La estación central intermodal de.... La Plana

Tren. El singular barrio de Vila-seca, vecino de los del sur de Reus, parece que va a convertirse en el epicentro ferroviario del territorio

JOSEP CRUSET

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El barrio de La Plana, un núcleo formado por las parcelas construidas en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. foto: pere ferré/DT

El barrio de La Plana, un núcleo formado por las parcelas construidas en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. foto: pere ferré/DT

La estación de La Plana-Picamoixons ha sido desde siempre un punto de referencia en el mapa ferroviario del territorio, pese a no estar ubicada junto a ningún gran núcleo de población. De hecho, incluso está separada de los dos pueblos que le dan nombre y que actualmente pertenecen a Valls. Pero es el punto donde la línea de Lleida se bifurca hacia Reus y Tarragona, por una vía, y Valls y Sant Vicenç de Calders, por la otra. Las paradas y transbordos en La Plana-Picamoixons son un clásico de los viajes en tren.

Cuando está punto de cumplirse un siglo y medio de su entrada en servicio, parece que habrá que familiarizarse con otra La Plana, en este caso de Vila-seca, en cuyas proximidades se cruzan la nueva línea férrea del Corredor del Mediterráneo y la convencional de Reus a Tarragona. Y todo apunta a que esta intersección, y no el enclave inicial al sur del aeropuerto, va a albergar la celebérrima estación central intermodal del Camp de Tarragona, si finalmente se hace realidad tras más de veinte años mareando la perdiz.

El Ministerio de Transportes se decanta por esta solución, la Generalitat la ve con buenos ojos y hasta la fecha no han surgido voces discrepantes entre los alcaldes del pacto para impulsar las infraestructuras del Camp de Tarragona. Las asociaciones en defensa del transporte público también apuestan decididamente por la propuesta.

El proyecto dota de más funcionalidad al sistema ferroviario al conectar la alta velocidad con la línea convencional, a la vez que no altera su centralidad ni su intermodalidad, ya que la distancia para enlazar la estación con la terminal del aeropuerto no se incrementa significativamente.

En realidad, el emplazamiento se mueve poco más de un kilómetro, pero la nueva ubicación cae en un término municipal distinto del anterior. El matiz geográfico tiene su miga, porque la estación no sólo pasa de Reus a Vila-seca, sino también del Baix Camp al Tarragonès. Y estas cosas no siempre han sido inocuas, por irrelevantes que resulten para los futuros usuarios. Así nos lo recuerdan los antecedentes. Los pocos cientos de metros que hacían que el solar inicialmente elegido al sur del aeropuerto perteneciese al término municipal de Reus y no al de Tarragona influían en las percepciones sobre el asunto.

En la era de las vacunaciones, uno de los beneficios del pacto territorial sobre infraestructuras ha sido su efecto vacuna contra discordias localistas. Aunque, como en toda vacuna, la clave es ver hasta dónde llega su eficacia y hasta cuándo se prolonga.

Parcelas por cupones

Más allá de las grandes cuestiones relativas a la movilidad, si la decisión se confirma supondrá un antes y un después en la ya de por si peculiar historia de La Plana, el barrio de Vila-seca que linda con el casco urbano de Reus. Los terrenos agrícolas del sur de La Plana pueden ver como de la nada surge una gran infraestructura de transporte, como de la nada surgió la barriada hace 70 años.

En 1950, la inmobiliaria barcelonesa Fincas La Floresta adquirió diversos terrenos en Reus y Salou para parcelarlos y venderlos. Eran Mas de Pelayo y Colonia Cros, en Reus; Torre Vella, en Salou; y La Plana, que se publicitaba como Reus, pero pertenecía al término de Vila-seca y Salou, que entonces formaban un único municipio.

Los interesados recibían una libreta acumuladora en la que pegaban los cupones que obtenían por comprar en diversos comercios de la ciudad. Estos sellos eran intercambiables por palmos cuadrados de terreno en las fincas de La Floresta. El precio en efectivo en La Palma –que era donde las parcelas eran más baratas– salía a 40 céntimos de peseta el palmo cuadrado, y 50 céntimos si se pagaba a plazos durante seis años.

La segunda parcelación

El historiador David Melero, en su libro sobre los orígenes de La Plana, explica que la segunda parcelación, más numerosa, la promovió Joan Pujol i Ferré en 1961, después de adquirir la finca Mas Colom para trabajar de agricultor granjero. Esta segunda fase coincidió con las grandes oleadas migratorias. Los nuevos pobladores procedían mayoritariamente del sur de España y habían llegado para trabajar en Reus o Salou, que vivía un fuerte desarrollo turístico e inmobiliario. El vecino barrio Montserrat de Reus ya se había formado y llenado también de parcelas, y la necesidad de vivienda asequible en la zona no paraba de crecer. Pujol dividió su terreno en solares de 140 metros cuadrados que costaban 12.000 pesetas, de las cuales se pagaban mil al contado y el resto en cuotas mensuales de 150 pesetas.

La tipología constructiva propia de esos tiempos es la que sigue caracterizando a La Plana. El contraste con una moderna estación ferroviaria en sus alrededores sin duda será llamativo, si finalmente se hace realidad. Caprichos de la historia, el barrio ya había tenido dos apeaderos a su lado: las paradas de la Bassa del Just y de la Primera Caseta, en la vía del antiguo Carrilet de Reus a Salou.

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