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La asociación vecinal del barrio Niloga de Reus cierra por no poder pagar el local

La Associació de Veïns 25 de Setembre dejará la sede en octubre por orden judicial tras acumular un largo periodo sin pagar el alquiler por diferencias con el banco. Las entidades de la ciudad se las ingenian para seguir en activo 

F. Gras / C. Bergadà

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Las fiestas del barrio Niloga, celebradas este fin de semana, serán las últimas de la Asociació de Veïns 25 de Setembre.  FOTO: alba mariné

Las fiestas del barrio Niloga, celebradas este fin de semana, serán las últimas de la Asociació de Veïns 25 de Setembre. FOTO: alba mariné

La Associació de Veïns 25 de Setembre del barrio Niloga llegará a su fin el próximo mes de octubre tras décadas de historia. El motivo es que deberá cerrar el local social por orden judicial tras acumular un largo periodo sin pagar su alquiler por diferencias con el banco, propietario de los bajos. Así lo explica la presidenta de la entidad, Angelina Pla, que también dejará el cargo que ostenta desde hace unos 15 años. «Los últimos años han sido difíciles para lograr que la entidad tirase hacia adelante. Y con los actos que organizamos y sólo 90 abonados era imposible pagar 660 euros al mes de alquiler», manifiesta Pla. 

Según cuenta, el problema empezó cuando hace unos cuatro años la propiedad del local cambió de entidad bancaria y ésta actualizó el precio del local, pasando de 300 a los 660 euros actuales. Una decisión que inició un largo proceso para intentar revertir la situación y que, incluso, a punto estuvo de llegar a buen puerto. Pero como el acuerdo no se concretó, hace unos días recibieron una nueva orden judicial de desahucio que les obliga a dejar la sede el próximo 9 de octubre. Una noticia, no obstante, que entristece a la presidenta por todo el esfuerzo que muchos vecinos han dedicado a la entidad. 

El cierre de la sede, con total seguridad, supondrá la fin de la asociación tal y como se conoce en la actualidad. Sobre todo, señala Pla, porque la Associació de Veïns 25 de Setembre acumula una deuda de más de 20.000 euros en facturas sin pagar. Por todo ello, si el barrio Niloga desea contar con una asociación de vecinos deberá empezar desde cero.

De hecho, existe la intención por parte de algunos grupos de vecinos de buscar un nuevo local y fundar otra entidad. La próxima asamblea prevista, todavía sin fecha, es la que deberá poner fin a la Assocaició de veïns 25 de Setembre y tratar el futuro. 

Responsabilidad altruista

Los locales que acogen las asociaciones de vecinos hace años que provocan dolores de cabeza a sus presidentes. En los últimos tiempos, el grueso principal de las subvenciones municipales que reciben las entidades se centra en las actividades que organizan. Esto hace que, en muchos casos, los vecinos se las tengan que ingeniar para seguir en activo sin olvidar que se trata de una dedicación totalmente altruista.
«Nosotros tenemos suerte de tener nuestro propio local, cedido por parte del Ayuntamiento», explica Puri Flores, presidenta de la Associació de Veïns de La Pastoreta. Ubicado en la calle Benidorm, han llegado a estar bajo el mismo techo hasta siete organizaciones distintas registrando, en más de una ocasión, profundas discrepancias entre ellas. 

Otro caso similar es el de la Urbanització Blancafort. En su día,  el consistorio instaló un módulo prefabricado en la zona que usan como local social y que comparten con otro grupo. Un hecho que también provocó conflictos de convivencia. En cuanto a las subvenciones que reciben desde Blancafort, la entidad también ha ingresado recientemente el 70% del presupuesto municipal que fue aprobado y que depende de los eventos que preparan a lo largo del año.

Desde la Federació d’Associacions de Veïns de Reus, su presidente, Marcos Massó, detalla que, en la mayoría de casos, las entidades vecinales usan espacios cedidos por parte del Ayuntamiento, aunque en algunos otros sí que les subvenciona el alquiler del local, eso sí, que suele ser de una cantidad ‘simbólica’. «Si tienen un centro cívico cerca, se pide a los presidentes que lo usen como punto de encuentro, no les van a pagar lo que le valga el alquiler», concluye. 

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