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Jaume Llansà, el voluntario que dedica su vida a ayudar a los más necesitados

El reusense ejerce de voluntario desde los 16 años. Hace 10 que colabora con el Taller Baix Camp y ha iniciado otro proyecto en el centro para drogodependientes la Illeta

Marc Libiano

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El voluntario reusense, Jaume Llansà. Foto: Alba Mariné

El voluntario reusense, Jaume Llansà. Foto: Alba Mariné

Contra esa ambición de dar para obtener algo a cambio se rebela Jaume Llansà Nebot, un reusense de 37 años que ha entregado su vida a ayudar a los demás, sobre todo a aquellos que conviven en las entrañas del mundo, sin acceso a las necesidades más básicas. Jaume heredó esa vocación gratuita de su abuelo Eusebi Nebot, un pastor de la iglesia evangélica del que cree guardar la pasión por cooperar con los más necesitados.
 

A los 16 años, todavía en plena adolescencia, Jaume descubrió una curiosa afición. Se sumó al proyecto del Voluntariat de Reus, una asociación ya desaparecida. Colaboró en varios eventos como el Mundial de hockey patines en el Pavelló Olímpic. Fue una primera toma de contacto. El futuro le deparó una actividad repleta de generosidad y comprensión.
 

En plena búsqueda, el reusense, criado desde siempre en la zona de la Riera Miró, se involucró en distintos trabajos para poder cumplir con los estereotipos que marca la sociedad. Impartió como camarero e incluso laboró en una empresa relacionada con el hierro. Nada le acababa de reconfortar. A los 24 años y tras una charla profunda en un café de sobremesa con su amiga Marta, tomó una determinación crucial en su tránsito. Decidió regresar al voluntariado

 

Llansa, a la derecha, durante un acto solidario

 

El Menjador Social se convirtió en su primera experiencia solidaria. Completó una etapa de ocho años en ese lugar en el que disfrutó de un millón de experiencias. Entre ellas logró convencer a un adolescente necesitado a que acudiera al comedor. Tardó tres meses en seducirle simplemente por el reparo que le daba el lugar a aquel niño. El  paso del tiempo ha premiado al chico, que ahora disfruta ya de un empleo como camarero. Esas pequeñas victorias dan sentido al trabajo de Llansà. «Significa mucho. La satisfacción personal no la puede comprar el dinero», asegura.
 

Su afán por ofrecer cobijo a las personas con problemas ha cruzado fronteras. Jaume reside con su madre en un piso que mantiene en el barrio de siempre. Esther Nebot ha precisado aceptar las aficiones de su hijo. Hasta el punto que un día vio como éste integró en su casa a un quinceañero que habían expulsado de su entorno familiar. Le adoptó hasta los 24 años. El resultado habla pos sí mismo. Ese chaval frecuentaba con el grupo de amigos del primo de Llansà y hoy, después de casi una década, dispone de un trabajo en una óptica tradicional ganxet y disfruta de una vida más o menos estable.
 

El Taller Baix Camp
El Taller Baix Camp, la entidad reusense que trabaja para las personas con discapacidad intelectual y también para sus familias, dispone de todos los ingredientes para ocupar parte del tiempo de Jaume, que desde hace 10 años, ayuda como voluntario en el Punt de Trobada, uno de los espacios que posee el Taller. 

 

No resulta nada extraño, de vez en cuando, encontrarse a Nebot y a los chicos del Taller pasando un buen rato en la noche en la ciudad. Es más, esta próxima semana el voluntario participará en las vacaciones con uno de los grupos del Taller en Murcia. La actividad forma parte del programa de verano  del centro y contará con Jaume como uno de los guías de ese grupo de chicos y chicas que ya le ven como un miembro más de la familia. No se trata de un simple voluntario.
 

«Muchas veces vas por la calle y  te reconocen rápido. Estés con quien estés vienen a saludarte y te piden que no dejes el Punto de Trobada. Incluso sus familias también», admite con cierto orgullo. Tanto le reconforta su papel en el Taller que el reusense ha iniciado los estudios de Integración como plan de futuro.

 

El voluntario reusense, en el centro, durante una actividad en el Taller Baix Camp.

 

La labor en el Taller Baix Camp hoy la complementa con una nueva vivencia en la Illeta, el centro de acogida para drogodependientes, en el que también se ha involucrado. Otra forma de ofrecer arropo. Una de las iniciativas semanales pasa por, cada martes, acudir a la recogida de jeringuillas perdidas por la ciudad con los usuarios. «Te sorprenderías de la gran cantidad que hay. Por suerte, normalmente, se encuentran en descampados».
 

La aceptación de estos nuevos compañeros de viaje de Jaume resulta tan grande que, «el otro día me crucé con un drogodependiente por la calle y a la persona que iba con él le dijo. ‘Oye, aéste ni tocarlo’». No se hace entraño. La gente con la que trató en el Menjador Social todavía recuerda su inestimable ayuda.
 

Un partido político
La inquietud de este rara avis no se ha detenido. Ha participado en varias campañas solidarias e incluso ha formado un partido político que opera en Castellvell, población vecina de Reus. Transparència Solidària vio la luz en 2013 y en las últimas elecciones locales se quedó a 20 votos de desbancar del gobierno al PP . 

 

El proyecto se mantiene más vivo que nunca y un futuro espera poder entrar en el Ayuntamiento  para trabajar de una forma distinta para la población. Por lo menos esa es la intención de Jaume. 
 

El protagonista sobrevive con cuatro recursos económicos que, de momento, le bastan para subsistir y para celebrar su actividad en el voluntariado. No ve en lo material algo necesario para encontrar la felicidad. Y no va a cambiar. Su vida seguirá enfocada a colaborar con los que lo necesitan de verdad. Su mano levanta vidas destruidas.

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