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Juroca, el barrio independiente de Reus

Doce bares, seis peluquerías, dos centros educativos y grandes parques nutren los espacios de la zona, muy frecuentada por gente de otros barrios y turistas

Cristina Valls

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El negocio familiar de Rafael Ortiz, conocido popularmente como ´La Granja´, fue fundado por sus padres en 1979. Foto: Alba Mariné

El negocio familiar de Rafael Ortiz, conocido popularmente como ´La Granja´, fue fundado por sus padres en 1979. Foto: Alba Mariné

Intuir las necesidades y los gustos de los clientes es una tónica que se repite en muchos de los establecimientos comerciales del barrio Juroca. De hecho, es su marca identificativa. A pesar de estar alejado del centro, sus vecinos e incluso turistas establecen que la mejor cualidad radica en su tejido social y de servicios. «Gran cantidad de bares sirven de punto de encuentro del núcleo social de la zona y, en las tiendas de toda la vida, se conoce a todos sus clientes como si fueran parientes», valora Manolo Villalba, el presidente de la asociación de vecinos del barrio Juroca. Acude a la cita trajeado, dispuesto a ofrecer una ruta por los rincones más emblemáticos del mismo.

Vive allí desde el año 1972, cuando únicamente se podía avistar las edificaciones de la Urbanització Muixí y poco volumen de viviendas en Parcel·les Cases. «Se ha podido ver cómo la edificación y el comercio lo ha cambiado todo por completo», afirma. Además, el tejido social se encuentra bien avenido, porque pasear por la avenida del Mediterráneo se convierte en un saludar continuo.

El rincón más dulce

En la primera parada reina el azúcar. Carmen Cruz, propietaria de Chuches Mamen, está muy contenta. Lleva más de cuatro años liderando la tienda y resume entre risas su experiencia con un «a veces cierro muy tarde, porque la afluencia de gente es muy grande. Sobre todo en verano que se llena rápidamente». Cruz es natal del barrio Juroca y afirma que «no hace falta salir del centro para poder ir hacer unas comprillas. Además contamos con Centro de Atención Primaria cercano, farmacia y muchos bares».

El volumen de bares vuelve a salir como tema de conversación. ¿Cuál es el recuento máximo? Villalba lo contabiliza en unos doce aproximadamente. «Además, también tenemos unas seis peluquerías», añade. Desde luego, los servicios abundan.

Veinte años ‘en la pelu’

Sandra García es la peluquera más conocida del barrio y regenta la longeva Casals Peluquería. «Los años pasan rápido y más cuando no paras de trabajar» comenta. García se distingue como unas de las profesionales de clientela fija y mucha complicidad. «Vivo en el barrio Montserrat y puedo decir que muchas cosas que no encuentrasen el centro las encuentras aquí, enel barrio Juroca. El otro día busqué una pieza en una ferretería y no tuve éxito. Hasta que no vine a la ferretería de aquí al lado, no lo encontré», comenta García mientras acaba de pulir un corte de pelo de lo más arriesgado. Sí o sí había que verificar tal afirmación.

La tienda citada no solo ofrecía artículos de ferretería, si no todo tipo de productos del hogar: de electricidad, decoración, etc. Al cerrarse la puerta del establecimiento, una de las hermanas Domènech aparece.

Cori Domènech, con una gran experiencia a sus espaldas, explica que la tienda está en pie desde el 1980 y la zona de delante del establecimiento pertenecía a su abuelo Muixí, «el mismo que le da el nombre a la urbanización». «Se trata de un negocio, donde asesoramos a todo el mundo. Solemos conocer a todos los clientes y siempre acertamos», comenta Domènech satisfecha.

Un ejemplar de la docena

Cuando se oye «vamos a la Granja», todo el mundo se suma. Y es que el bar-cafetería de Rafael Ortíz cuenta ya con 20 años en el candelero y todo el mundo lo conoce. De hecho, según afirma el dueño, Rafael Ortiz, viene mucha gente de fuera del barrio. «Incluso vienen tantos años seguidos que, cuando no aparecen nos preocupamos. Parece que les controlemos, si no vienen es que se encuentran mal», añade su mujer. A lo que continua Ortiz: «Este es un negocio familiar, cómo se puede ver. Lo fundaron mis padres en el 1979 y hemos conseguido forjar casi una familia con una clientela tan fija».

Al barrio lo complementan diferentes parques lúdicos para los más pequeños, una librería, una imprenta y un par de centros educativos –El Institu Josep Tapiró y la Escola Sant Bernat Calbó–. Pero lo que realmente se encuentra al entrar son establecimientos con una extensa trayectoria con el cliente, hecho que lo hace característico.

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