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La entidad Confianza Solidaria ayuda a ochenta familias sin recursos

La labor de la organización, que nació hace tres años en la ciudad, se centra en la ayuda de ´vecino a vecino´, a través de la distribución de alimentos o el intercambio de ropa
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Paloma, madre de seis hijos, es una de las impulsoras de la iniciativa solidaria. Foto: Alba Mariné

Paloma, madre de seis hijos, es una de las impulsoras de la iniciativa solidaria. Foto: Alba Mariné

 

Desde hace tres años la entidad Confianza Solidaria trabaja para ayudar a los demás. Pero no se trata de un apoyo común, sino de lo que ellos llaman «ayuda de vecino a vecino». «Existen otras entidades del tercer sector que contribuyen a paliar las consecuencias de la crisis, pero nuestra ayuda se centra en concienciar a la ciudadanía de que la pobreza es mundial, pero no es propiedad del mundo», explica Paloma Rodríguez, presidenta de la entidad, y quien junto otros voluntarios son los impulsores de este proyecto solidario, que definen como «alternativo y momentáneo». Anualmente, el colectivo atiende a unas ochentas familias.
¿Qué necesitas? Es la primera pregunta que hace Paloma a las personas que se acercan hasta la sede de la entidad, ubicada en el número 18 de la calle Arquitecte Caselles. Se trata de una ayuda «de tú a tú», ya que son los mismos voluntarios los que se benefician de la comida, la ropa y otros recursos a los que tiene acceso la entidad. 
«Vamos periódicamente a los supermercados a pedir ayuda, organizamos actividades benéficas, etc. Con lo que conseguimos llenamos la nevera de las familias, les ayudamos a pagar facturas,… Lo que necesiten», explica la presidenta de la entidad, madre de seis hijos y que con muchas ganas dedica su tiempo a ayudar a los demás. «Estoy disponible todo el día, si me llaman a las doce de la noche porque tienen que comprar un medicamento para su hijo y no tienen dinero, allí estoy para ayudarles», asegura. 
Paloma confiesa que las personas que acuden a la entidad se llaman, entre ellas, «los avergonzados porque son familias de clase media que han bajado a baja y que no están acostumbrados a pedir ayuda cuando la necesitan». Voluntarios y beneficiarios son una gran familia. «Los lunes y los jueves, quienes podemos, comemos juntos así fortalecemos nuestros vínculos», explica Paloma, quien añade que «con la unión de todos y compartiendo nos podemos ayudar». «Lo más gratificante es cuando una familia regresa y te dice que ya no necesita tu ayuda porque ha encontrado trabajo», afirma la presidenta de Confianza Solidaria.
Crecimiento personal
Pero el apoyo de la entidad no se centra sólo en dar comida o intercambiar ropa. Además de cubrir las necesidades básicas y más urgentes de las familias que acuden a la organización, Paloma también realiza una importante labor en lo que se refiere a promocionar el crecimiento personal de las familias, especialmente en aquellos casos en los que urge encontrar un empleo. Este apoyo hace que en algunas épocas del año los beneficiarios de la ayuda desciendan hasta la treintena de familias. «Cuando encuentran trabajo dejan de pedir ayuda, porque son conscientes de que ellos no lo necesitan y otras personas sí», asegura Paloma Rodríguez, quien cifra en tres meses el período en el que una familia puede conseguir un empleo. Aun así considera que hay familias que «no quieren despertar» y que «prefieren seguir tendiendo la mano en busca de ayuda, pero terminarán despertando cuando llegue su momento». 
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sfornos@diaridetarragona.com

Desde hace tres años la entidad Confianza Solidaria trabaja para ayudar a los demás. Pero no se trata de un apoyo común, sino de lo que ellos llaman «ayuda de vecino a vecino». «Existen otras entidades del tercer sector que contribuyen a paliar las consecuencias de la crisis, pero nuestra ayuda se centra en concienciar a la ciudadanía de que la pobreza es mundial, pero no es propiedad del mundo», explica Paloma Rodríguez, presidenta de la entidad, y quien junto otros voluntarios son los impulsores de este proyecto solidario, que definen como «alternativo y momentáneo». Anualmente, el colectivo atiende a unas ochentas familias.

¿Qué necesitas? Es la primera pregunta que hace Paloma a las personas que se acercan hasta la sede de la entidad, ubicada en el número 18 de la calle Arquitecte Caselles. Se trata de una ayuda «de tú a tú», ya que son los mismos voluntarios los que se benefician de la comida, la ropa y otros recursos a los que tiene acceso la entidad. 

«Vamos periódicamente a los supermercados a pedir ayuda, organizamos actividades benéficas, etc. Con lo que conseguimos llenamos la nevera de las familias, les ayudamos a pagar facturas,… Lo que necesiten», explica la presidenta de la entidad, madre de seis hijos y que con muchas ganas dedica su tiempo a ayudar a los demás. «Estoy disponible todo el día, si me llaman a las doce de la noche porque tienen que comprar un medicamento para su hijo y no tienen dinero, allí estoy para ayudarles», asegura. 

Paloma confiesa que las personas que acuden a la entidad se llaman, entre ellas, «los avergonzados porque son familias de clase media que han bajado a baja y que no están acostumbrados a pedir ayuda cuando la necesitan». Voluntarios y beneficiarios son una gran familia. «Los lunes y los jueves, quienes podemos, comemos juntos así fortalecemos nuestros vínculos», explica Paloma, quien añade que «con la unión de todos y compartiendo nos podemos ayudar». «Lo más gratificante es cuando una familia regresa y te dice que ya no necesita tu ayuda porque ha encontrado trabajo», afirma la presidenta de Confianza Solidaria.

Crecimiento personal

Pero el apoyo de la entidad no se centra sólo en dar comida o intercambiar ropa. Además de cubrir las necesidades básicas y más urgentes de las familias que acuden a la organización, Paloma también realiza una importante labor en lo que se refiere a promocionar el crecimiento personal de las familias, especialmente en aquellos casos en los que urge encontrar un empleo. Este apoyo hace que en algunas épocas del año los beneficiarios de la ayuda desciendan hasta la treintena de familias. «Cuando encuentran trabajo dejan de pedir ayuda, porque son conscientes de que ellos no lo necesitan y otras personas sí», asegura Paloma Rodríguez, quien cifra en tres meses el período en el que una familia puede conseguir un empleo. Aun así considera que hay familias que «no quieren despertar» y que «prefieren seguir tendiendo la mano en busca de ayuda, pero terminarán despertando cuando llegue su momento». 

 

 

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