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Josep Maria Guix, devorador de notas

Un piano en casa de los Guix fue el germen del idilio que Josep Maria (Reus, 1967) mantiene con la música y la composición. Hoy luce sus obras en los escenarios del Palau de la Música, el Liceu o el Auditori

Marc Libiano

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May Zircus

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Suele decir Josep Maria Guix (Reus, 1967) que en la papelera de su casa, en Barcelona, duermen unos cuantos folios con infinidad de notas en esas noches eternas de composición, en busca de la plenitud musical. Guix ama la música como la música le ama a él. Ha dedicado una vida a encontrar un status de referencia en el formato clásico. Lo ha conseguido con su afán perfeccionista y su actitud autocrítica. Asegura haber heredado esos rasgos de su padre, también de nombre Josep Maria, el doctor Guix, una eminencia médica de la época en Reus y alrededores.

Su fervor por la música se gestó casi por obra del azar. En casa nadie le inculcó hábitos relacionados con el ritmo ni con las notas. Sólo el entusiasmo de su madre, Maria del Carme, por comprar un piano le abrió la curiosidad. Su bisabuelo Josep sí había ejercido de compositor y pianista, pero su influencia quedaba muy lejos en el tiempo. Aquel piano que habitó en la casa de los Guix, en el Passeig Sunyer de Reus, significó el inicio de un idilio que hoy perdura. El pequeño Josep Maria empezó a agilizar sus dedos gracias a los primeros consejos de Maria Bartolí, la profesora que descubrió aquel talento. Los estudios en serio se inauguraron cuando ya cursaba sexto de EGB en la Salle de Reus. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el piano estaba bien, pero que se abría un mundo fascinante por explorar.

Sus padres apoyaron la decisión de Josep con la única contraprestación de que debía sacarse el antiguo COU. Lo hizo en el Institut Gaudí, paso previo al disfrute. Ni siquiera las dudas del gentío le frenaron. «Recuerdo pasear con mi madre por la Calle Monterols a los 17 años y la gente preguntarme, ¿qué estudias? Y yo anunciarles; música. La respuesta siempre era; música y qué más… Cómo si la música no fuera suficiente!». 

Josep Maria Guix estudió Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Teoría de la Música y Composición en el Conservatorio de Badalona, música eletrónica en Phonos (Barcelona) e informática musical en el IRCAM (París). Ha recibido clases y consejo de Benet Casablancas, David Padrós, Joan Guinjoan, José Manuel López López y Jonathan Harvey. Su biografia se encuentra repleta de influencias, sobre todo poéticas. «Veo la música como la poesia o la pintura, que siempre me han interesado. Para hacer algo debe emocionarme». 

Padre de tres hijos, Clara, Júlia y Pol, Guix entra en el trance creativo de todo artista durante la semana en la que su actual pareja decide ofrecerle libertad casi espiritual. Una semana de visita a los abuelos, mientras Josep Maria vive del proceso creativo encerrado en casa, sin horarios ni cadenas rutinarias. «Soy un poco Kaos porque la circunstancia me lo permite. Estoy trabajando y no sigo pautas, pudo llegar a cenar a las 3 de la madrugada». 

Muy reconocible en la música de cambra, las composiciones del reusense cuentan, a menudo, con un aire optimista, incluso con ciertas dosis de humor. «Comparto un poco el sentido del humor de mi hermano (Xavi)», admite. Su música también dispone de profunda carga poética, hasta el punto que algunos autores se han visto reflejados en la obra del compositor, como José Luis Torina o Alberto Posadas

El reconocimiento
Probablemente existen pocos escenarios más lujosos en los que exponer un trabajo musical como el Palau de la Música o el Auditori de Barcelona. También el imponente Liceu. En todos ellos se han exhibido las composiciones de Josep Maria Guix, un reusense casi más conocido en Barcelona que en su propio Reus. 
Una de sus últimas piezas, la Dama de Lleida, quedó interpretada por el Cor de Cambra de L’Auditori Enric Granados, Anaïs Oliveras, Santi Mirón, Rafael Bonavita y Marc Clos, dirigidos per Xavier Puig, en Vila-seca.

Profesor de instituto, Josep Maria Guix se ha construido un camino indiscutible repleto de prestigio y reconocimiento en un ámbito elitista, aunque «no deja de ser un mito que digan que es una música cara», refleja. Sostiene con frecuencia que, además de salir fuera y ver mundo, uno debe primer encontrarse así mismo. Defiende la mirada hacia adentro y la búsqueda constante de la perfección.  Ese rasgo inconformista la mantiene en alerta y vivo. En su mesita de noche y en su cerebro habitan infinidad de notas. Las devora para hallar una obra emocionante.

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