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Josep Sierra: «No puede ser que la gente no pueda pensar ni decir lo que quiera, tenemos que pararlo»

Miembro de ‘Avis i Àvies per la Llibertat’ de Reus que protestan contra el encarcelamiento de los «presos políticos»

Iñaki Delaurens

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Josep, en la Plaça del Mercadal. Foto: Alfredo González

Josep, en la Plaça del Mercadal. Foto: Alfredo González

A sus 69 años, Josep Sierra, reusense de toda la vida, no se cansa de luchar contra lo que considera una injusticia. Forma parte de Avis i Àvies per la Llibertat de Reus, que desde hace casi dos meses se ha manifestado en la Plaça Mercadal, primero como protesta por el encarcelamiento de los «presos políticos» y, después, por la defensa de los derechos humanos.

¿Cómo nació ‘Avis i Àvies per la Llibertat’?

Fue el 7 de noviembre con un grupo de seis o siete personas. Hacía unos días que había presos políticos y consideramos hacer una acción de protesta en el centro político de la ciudad. Hemos llegado a concentrar a casi 200 personas pero no nos hemos constituido como asociación, no hay un portavoz oficial ni nada, ya que esperamos que esto se pueda acabar pronto. 

La Junta Electoral de la provincia les prohibió manifestarse durante la campaña electoral.

Nos dijeron que no podíamos manifestarnos con nuestros eslóganes, el primero de Llibertat presos polítics, ya que había algún partido en campaña que lo llevaba dentro de su programa. Entonces decidimos cambiarlo por otro más generalista y pusimos Defensem els drets humans y nos contestaron que tampoco podíamos. 

¿Tampoco por los «derechos humanos»?

Esto es una contradicción y no entendemos nada. Cómo demonios se puede prohibir manifestarse pacíficamente en defensa de los derechos humanos. Tenemos asesoramiento jurídico y nos han dicho que hay jurisprudencia muy clara del Tribunal Constitucional conforme se puede hacer. Incluso en periodo electoral, ya que de ninguna manera se interfiere en el resultado de unas elecciones.

¿Qué mueve su inquietud?

Nos preocupa cuando en una sociedad se sobrepasan derechos humanos como el de la libertad de manifestación, de pensamiento político y se llega al punto de encarcelar a gente por sus ideas sin ser juzgados. Tenemos que salir para parar esto. No puede ser que la gente no pueda pensar ni decir lo que quiera porque vivimos en un Estado represor. 

¿Había vivido antes unas elecciones con candidatos en prisión?

Nunca, ni en el franquismo. Pero entonces solo podías votar a los partidos del Movimiento Nacional. En la época democrática tampoco había visto nada igual. 

Inimaginable. 

Nunca me habría imaginado la situación que estamos viviendo desde hace dos meses. Ni en el peor de los sueños se nos habría ocurrido que pudiéramos volver al franquismo. Tengo tres hijas entre 40 y 45 años y están asombradas por lo que está pasando. ¿Cómo no puedo expresar libremente lo que me parece? ¿Cómo mis representantes políticos o de entidades culturales no pueden hablar libremente de lo que les parezca? 

¿Recuerda algún otro momento indignante?

A finales de los setenta en el traspaso del franquismo a la democracia, hicimos algún encuentro en el Centre de Lectura de Reus de voluntad catalanista, nada independentista. Aparecieron los grises, entonces la policía nacional iba de gris, y nos hicieron salir  por un pasillo formado por grises con la metralletas en la mano. La dictadura ya había acabado, eran tiempos en los que Fraga pregonaba: «La calle es mía» y se cargaba contra los obreros que se manifestaban. Incluso en Tarragona hubo un par o tres de muertos. 

¿La Constitución fue un éxito?

Salíamos de un estado dictatorial y había fuerzas institucionales y políticas del famoso Movimiento Nacional que querían hacer el traspaso a la democracia y se quería hacer lo más suavemente posible por todos los lados. Se firmó una Constitución que gustara a todos, desde la parte social, obreros, sindicatos, etc. hasta políticos ya que fue cuando volvió Carrillo. Pero sobre todo que gustara a las instituciones del Estado, militares, de la aristocracia y altos funcionarios de la administración e hicieron una Constitución adecuada en ese momento.  

No para este.

La situación es otra. Este momento, en el siglo XXI, no se parece en nada al final del siglo XX. Por lo tanto no es válida ahora mismo, claro que no. Se tiene que cambiar y se tiene que reformar. Las leyes tienen que estar al servicio del ciudadano y si se tiene que cambiar se cambia, se llame Constitución o la Biblia. Si no conlleva convivencia y buena relación entre los ciudadanos, como pasa en Catalunya que no hay buena convivencia, la hay que reformar.  

Después del 1O, ¿temen que la violencia de la autoridades?

Estamos muy alertados. Hay una serie de hechos que entran en la definición de estado fascista o franquista, como quieras llamarlo. Vemos actos de privación de las libertades políticas y personales y un centralismo cada vez más acentuado. Además, lo del 1 de octubre fue una violencia pura y desenfrenada de quien era el encargado de evitarla. Después de esto vivimos en represión. 

Y de repente elecciones.

Las elecciones han sido una imposición. De puertas a fuera es lo que se dice, de puertas adentro se debería saber mejor qué han sido porque ni los propios dirigentes del PP se han puesto de acuerdo. Han dicho que el 155 debería haber durado 6 meses o un año antes de que hubiesen elecciones. Si hubieran dejado correr el tiempo les habría ido en contra. Creo que el mundo independentista ha aguantado con el presidente y los consellers porque pusieron el freno y adoptaron una actitud pacífica. Prefirieron irse o que los encarcelaran antes de decir a la gente: «Venir a protegernos». Si se hubiera alargado esta situación, habría sido muy peligroso. 

¿Qué es lo más preocupante?

Que el Estado español continúe con esta situación de fascismo, de centralización de la administración, de la supresión de los derechos individuales, la violencia y la represión. Tengo tres hijas y cinco nietas, de ninguna manera querría que vivieran en un Estado represivo. Me preocupa que volvamos a los tiempos sin libertad, donde la gente no pueda llevar su vida tranquilamente y ni expresar sus sentimientos ni sus ideas. 

Hay familias y amigos confrontados por la política.

La política no es nada más que las normas en las que nos basamos para convivir. No debería afectar a las relaciones personales. Si lo hace, quiere decir que le estamos dando demasiada importancia a la política. Tenemos que relativizar el valor de la política y no dramatizar. Pase lo que pase, tú continuarás trabajando y yo seguiré yendo a buscar a los niños al cole. La vida continúa. Piensa lo que quieras, que no pasa nada. La política es solo eso. Lo importante es la vida personal de cada uno, las relaciones, la familia, la salud, el trabajo y la cultura. 

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