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La primera familia 'okupa' del piso del barrio Fortuny rehace su vida

Tras un año del desahucio, viven con su niña de 8 años en un piso de la iglesia de L'Assumpció y logran un contrato de trabajo
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María José Sotos y María Mata, voluntaria de la PAH, en el día que la familia ocupó la casa del barrio Fortuny, en abril del año pasado. Foto: DT

María José Sotos y María Mata, voluntaria de la PAH, en el día que la familia ocupó la casa del barrio Fortuny, en abril del año pasado. Foto: DT

«Cuando pude ponerle ropa a mi niña con olor a detergente me saltaron las lágrimas de alegría», cuenta María José, la madre de la familia que fue desahuciada hace prácticamente un año, el 25 de abril de 2014.

Pasar de vivir en una casa con tres plantas, tener un coche y una vida holgada a ocupar un piso y pedir comida a Càritas parece imposible de digerir y más si uno tiene a su cargo una niña de 8 años, criada hasta entonces entre algodones. Cuando la familia Sangenís-Sotos creía que las cosas no podían ir peor la suerte se puso, de una vez por todas, de su parte y logró con su esfuerzo poder pagar el alquiler social de un piso que les permitió salir de la casa que ocuparon, con la ayuda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca Reus-Baix Camp (PAH), en la calle Cantàbric, del barrio Fortuny. «Mi marido tenía una empresa de reformas y construcción y se quedó sin trabajo. Yo soy peluquera y tampoco tenía y nos lo vendimos todo. Desde el coche hasta las joyas, incluso la alianza de casados», cuenta angustiada María José. «Siempre digo que ocupamos por nuestra hija», afirma.

Tras la ocupación -fue la primera familia de Reus que la PAH ayudó- vinieron cuatro meses muy duros. Vivían sin agua caliente, amigos de la familia les lavaban la ropa y les cocinaban porque no tenían ni siquiera cocina. «La primera noche cuando me vi rodeada de cajas y en aquella casa llena de suciedad pensé que no nos podía suceder aquello a nosotros. De tres plantas amuebladas sólo me quedó una tele y una mesa», explica.

Pero quien la sigue la consigue y este matrimonio, tentado de tirar la toalla no lo hizo nunca. Salvador, el padre de familia, hizo un curso de la ONCE y a la espera de encontrar trabajo, cuando ya disponían del dinero, a través de Serveis Socials y Càritas, para poder pagar tres mensualidades de un alquiler, se encontraron con lo que María José llama su ángel. Fue el cura de la parroquia de L’Assumpció de Reus. «Un día hablando con nuestra asistenta social pasó por allí el párroco, Pep Moreno, y le comentó nuestro caso», asegura María José.

Desde setiembre que viven en el piso del rector de la parroquia con un alquiler social de 250 euros. «Sin contrato de trabajo, ni ingresos, Pep nos ayudó», cuenta María José. Y al cabo de tres meses, Salvador encontró trabajo vendiendo cupones de la ONCE. «Con el contrato de seis horas de Salva y mi ayuda mensual de 426€ de la Renta Activa de Inserción (RAI) empezamos a ver la luz», comenta la luchadora y también voluntaria de la PAH.

 

«Se aprovecharon»

Desde la creación de la PAH de Reus en octubre de 2013, la plataforma ha ayudado a más de 15 familias de la comarca pero también se ha encontrado con algún fiasco. De hecho, se ha desvinculado de una familia que ocupó el primer piso del edificio de la calle Cantàbric (propiedad del SAREB) hace un año y que aún vive allí. «Nos empezaron a contar mentiras. Les han ofrecido viviendas compartidas, sabemos que no hacen caso de Serveis Socials y que cobran en negro y de la RAI», cuenta Magda Martínez, la portavoz de la PAH. «Se aprovecharon», asegura. Una conducta que Martínez tacha de «falta de respeto para la plataforma formada por personas voluntarias».

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