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La última muralla de Reus resiste entre bloques de pisos

La construcción de viviendas del Forn del Soto discurre cerca del vestigio del siglo XIX. El Ayuntamiento promete preservarlo

MÓNICA PÉREZ

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El tramo de muralla liberal en el solar donde se hacen las obras. FOTO: Fabián Acidres

El tramo de muralla liberal en el solar donde se hacen las obras. FOTO: Fabián Acidres

La construcción de nuevos bloques de pisos en la isla entre la calle del Roser y la de Vilallonga mantiene al descubierto los restos de muralla liberal identificados por primera vez sobre el terreno en 2018. Quien, en aquel momento, se percató de la presencia de un lienzo y tramos de este sistema de defensa levantado alrededor de 1837 fue el arqueólogo Jaume Massó. Hasta entonces, la existencia de la muralla era conocida en base a documentos de la época y a la referencia de la inmediata calle de la Muralla, pero la demolición de la antigua fábrica de jabones Magrané la sacó a la luz.

En julio del año pasado se pusieron en marcha las obras para generar dos docenas de viviendas en ese mismo solar, en lo que el Ayuntamiento denomina Forn del Soto. Poco antes, el gobierno municipal y la promotora acordaron redefinir el proyecto de los edificios para apartarlos unos metros más de la muralla y posibilitar, de esa manera, su conservación.

Coincidiendo con ello, desde Urbanismo se apuntó la voluntad de que la muralla liberal permanezca a la vista y se detalló que no se descartaba la ejecución de algún modelo de puesta en valor similar al que se llevó a cabo en El Pallol con la muralla medieval. Fuentes municipales remiten ahora al acuerdo para que los pisos del Forn del Soto respeten la muralla, recuerdan que la construcción de inmuebles aún está en marcha e indican que la forma en que este vestigio del siglo XIX se preservará todavía no se ha definido.

De la guerra Carlista al cemento

Los trabajos dejan estos días la curiosa imagen de baldosas, vigas, tuberías, ladrillos y hormigoneras dispuestos justo al lado de la fortificación, que está hecha de cal y canto. Los restos se encontrarían pendientes de evaluación e informe para su hipotética catalogación.

Massó explica que la muralla, que ahora resiste entre bloques de pisos, tiene «una altura visible de aproximadamente cuatro metros y un grosor de unos 40 centímetros, con muchas aspilleras por donde se asomaban fusiles». El mismo día que la vio, el museólogo le comunicó el hallazgo al arquitecto municipal de Reus, Gabriel Bosques, y a la arqueóloga territorial de la Generalitat, Imma Teixell.

Citando al onomatólogo Ramon Amigó, Massó apunta que «parece que la muralla empezó a edificarse en 1837, en la primera guerra Carlista a raíz de la cual también se fortificó la ermita de Santa Anna, en Castellvell, y el Mascalvó». Su función, dadas las características que la acompañan, era primordialmente «disuasoria». Esta fue «la última muralla de Reus; luego no se hicieron más porque no fueron necesarias».

Sobre el valor de estos tramos, el historiador precisa que «es importante conservarlos porque son elementos arquitectónicos destacables e importantes» y concreta que «quizá también vale la pena que la historia de la muralla quede reflejada de alguna manera». Restos así «deben inventariarse y catalogarse, tienen que tener un reconocimiento para tener una protección», especifica Massó, que dice que «probablemente cuando finalicen las obras y se haga el vial previsto allí la muralla quede visible, que es una cosa que se puede hacer perfectamente».

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