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Experimentos entre bambalinas en Reus

Seis investigadores compiten con sus monólogos científicos ante una audiencia de casi 400 adolescentes 

Gloria Aznar

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Los concursantes, entre bastidores. ¿Nerviosos? sí, un poco, pero ilusionados con sus propuestas. Foto: alba mariné

Los concursantes, entre bastidores. ¿Nerviosos? sí, un poco, pero ilusionados con sus propuestas. Foto: alba mariné

El investigador Francisco Algaba fue ayer el flamante vencedor del quinto concurso de monólogos científicos Vols saber què investigo?, de Ciència al teatre, una actividad organizada por la Universitat Rovira i Virgili (URV) y el Campus Extens de Reus dentro de la Setmana de la Ciència. Por su parte, Marta Cañís consiguió el segundo premio además del galardón del público en un acto que fue presentado por Big Van, científics sobre rodes. 

Las entrañas del reusense Teatre Bartrina cambiaron ayer por la mañana a actores y directores por científicos e investigadores quienes, con arrojo y buen hacer, se metieron en el bolsillo a un público de casi 400 personas, mayoritariamente jóvenes de institutos y centros escolares de Reus pero también de Tarragona y Cambrils. El objetivo de la iniciativa no es otro que acercar la ciencia a las generaciones más jóvenes de una forma divertida al mismo tiempo que divulgar, explicar qué se llevan entre manos los científicos en los laboratorios y cómo revierte su trabajo en la sociedad.

Los monólogos versaron sobre temas tan dispares como la gamificación en la enseñanza de idiomas, el CO2, las herencias sin herederos, el origen del dolor lumbar y las células madre. Sin embargo, todos los participantes tenían en común su pasión por la investigación y por la divulgación, que consideran esencial. En este sentido, el físico Federico Dattila manifestó que «si las personas que aportan dinero quieren saber qué hacemos, tenemos que explicarlo». En la misma línea se pronunció Algaba, quien considera que «la divulgación es una obligación, es devolverle a la sociedad lo que te ha dado y te motiva a hacerlo porque la sociedad responde, a la sociedad le interesa lo que haces».

Ljubica Damevska fue la primera concursante de la mañana quien, con la ayuda de un bingo casero, implicó a todo el auditorio en su soliloquio sobre gamificación e idiomas bajo el título Game not over: la gamificación en la enseñanza de idiomas. Damevska investiga cómo se sienten los profesores de las Escuelas Oficiales de Idiomas (EOI) de Catalunya cuando utilizan la gamificación como un método nuevo por primera vez en sus clases. «Lo llevan muy bien», explica. 

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El Bartrina se llenó ayer por la mañana de estudiantes para asistir al concurso de ‘Ciència al teatre’. Foto: alba mariné

Paúl Dávila, por su parte, presentó CO2, una alternativa para las bombas de calor con la mira puesta en el cambio climático, una investigación que nos afecta a todos. Como el propio nombre indica, Dávila trabaja en una alternativa para evitar que en los procesos industriales se expulsen calores residuales, pero también a una menor escala. «Producimos CO2 inactivo y viable para poder reemplazar los sistemas de refrigeración tradicionales», detalla el investigador.

También el CO2 es el centro de interés de Federico Dattila, quien estudia la conversión de este gas en productos químicos. Dattila,  que subió al escenario con su monólogo Dióxido de carbono, ¿Por qué no me quieres?, comenta que «uno de los problemas de la humanidad es que tenemos muchísimo CO2 en la atmósfera, por lo que la idea de mi proyecto europeo es intentar utilizarlo usando energías renovables y electricidad para producir productos químicos, que a su vez crean energía, que vuelve a dejar CO2 en la atmósfera, pero que se puede reutilizar de nuevo para producir los mismos productos químicos. Es, en definitiva, un ciclo en el que se dejaría de producir CO2», manifiesta. 

No obstante, no todo fue ciencia ayer en el Bartrina. También la jurisdicción tuvo su protagonismo, de la mano de Thaïs Morata. En su monólogo L’herència sense hereu simuló un caso práctico sobre «cómo la figura del albacea puede gestionar una herencia y destinarla a una finalidad, como una fundación o una asociación y que sin heredero el testamento pueda ser válido», explicó esta estudiante. 

Por su parte, la doctora Marta Cañís, que se llevó el segundo premio y el del público, llegó con sus Ratolins a l’esquena para poner sobre la mesa cómo un tejido fibrograso puede aumentar de volumen y provocar dolor lumbar y de qué manera es posible detectarlo. «Es una patología que se nos ha pasado por alto y ahora la estamos recuperando». Por ello, en su caso, la divulgación es una herramienta más ya que, tal como cuenta, «estoy trabajando con una técnica que los demás compañeros médicos no conocen y se necesita mucha divulgación porque a veces cuesta mucho más cambiar cosas establecidas que ya damos por sentadas que innovar».

Y Francisco Algaba se erigió en el ganador de la mañana con un monólogo tan llamativo como ¡Niño! ¡No le lleves la contraria a tus madres! con el que explicó cómo al igual que una madre te cuida desde fuera, una célula madre puede cuidar de ti desde dentro. «En mi grupo de investigación estudiamos la diabetes y la obesidad y lo hacemos a nivel de las células madre del tejido adiposo, que es el tejido de la grasa», concretó. Algaba también es presidente de la Associació per a la Divulgació Científica al Camp de Tarragona.

 

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