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La apertura de un negocio local en el centro de Reus aviva el comercio de proximidad

Rosa Lucas es el ejemplo de cómo aún quedan firmas reusenses que resisten a las franquicias y grandes superficies

Isabel Limón

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La empresaria local Rosa Lucas va a abrir su tercer negocio en el centro de Reus. Este, en la calle Llovera. FOTO: Alba Mariné

La empresaria local Rosa Lucas va a abrir su tercer negocio en el centro de Reus. Este, en la calle Llovera. FOTO: Alba Mariné

Aunque sean pocas, aún quedan tiendas locales que resisten a la competencia de las franquicias y las grandes superficies comerciales. La Casa Pujol, Solanes Joier, la Corseteria Amill, la Creu Blanca o Jofré son algunos de los nombres identitarios de las calles centrales de Reus y de su comercio. Ahora, con la próxima apertura de Rosa Lucas en la calle Llovera, se ve una chispa de recuperación en lo que parecía un túnel sin salida.

La empresaria reusense ya había tenido un negocio en esta calle de Reus que cerró hace un año por el elevado precio del alquiler. Ahora se le ha presentado la oportunidad y aprovechará para recuperar ese espacio que nunca hubiera querido abandonar.

Lucas se muestra agradecida con la familia Abelló por su sensibilidad a la hora de «apostar por una firma de Reus» y facilitar que se haya podido acordar un alquiler satisfactorio por las dos partes «en unos momentos complicados para el comercio».

También asegura que una tienda de Reus como Rosa Lucas o otras firmas «deben estar en el centro de la ciudad». Tanto es así que la empresaria tiene dos tiendas más en la ciudad, una en el arrabal de Santa Anna y la otra en el arrabal de Jesús. Aún con la apertura de su nuevo negocio del carrer Llovera el próximo 30 de noviembre, de momento, se plantea mentener las otras dos tiendas abiertas, ya que está muy satisfecha del funcionamiento del comercio de la raval Santa Anna. 

Comercios históricos

La pequeña y mediana empresa de Reus resiste. Claro ejemplo de ello es la Casa Pujol que abrió sus puertas por primera vez en 1873 y no las ha cerrado hasta la actualidad. Joan Llauradó, su propietario desde hará ya 30 años, ha visto desde dentro los cambios y adaptaciones que este pedacito de historia reusense ha ido experimentando. «Ofrecemos una atención especial para que ele cliente se vaya satisfecho. Nuestros clientes vienen por primera vez como hijos, y más adelante nos eligen para la confección de sus trajes de novios», dice Llauradó. Desde el Tomb de Reus añaden que «aunque el pastel es cada vez más pequeño, podemos convivir los distintos modelos de negocio, así, el cliente tiene más donde elegir». 

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