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La oportunidad de las hortalizas ‘imperfectas’

Solidaridad. Una veintena de voluntarios recolectan verduras que no cumplen 
los estándares que exige el mercado y serán destinadas a entidades sociales

MONTSE PLANA

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Voluntarios espigando zanahorias en los terrenos del Baix Camp en los que trabaja Ramon. FOTO: Alba Mariné

Voluntarios espigando zanahorias en los terrenos del Baix Camp en los que trabaja Ramon. FOTO: Alba Mariné

«El brócoli tiene que pesar entre 200 y unos 600 gramos para poder ser comercializado. Si las medidas son inferiores, queda descartado. No lo puedes vender a pesar de que la calidad es igual de buena que otro ejemplar que esté dentro de los parámetros». Josep Ramon Cots es productor en la Cooperativa Artesa y lamenta profundamente que parte de las cosechas quede relegada por una cuestión estética, y más aún en una situación como la actual, en la que las familias que no llegan a final de mes han aumentado de forma exponencial a raíz de la crisis sanitaria del Covid-19.

Por suerte, las hortalizas descartadas representan, a la vez, una oportunidad social. Ramon lo sabe y no dudó en ponerse en contacto con la fundación Espigoladors para que voluntarios espigaran cinco hectareas ubicadas en la zona entre Vinyols i els Arcs y el Parc Samà. La finalidad: repartir las hortalizas que no cumplen con los estándares entre entidades sociales, del Baix Camp, pero también de Barcelona.

Un total de 18 voluntarios a título individual (cinco de los cuales de Creu Roja) acudieron ayer a la finca en la que trabaja Ramon para participar en la recolecta de las hortalizas que habían quedado descartadas, lo que se conoce como espigar. «Es una tarea que se ha hecho toda la vida y que ahora pocos la conservan», empezaba explicando Marc Farrés, de Espigoladors. Ubicados en El Prat de Llobregat, trabajan en prácticamente todo el territorio. Y es que fundaciones como la suya que atiendan las necesidades de espigar, prácticamente no existen.

Tras una breve explicación por parte de Marc, los voluntarios se dividieron en dos grupos de nueve personas y cada uno fue derivado a un campo distinto: unos a recoger brócolis, el resto, a recoger zanahorias e hinojo. Equipados con mascarilla, cada voluntario recibió guantes de trabajo previamente desinfectados, cajas para ir depositando las hortalizas y un peto «para que nos identifiquen como voluntarios, que no nos confundan con ladrones», bromeó Marc. Tras dar todas las instrucciones, ¡manos a la obra! Pasaban ya de las nueve y media de la mañana y quedaban por delante tres horas de duro trabajo.

Una voluntaria cargando con una caja de brócolis, que serán destinados a entidades sociales. FOTO: ALBA MARINÉ

«No se trata de hortalizas defectuosas, sino que es su propia naturaleza», insistía Ramon. Los productos de la cooperativa son ecológicos, libres de pesticidas, y este productor se muestra indignado con la estética que rige el mercado. «Tendríamos que cambiar. Que el modelo sea más racional y no tanto de cara a la galería. Los consumidores se tienen que concienciar», reflexionaba.

En beneficio de entidades

Pero las hortalizas recogidas ayer no serán desperdiciadas, sino que llegarán a personas vulnerables. Como explicaba el coordinador local de Creu Roja Reus, Joan Aragonès, las hortalizas cosechadas serán entregadas al Taller Baix Camp, «que se encargarán de hacer una selección y, finalmente, se repartirán entre distintas entidades del territorio, una de ellas, Creu Roja», detallaba.

Pero Creu Roja no únicamente recibirá parte de cosecha, sino que ayer participó activamente en espigar las cinco hectáreas. «Teníamos más de una veintena de voluntarios dispuesto a ayudar, pero hemos tenido que hacer una selección», comentaba el coordinador de Reus, que se mostraba muy satisfecho de la exitosa respuesta. Joan remarcaba la suma importancia de acciones como esta «en una emergencia sanitaria como la que estamos viviendo. La demanda de alimentos se ha disparado». Por su parte, Marc Farrés, de la fundación Espigoladors, recordaba que un tercio de alimentos producidos se acaban tirando, «y en Catalunya, más de un 20% de la población está en riesgo de pobreza», remarcaba. La fundación, sin ánimo de lucro, se creó en 2015, tras la última crisis económica. Desde entonces trabajan incansablemente espigando.

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