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La temperatura ha aumentado casi 3ºC en los últimos 70 años en el centro de Reus

En el tejado del Centre de Lectura hay un observatorio meteorológico. Se tienen datos desde 1949, aunque se tiene constancia que el centro ya existía en los años 20 del siglo XX

Montse Plana

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Jordi Bruno, en el tejado del Centre de Lectura, donde está ubicado el observatorio meteorológico. FOTO: Alfredo González

Jordi Bruno, en el tejado del Centre de Lectura, donde está ubicado el observatorio meteorológico. FOTO: Alfredo González

En la cuarta planta del edificio del Centre de Lectura de Reus, en el número 15 de la calle Major, hay uno de los ‘secretos’ mejor guardados de la ciudad: un observatorio meteorológico, con datos ininterrumpidos desde 1949. Jordi Bruno es quien actualmente lo gestiona. Lo hace desde hace más de 30 años, pero él no fue el primero. «Se sabe que la sección de ciencias del Centre de Lectura se fundó en 1927 y, de hecho, aún guardamos algún barómetro de la época, aunque ya no funciona», explica Jordi. No obstante, las cifras registradas entre los años 20 y 30 se perdieron durante la Guerra Civil y la actividad no se reprendió hasta 1947 de la mano de Doctor Aiguadé. 

Revisando algunas cifras, Jordi extrae una conclusión clara «que coincide totalmente con Meteocat», dice. Y es que la temperatura, en la ciudad de Reus, ha aumentado en los últimos años. En concreto, los termómetros de la capital del Baix Camp marcan, actualmente, prácticamente 3 grados centígrados más que 70 años atrás. «El aumento global en Catalunya ha sido de 2,5ºC y, en Reus, estamos algo por encima, situándonos a los 2,6 ºC», explica. Más concretamente, la tendencia es que la temperatura suba 0,27 grados cada diez años, un aumento que es aún más acusado en verano. «Una de las consecuencias es que cada vez tenemos más noches tropicales, que es cuando la temperatura no baja de los 20 grados. Incluso hay noches en las que no bajamos de los 25», remarca Jordi Bruno. En agosto, por ejemplo, la máxima en 1949 fue de 35 grados, mientras que en 2018 fue de 37,8. En cambio, las temperaturas mínimas de agosto han fluctuado poco: en 1949 fue de 18ºC y el año pasado, de 17,8. Lo que tampoco ha variado de forma sustancial es la lluvia. «El total anual sigue, más o menos, una tendencia similar, con años más lluviosos y otros más secos. Lo que sí que se observa es que las precipitaciones están peor distribuidas, con meses muy secos y en otoño, lluvias más torrenciales», dice. En este sentido, en 2018, del total de 759,9 litros por metros cuadrados, 294 cayeron en octubre.

Al lado de la Prioral

Subiendo unas estrechas escaleras, Jordi Bruno llega al tejado del edificio del Centre de Lectura. Con unas vistas privilegiadas de la Prioral de Reus, el mar y toda la ciudad, aquí es donde están todos artilugios que informan sobre el tiempo de Reus: desde termómetros a pluviómetros (para medir la cantidad de lluvia), pluviógrafo (para saber en qué hora ha llovido), heliógrafo (intensidad de los rayos del sol), anemómetros (velocidad del viento), un registrador de humedad... Algunos de ellos son cedidos por parte del Meteocat y Aemet y otros son propiedad del Centre. Prácticamente todos están conectados a la estación automática ubicada en el cuarto piso. No obstante, Jordi Bruno sube a diario a revisar los datos, la mayoría de los cuales son enviados al minuto al Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat) y a la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) –en este último caso, de forma mensual. Revisa todo el material cada día a las siete de la tarde. Es en este momento que Jordi observa cuál ha sido la temperatura máxima del día –a través de un termómetro de mercurio– y la temperatura mínima, con un termómetro de alcohol. 

Cada uno de los medidores envía señales de radio a un receptor ubicado en la planta de abajo, donde todas las cifras quedan registradas automáticamente. Se trata de una habitación pequeña, donde las antiguas radios que se usaban para recibir los mapas meteorológicos conviven con los receptores modernos. Incluso hay un MS-DOS que deja constancia al minuto de la lluvia que cae, «aunque hace días que es una línea plana», señala Jordi Bruno. Su objetivo es claro: «No se puede dejar perder esta serie de 1949». «Con las nuevas tecnologías, ya prácticamente no se tiene que hacer nada», remarca.

«Esta afición es de nacimiento»

Jordi Bruno tiene 58 años y su trabajo está focalizado en una empresa dedicada a los frutos secos. No obstante, la mitad de su vida la ha dedicado a la meteorología, una afición que asegura que es de «nacimiento». Todo surgió a raíz de su radioafición. «A través de radio, recibíamos los mapas del tiempo. Unos mapas que tardaban unos 10 minutos a imprimirse», recuerda Jordi. A partir de aquí, su afición fue en aumento y poco a poco fue aprendiendo lo que era la meteorología. Jordi Bruno cogió las riendas del observatorio del Departament de Meteorologia del Centre de Lectura de Reus en los años 80 y, desde entonces, él es el único que se encarga de la estación. «Con Internet, ya nada tiene que ver», subraya.

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