La Covid pone en evidencia la cara B de la ciudad

Munta i Baixa. Los malos datos epidemiológicos son otro síntoma de la dura realidad socioeconómica que sufre una parte creciente de la población

Josep Cruset

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La emergencia sanitaria, social y económica provocada por la pandemia de Covid-19 ha puesto de relieve algunas realidades de nuestra ciudad que con frecuencia preferimos no ver o tendemos a desoír. La cara B de Reus.

Tuvimos un primer avance allá por el mes de agosto, cuando el riesgo de contagio y la tasa de reproducción se dispararon en Reus hasta unos niveles muy por encima del resto del país y situaron a la ciudad como uno de los focos más activos de coronavirus. Los cribados masivos realizados entonces en tres barrios permitieron detectar 23 casos entre las 1.170 personas que se sometieron voluntariamente a las pruebas. El número de positivos resultó bajo, como también el de personas que acudieron a hacerse los PCR –menos de la mitad de las previstas–, lo que revelaba una preocupante falta de concienciación sobre la gravedad del problema y la importancia de la prevención.

Un efecto colateral de la medida fue señalar a los barrios Sardana, Pastoreta y Monestirs como focos de contagio, con el añadido de que las tres zonas comparten una tipología socioeconómica parecida, al menos entre una parte significativa de su población.

Dos meses después, en pleno rebrote generalizado, los datos epidemiológicos empeoraron en progresión geométrica y Reus ha llegado a situarse como la ciudad catalana con mayor número de casos por cada 100.000 habitantes y en el top ten de las españolas. Aún hoy, pese a la mejora registrada en los últimos días, las estadísticas sobre el Covid-19 siguen estando en niveles críticos.

Vulnerabilidad

Los estudios sanitarios nos aclararán de aquí a un tiempo la casuística de lo ocurrido, pero hay evidencias que apuntan a que las circunstancias socioeconómicas han influido en esta evolución de los contagios en Reus, traducidas en un fuerte impacto del virus en algunos barrios y estratos menos favorecidos. El cóctel de familias vulnerables, viviendas menos salubres, condiciones laborales más precarias, etc., tiende a incrementar los riesgos y a menguar la prevención, amén de las conductas individuales imprudentes que se dan en todas partes.

Una nota chocante al respecto es que, en esta segunda ola, la situación en Reus esté siendo peor que la que reflejan las ciudades vecinas, cuando sus perfiles socioeconómicos son semejantes y la movilidad entre ellas es altísima. Tarragona, Reus, Cambrils, Salou y Vila-seca conforman el epicentro del Camp de Tarragona, una red urbana que va uniformándose progresivamente y en la que los datos de las últimas semanas son llamativos.

Según las cifras del Departament de Salut, Reus acumula  4.435 casos de coronavirus desde el inicio de la pandemia, por 3.598 en Tarragona, aunque el número de muertos hasta la fecha es bastante superior en la capital –112 por 76–. En cuanto a personas ingresadas actualmente en los hospitales, Reus también está por delante: 63 y 13 en la UCI, mientras Tarragona suma 53 y 5.

Pese a la evolución positiva de los datos epidemiológicos desde que alcanzasen su pico, Reus sigue teniendo un riesgo de rebrote más alto que el resto de municipios. Por contra, el descenso del factor de reproducción, que afortunadamente ya ha caído por debajo del nivel de 1, hace que Cambrils y Vila-seca presenten tasas peores.

El drama en números

Más allá de las estadísticas y del componente aleatorio que tiene el progreso de los contagios durante una pandemia, existen otros parámetros que ayudan a visualizar el alcance de las dificultades que atraviesa una parte creciente de la ciudadanía. Un panorama que la emergencia social y económica derivada de la sanitaria va a agravar hasta extremos desesperantes.

Sin ir más lejos, en el último pleno del Ayuntamiento salió a relucir la cifra de 4.000 personas actualmente en riesgo de exclusión social en la ciudad.

El comedor social de Càritas en Reus. El volumen de personas que atiende es un termómetro de la gravedad de las crisis. FOTO: Alfredo González

Y esta misma semana, el balance de las ayudas y bonificaciones concedidas por el consistorio mostraba la fotografía actualizada de las subvenciones de carácter social para los más vulnerables. En el ejercicio 2020 ya se han destinado un total de 2,5 millones de euros para paliar los efectos de la crisis actual. 4.300 usuarios reciben subvenciones en el pago del recibo del agua; las ayudas para pagar el IBI llegan a 500 beneficiarios; las bonificaciones en la tasa de recogida de basura alcanzan también a medio millar de contribuyentes; 2.500 alumnos tienen becas para el comedor escolar; 500 familias reciben ayudas para afrontar la pobreza energética y salvaguardar el suministro de luz y gas...
Todo lo cual sólo puede empeorar ante la falta de trabajo por los cierres y restricciones en sectores clave y la ruina de autónomos y pequeñas empresas.
 

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