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Estudiar en sesión golfa

Munta i Baixa. Ayuntamiento. La política municipal amplía sus horizontes: se debate sobre bibliotecas y hasta Cs y la CUP hallan puntos de coincidencia

JOSEP CRUSET

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Después del pacto tripartito para gobernar con mayoría absoluta el Ayuntamiento de Reus, después de aprobar nuevas ordenanzas fiscales y nuevos presupuestos tras años de prórrogas, después de acordar el traspaso del Hospital Sant Joan al CatSalut...

Despejados algunos de los principales escollos de la legislatura, todo apunta a que los plenos municipales se adentran en una nueva etapa, quizá más tediosa, pero con horizontes más amplios. El del pasado viernes fue una primera cata, especialmente cuando emergieron debates sobre dos de las convidadas de piedra habituales en el salón de plenos, al menos en los últimos tiempos: la cultura y la educación.

En un escenario político donde la batalla de las ideologías no da tregua, resultó interesante ver como dos formaciones tan antagónicas como Ciudadanos y la CUP coincidían en la necesidad de ampliar el horario de las bibliotecas municipales en épocas de exámenes. El partido naranja presentó una moción para abrir las bibliotecas hasta la 0:30 horas. Liberalizar los horarios y fomentar la productividad personal, en la terminología neoliberal de Cs.

Redistribuir y ampliar las oportunidades para formarse, en expresión de los anticapitalistas cupaires. Califíquese como se quiera, ambos grupos coincidieron en la necesidad de que las bibliotecas u otros equipamientos públicos amplíen horarios para atender las necesidades de los estudiantes. Y hasta sumaron al PSC a la causa.

¿Se deben utilizar las bibliotecas públicas como salas de estudio? Este es un dilema que no tiene solución fácil porque no hay una respuesta universal al respecto. El concejal de Cultura, Daniel Recasens, tiró del argumentario más académico para defender la negativa del equipo de gobierno a tal medida. Esto es, las sillas de las bibliotecas son para quienes van a consultar sus fondos y no deben quedar hipotecadas por los que se traen los libros o apuntes de casa. Lo que subyace son planteamientos distintos sobre cómo promover la cultura y la formación y el papel de los equipamientos públicos en su fomento.

Daniel Recasens apuntó otra cuestión clave en esta controversia y que pocos responsables políticos se atreven a explicitar: las afectaciones sobre la «conciliación familiar» de los empleados públicos –o lo que es lo mismo, las dificultades para mover a los funcionarios a horarios nocturnos–, además del aumento de costes que implica.

Lo que está claro es que hay demanda para estudiar en las bibliotecas. Quien se pase cualquier tarde por el Centre de Lectura podrá comprobarlo, y si lo hace en época de exámenes tendrá difícil sentarse. Y por cierto, en la Biblioteca Central Xavier Amorós existe una sala de estudios, cerrada como tal desde hace años.

Curiosamente, donde más se alteraron los ánimos fue en las mociones sobre educación de Cs y PSC a cuenta de la rebaja del ratio de alumnos por clase para luchar contra la segregación escolar. Durante la discusión, la portavoz de la CUP, Marta Llorens, afeó a la de Cs, Débora García, que sólo utilizase el castellano en sus intervenciones, lo que molestó sobremanera a la aludida, a la vez que le puso en bandeja la victoria dialéctica en el rifirrafe.

Por su parte, las consideraciones de Andreu Martín (PSC) pusieron de los nervios a Recasens y finalmente también al alcalde Pellicer, que terció en el interminable turno de réplicas con un argumento de peso: «Señor Martín, esto ya lo ha dicho tres veces».

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