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Extrabajador de Traiber: 'Nos decían que daba igual cómo quedaran las prótesis'

Un exmpleado denuncia prácticas irregulares. Seis meses antes de la alerta, el Hospital Santa Tecla, que no trabajaba con Traiber, detectó una pieza defectuosa
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Aspecto actual de la entrada, precintada tras las inspecciones del Departament de Salut, a las instalaciones de Traiber, ubicadas en el Polígon Mas de les Ànimes, en Reus.  Foto: Pere Ferré

Aspecto actual de la entrada, precintada tras las inspecciones del Departament de Salut, a las instalaciones de Traiber, ubicadas en el Polígon Mas de les Ànimes, en Reus. Foto: Pere Ferré

«Nada iba bien en esa empresa», confiesa al Diari un extrabajador de Traiber, la firma reusense puesta en el ojo del huracán por haber suministrado prótesis de cadera, rodilla y columna en estado defectuoso a 30 hospitales de Catalunya –con especial afectación en el Sant Joan de Reus–, además de a otros centros en diversos puntos de España. La reciente detención del administrador, Luis Márquez, en una macrooperación del caso Innova, ha puesto de nuevo el foco en la actividad de una empresa que en noviembre de 2014 ya vio cómo los hospitales retiraban su material a raíz de una alerta sanitaria de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS). También se inició un protocolo de seguimiento a los pacientes que podían haber recibido algún implante. 

Este antiguo empleado ha asistido durante años a las prácticas irregulares de la compañía reusense:«Ahí no había nada bueno, empezando por el trato personal. Todo estaba lleno de secretismo, de oscurantismo, era todo como una tapadera». A los recurrentes problemas de pagos, denunciados por diversos trabajadores, se añaden las deficiencias en los procesos, según denuncia este antiguo empleado:«Los trabajadores intentaban hacer las cosas lo mejor posible pero desde la empresa se nos decía lo contrario. Había un control de calidad muy superficial. Ni en estudios ni en pruebas mecánicas se hacían las cosas como se debían. Estábamos muy por debajo de lo que hacía la competencia, por ejemplo en cuanto a requisitos». 
Este extrabajador es contundente:«El director nos decía que daba igual cómo quedaran las prótesis. Nos decía que era muy complicado saber si la prótesis iba bien o mal, por diferentes factores, desde la cuestión mecánica, al instrumental usado en la operación pasando por el tema de que cada paciente era un mundo y que podía rechazar el implante porque su cuerpo no fuera apto. Todo eso creaba confusión y hacía que fuera muy difícil detectar que la razón de los problemas en la persona era que la prótesis estuviera mal. También se nos decía que sabiendo que la mayor parte de intervenciones eran en personas mayores que no tenían una gran movilidad, al final daba igual cómo quedaran las piezas». 
Este extrabajador admite otras carencias: «Cada vez que se empezaba algún proyecto no se hacía ni una planificación ni una valoración económica. Se pasaba directamente al diseño. Después se desarrollaban informes técnicos con las descripciones del producto dirigidos a los servicios médicos y nada se ajustaba a la realidad de la prótesis. También las pruebas mecánicas que se hacían eran muy rudimentarias». 
La denuncia de este empleado –la de otra extrabajadora acabó derivando en la alerta sanitaria emitida por las autoridades el pasado 7 se noviembre– coincide con la aparición de casos de pacientes afectados por algunas de las prótesis defectuosas implantadas en los últimos años. 
Indirectamente, uno de los centros afectados en Tarragona ha sido el Hospital de Santa Tecla, que a pesar de no trabajar con la multinacional reusense en 2014 tuvo problemas con una de sus prótesis, seis meses antes de la orden sanitaria de detener la comercialización de los productos. 
Una prótesis de 2007
En marzo del año pasado, Santa Tecla atendió a un paciente con una prótesis de rodilla de Traiber implantada siete años atrás en otro centro. «El paciente decía que sentía molestias y dolores. Entonces el traumatólogo le hizo las pruebas pertinentes y vio que la prótesis no estaba estable, que había que intervenir», explica Francesc Pujol, gerente asistencia del Hospital Santa Tecla. «Encontramos rota una pieza de plástico, de polietileno. Era de hacía siete años, así que no era para sospechar. Las piezas se rompen al cabo del tiempo», indica Pujol.
En una primera intervención quirúrgica, le cambiaron una de las piezas por otra nueva. «La prótesis fue colocada por otro centro en 2007, por tanto, hacía siete años, motivo por el que, con buen criterio, los profesionales sanitarios del Hospital Santa Tecla no sospecharon inicialmente que se podía tratar de una prótesis defectuosa», afirman fuentes del centro sanitario. De ahí que encargaran a Traiber la pieza para sustituir –en lugar de reemplazar la prótesis entera–, a pesar de que ni el hospital ni toda la Xarxa Sanitària de Santa Tecla no habían trabajado nunca con esa compañía. «Casi nunca cambias toda la prótesis entera, sino sólo la parte que necesitas», cuenta Pujol. 
Una pieza ‘chafada’
Poco después el paciente, sometido a un seguimiento médico, continuaba sufriendo fuertes dolores, de forma que en mayo tuvo que ser operado por segunda vez. Fue entonces cuando los traumatólogos vieron que la pieza que habían colocado sólo unas semanas antes estaba deteriorada. «Una vez los profesionales de Santa Tecla comprobaron el mal funcionamiento de la prótesis decidieron sustituirla por una nueva de la firma con la que trabaja habitualmente el hospital, solucionando definitivamente el problema del usuario», cuenta el centro tarraconense. «En la reoperación el traumatólogo se plantea que quizás tenga que cambiar esta vez toda la prótesis. En la intervención estaba el comercial de Traiber, al que llamamos por si hacen falta las piezas, y el comercial de la firma con la que trabajamos habitualmente. En ese momento, cuando revisamos al paciente, el traumatólogo ve un poco inestable la prótesis y detecta que la pieza que había puesto hacía unos meses estaba chafada. Entonces decide cambiar toda la prótesis y poner una de la empresa con la que trabajamos, no de Traiber», indica Francesc Pujol. 
 A pesar de que no es habitual que una pieza de ese tipo se degrade en tan poco tiempo, los servicios médicos no sospecharon que detrás hubiera una mala praxis continuada por parte del proveedor. «No es normal que a este material le pase eso pero también es verdad que las piezas a veces se rompen. No era la primera vez que al traumatólogo le pasaba eso, así que por eso no denunció. Es decir, una cosa es encontrarse con una pieza defectuosa y otra pensar que todas las prótesis que está fabricando esa casa están mal hechas. No había datos objetivos para sospechar, no teníamos a una cola de enfermos quejándose sobre eso. No porque falle una pieza vas a pensar que esa marca comercial es mala. Tampoco podíamos comparar porque no trabajábamos con ellos», afirma Pujol. «Nunca hemos puesto prótesis de Traiber. Siempre usábamos otras firmas, así que no teníamos ningún trato con ellos», afirma un traumatólogo del Hospital de Santa Tecla. 

«Nada iba bien en esa empresa», confiesa al Diari un extrabajador de Traiber, la firma reusense puesta en el ojo del huracán por haber suministrado prótesis de cadera, rodilla y columna en estado defectuoso a 30 hospitales de Catalunya –con especial afectación en el Sant Joan de Reus–, además de a otros centros en diversos puntos de España. La reciente detención del administrador, Luis Márquez, en una macrooperación del caso Innova, ha puesto de nuevo el foco en la actividad de una empresa que en noviembre de 2014 ya vio cómo los hospitales retiraban su material a raíz de una alerta sanitaria de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS). También se inició un protocolo de seguimiento a los pacientes que podían haber recibido algún implante.

Este antiguo empleado ha asistido durante años a las prácticas irregulares de la compañía reusense:«Ahí no había nada bueno, empezando por el trato personal. Todo estaba lleno de secretismo, de oscurantismo, era todo como una tapadera». A los recurrentes problemas de pagos, denunciados por diversos trabajadores, se añaden las deficiencias en los procesos, según denuncia este antiguo empleado:«Los trabajadores intentaban hacer las cosas lo mejor posible pero desde la empresa se nos decía lo contrario. Había un control de calidad muy superficial. Ni en estudios ni en pruebas mecánicas se hacían las cosas como se debían. Estábamos muy por debajo de lo que hacía la competencia, por ejemplo en cuanto a requisitos».

Este extrabajador es contundente:«El director nos decía que daba igual cómo quedaran las prótesis. Nos decía que era muy complicado saber si la prótesis iba bien o mal, por diferentes factores, desde la cuestión mecánica, al instrumental usado en la operación pasando por el tema de que cada paciente era un mundo y que podía rechazar el implante porque su cuerpo no fuera apto. Todo eso creaba confusión y hacía que fuera muy difícil detectar que la razón de los problemas en la persona era que la prótesis estuviera mal. También se nos decía que sabiendo que la mayor parte de intervenciones eran en personas mayores que no tenían una gran movilidad, al final daba igual cómo quedaran las piezas».

Este extrabajador admite otras carencias: «Cada vez que se empezaba algún proyecto no se hacía ni una planificación ni una valoración económica. Se pasaba directamente al diseño. Después se desarrollaban informes técnicos con las descripciones del producto dirigidos a los servicios médicos y nada se ajustaba a la realidad de la prótesis. También las pruebas mecánicas que se hacían eran muy rudimentarias».

La denuncia de este empleado –la de otra extrabajadora acabó derivando en la alerta sanitaria emitida por las autoridades el pasado 7 se noviembre– coincide con la aparición de casos de pacientes afectados por algunas de las prótesis defectuosas implantadas en los últimos años.

Indirectamente, uno de los centros afectados en Tarragona ha sido el Hospital de Santa Tecla, que a pesar de no trabajar con la multinacional reusense en 2014 tuvo problemas con una de sus prótesis, seis meses antes de la orden sanitaria de detener la comercialización de los productos.

 

Una prótesis de 2007

En marzo del año pasado, Santa Tecla atendió a un paciente con una prótesis de rodilla de Traiber implantada siete años atrás en otro centro. «El paciente decía que sentía molestias y dolores. Entonces el traumatólogo le hizo las pruebas pertinentes y vio que la prótesis no estaba estable, que había que intervenir», explica Francesc Pujol, gerente asistencia del Hospital Santa Tecla. «Encontramos rota una pieza de plástico, de polietileno. Era de hacía siete años, así que no era para sospechar. Las piezas se rompen al cabo del tiempo», indica Pujol.

En una primera intervención quirúrgica, le cambiaron una de las piezas por otra nueva. «La prótesis fue colocada por otro centro en 2007, por tanto, hacía siete años, motivo por el que, con buen criterio, los profesionales sanitarios del Hospital Santa Tecla no sospecharon inicialmente que se podía tratar de una prótesis defectuosa», afirman fuentes del centro sanitario. De ahí que encargaran a Traiber la pieza para sustituir –en lugar de reemplazar la prótesis entera–, a pesar de que ni el hospital ni toda la Xarxa Sanitària de Santa Tecla no habían trabajado nunca con esa compañía. «Casi nunca cambias toda la prótesis entera, sino sólo la parte que necesitas», cuenta Pujol.

 

Una pieza ‘chafada’

Poco después el paciente, sometido a un seguimiento médico, continuaba sufriendo fuertes dolores, de forma que en mayo tuvo que ser operado por segunda vez. Fue entonces cuando los traumatólogos vieron que la pieza que habían colocado sólo unas semanas antes estaba deteriorada. «Una vez los profesionales de Santa Tecla comprobaron el mal funcionamiento de la prótesis decidieron sustituirla por una nueva de la firma con la que trabaja habitualmente el hospital, solucionando definitivamente el problema del usuario», cuenta el centro tarraconense. «En la reoperación el traumatólogo se plantea que quizás tenga que cambiar esta vez toda la prótesis. En la intervención estaba el comercial de Traiber, al que llamamos por si hacen falta las piezas, y el comercial de la firma con la que trabajamos habitualmente. En ese momento, cuando revisamos al paciente, el traumatólogo ve un poco inestable la prótesis y detecta que la pieza que había puesto hacía unos meses estaba chafada. Entonces decide cambiar toda la prótesis y poner una de la empresa con la que trabajamos, no de Traiber», indica Francesc Pujol.

A pesar de que no es habitual que una pieza de ese tipo se degrade en tan poco tiempo, los servicios médicos no sospecharon que detrás hubiera una mala praxis continuada por parte del proveedor. «No es normal que a este material le pase eso pero también es verdad que las piezas a veces se rompen. No era la primera vez que al traumatólogo le pasaba eso, así que por eso no denunció. Es decir, una cosa es encontrarse con una pieza defectuosa y otra pensar que todas las prótesis que está fabricando esa casa están mal hechas. No había datos objetivos para sospechar, no teníamos a una cola de enfermos quejándose sobre eso. No porque falle una pieza vas a pensar que esa marca comercial es mala. Tampoco podíamos comparar porque no trabajábamos con ellos», afirma Pujol. «Nunca hemos puesto prótesis de Traiber. Siempre usábamos otras firmas, así que no teníamos ningún trato con ellos», afirma un traumatólogo del Hospital de Santa Tecla.

 

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