, el colectivo remarca que «lo que queremos es que Reus sea más habitable y para ello hay que escuchar a la gente».

 

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