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Reus Ecosistemas

Gangas a montones

Me paseo por el mercadillo de Reus. Me llama la atención un pijama con un simpático oso panda, y varios imanes de nevera que venden ni más ni menos que Nueva York

Mònica Just

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Una de las paradas del Mercat dels Marxants de Reus. Foto: Alba Mariné

Una de las paradas del Mercat dels Marxants de Reus. Foto: Alba Mariné

Camisetas a montones. Ropa interior. Bañadores. Blusas. Zapatillas. Y grandes carteles, la mayoría escritos a mano, que anuncian los descuentos más jugosos. Les acompañan aquellos gritos tan identificativos: «¡Diez euros! ¡Diez euros! ¡Diez euros! ¡Vamos, vamos!». Un paradista da la alerta. Son las gangas. Grandes precios. Quiere que te quede claro que, si pasas de largo, vas a perder una gran oportunidad.

Es lunes y el entorno del Mercat Central de Reus se llena con el tradicional mercadillo de los Marxants. Recuerdo haberlo visto siempre. Cuando salía del colegio, de pequeña, me gustaba pasearme por aquel sitio junto a mi madre. Ahora lo veo de otra forma. Es algo que me agobia un poco. De vez en cuando todavía paso por allí y echo algún vistazo. Pero solo a veces. No me gusta demasiado.

Recorro varias paradas de ropa, bañadores, toallas. Muy veraniego todo. Y veo un oso panda medio dormido que me mira, bostezando. Es un pijama gracioso. Tiene una burbuja, tipo las de los cómics, que escenifica este sueño: «Zzzzzz». Pero paso de largo. Sigo mirando los montones donde busca la gente. Y veo otra vez el panda. Parece que me persiga.

Intentan venderme unas zapatillas. No están mal. Pero no me hacen falta. Así que digo que no. Que gracias.

Un silbido me llama la atención. Son unos pajaritos que atraen a los más pequeños. «¿Con jaula o sin jaula?», le pregunta la dependienta a su padre. «Con», contesta. Ya tienen su mascota. Y se marchan contentos, debatiendo sobre cuál será su nombre.

Sigo paseando y me distraigo con el teléfono móvil. Voy caminando casi sin mirar. Entonces alguien me acribilla. Sin pasarse, ni mucho menos. Pero yo estoy en mi mundo, no me lo espero y me asusta un poco. Es un vendedor. Me ofrece unas zapatillas. No están mal. Pero no me hacen falta. Le digo que no, que gracias. Y cojo de nuevo el móvil.

Una gran pancarta de 'liquidación

De repente, una pancarta. Es muy grande. De aquellas que se usan en las manifestaciones. Luce escrita la palabra «liquidación». Y a su lado, dos enormes señales de Stop llaman a la gente para que haga parada allí. «¡Cariño, tengo muchas tallas!», grita una de las paradistas. Un grupo de mujeres se detiene. Una se prueba un vestido, encima del que ya lleva puesto. No hay probadores. Pero le sirve. «Me gusta. Me lo quedo», dice. Hay 2x1, 3x2, ofertas de tres piezas por cinco euros, de cinco por diez euros. Es una locura de las ofertas y las gangas. Incluso hay batas de cole, que algunos de los niños que pasean por allí no quieren ni ver. «Todavía estamos de vacaciones», le comenta un niño a su abuela. 

Entre los clientes, están los asiduos, aquellos que ya conocen cada parada y saben dónde tienen que acudir para encontrar lo que buscan con la mejor garantía. También quienes están de paso y  de vez en cuando se dejan caer por allí. Y luego, los turistas. Familias enteras se pasean por el entorno del Mercat. Me fijo en una muy concreta. Son un matrimonio de piel muy blanca. Con dos hijos que deben tener unos ocho o nueve años. Llevan sombreros negros. Tipo los del oeste. Supongo que para protegerse del sol. Ella se acerca a una parada y se enamora de una blusa con dibujos de animalitos.

Me llaman la atención los imanes de nevera. La mayoría, de Barcelona. Pero también hay de Nueva York. Como si estuviéramos justo al lado

Hablando de turismo. En uno de los chiringuitos tienen un panel lleno de imanes de nevera. El souvenir por excelencia. La mayoría venden Barcelona, luciendo la imagen de la Sagrada Família. Vale, estamos cerca de Barcelona. ¿Pero no puede haber imanes que promocionen Reus, Cambrils, Tarragona o Salou? Al menos uno... Me entretengo un poco más, ojeando. ¿Cómo? Lo miro dos veces. Un par de imanes que promocionan ni más ni menos que Nueva York. Sí, claro. Estamos justo al lado. O casi.

Dicen que para que te cunda comprar en el mercadillo, tienes que conocerlo y saber exactamente qué buscas y dónde ir. Una amiga me comentaba que es una asidua. Que le encanta ir de compras en el Mercat dels Marxants. Y que apenas pasa por las tiendas. Conoce el género. Y la gente. Sabe dónde buscar. Ya sea en Reus, en Cambrils o en Bonavista. Donde sea. Lo tiene controlado. Igual que la señora que me cruzo ahora. Se acerca a un cartel de dos camisetas por 2,5 euros. Pim pam. En un segundo encuentra lo que buscaba en el montón, paga y se va. Luego, soy yo la que me voy. Ya he tenido suficiente. Al final el simpático panda ahí se queda. Tendrá que esperar.

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