Reus Turismo

La Casa del Vermut atrae a casi 2.000 visitantes en su primer año de vida

El nuevo espacio se puso en marcha en abril y se enmarca en el ‘boom’ que vive el sector desde los últimos diez años

MONTSE PLANA

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La Casa del Vermut i el Vi abrió puertas el pasado mes de abril en la Estació Enològica.  FOTO: FABIÁN ACIDRES

La Casa del Vermut i el Vi abrió puertas el pasado mes de abril en la Estació Enològica. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Del comercio al modernismo y, desde hace unos años, el vermut. Estos son los reclamos turísticos de Reus. Tradicionalmente, el comercio había sido el eje central y, a partir de los años 90, la ciudad empezó a potenciar la arquitectura modernista que tiñe de historia las calles de Reus. Ahora, el vermut –tras la edad de oro que vivió a finales del siglo XIX– se ha abierto paso y se ha convertido en una marca de ciudad que ya atrae a miles de visitantes.

Tras la puesta en marcha de la Ruta del Vermut, en 2015, justamente este año abrió puertas la Casa del Vermut i del Vi. Un nuevo espacio ubicado en la planta baja de la Estació Enològica (de estilo modernista), donde el visitante puede conocer los orígenes del vermut de Reus, las ocho marcas actuales locales y degustarlas. Ya han disfrutado de la experiencia 1.768 personas, desde que el pasado mes de abril abrió puertas el equipamiento, según información facilitada por el Ayuntamiento de Reus al Diari. Una cifra que representa una pequeña parte de los visitantes que llegan a la capital del Baix Camp interesados en el mundo que gira alrededor de esta bebida hecha a base de vino aromatizado con sustancias vegetales. Y es que bajo el paraguas de la Ruta del Vermut, se da cabida a una decena de actividades y rutas guiadas, de las que, actualmente, no se dispone de cifras actualizadas de visitantes.

Un fenómeno social

El sector está viviendo una segunda edad de oro, con un creciente interés social. Así se constata desde Vermut Rofes, una de las marcas históricas de Reus. Su gerente, Salvador Rofes, explica que el boom se ha vivido en los últimos diez años. «Sólo hace falta mirar las terrazas, llenas de vermut», dice Rofes, que lo atribuye a un fenómeno social. «Es una tradición que se ha recuperado», dice.

De hecho, aprovechando el auge de este producto, fue cuando Vermut Rofes decidió organizar visitas teatralizadas a lo que fue la fábrica de vermut, actualmente reconvertida en restaurante. «A finales de 2007 decidimos reconvertir el espacio y, actualmente, el vermut lo producimos a través de Muller, siguiendo la fórmula de toda la vida», explica Rofes. Anualmente producen 100.000 litros. Una producción destinada, principalmente, a tiendas especializadas. El área de influencia es Catalunya, aunque también exportan a Madrid, el norte de España e incluso al extranjero, con Alemania como principal importador (el país de origen del vermut). «Siempre con una producción limitada para mantener la calidad», remarca Rofes.

Y si se habla de vermut, no se puede pasar por alto el Museu del Vermut. Un espacio único, donde la restauración se funde con una colección privada de todo tipo de objetos relacionados con el vermut, propiedad de Joan Tàpias.

Su hijo, que también se llama Joan Tàpias, explica que disponen de una carta con 118 vermuts de cinco países distintos, «aunque la gran mayoría son catalanes». Bajo su punto de vista, nunca se ha perdido la costumbre de hacer el vermut, aunque reconoce que ahora ha remontado con mucha fuerza. En su caso, el Museu es testimonio de la historia del vermut. «La gente puede visitar el espacio, ya sea a través de visitas libres, como también en grupo», explica Tàpias. Además, desde hace unos cinco años, tienen su propia marca: Cori, «con una fórmula elaborada por mi padre y yo, con toques cítricos», explica.

«En los últimos años ha incrementado el número de marcas», dice Marc Niubó, sumiller que regenta la Bodega La Parra desde hace seis años. Dispone de un total de 13 marcas. «Hay más interés, sobre todo por el acto social que supone», puntualiza. Bajo su punto de vista, el éxito del vermut se explica por su dulzura. «Ahora, empieza a entrar en la gastronomía. Pero cuesta un poco, porque se ve como un aperitivo», añade Marc Niubó, por lo que anima a la gente a beber vermut también en las comidas.

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