Las discotecas reusenses arrasan con la venta de entradas para Fin de Año

Locales como La Fàbrica, New York o Sabana lanzan sus propuestas para Nochevieja y logran buena acogida con mucha más antelación. Garantizan el reembolso si el virus cancela la fiesta

MÓNICA PÉREZ

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El mostrador de la Sala New York, donde muchos de los clientes habituales ya se han hecho con el tique para el 31 de diciembre. FOTO: A GONZÁLEZ

El mostrador de la Sala New York, donde muchos de los clientes habituales ya se han hecho con el tique para el 31 de diciembre. FOTO: A GONZÁLEZ

«Hace solo una semana o dos que empezamos con las entradas y son muchas las que hemos vendido», explica el gerente de la discoteca La Fàbrica, Josep Maria Tintorer, que añade que «esta vez, nos las están pidiendo con gran antelación y la verdad es que las reservas realmente van a buen ritmo». Su local es uno de los que ya ha anunciado que habrá fiesta de Nochevieja este 31 de diciembre. El sector en Reus se anima a recuperar una fecha clave que el año pasado la Covid-19 no permitió celebrar. Y lo hace alentado en parte por la inercia positiva de los últimos eventos: «Parece que hay muchas ganas. Por ejemplo, por Halloween, que siempre había sido un día en que la gente se buscaba otros planes en masías o estaba más con la familia, en esta ocasión trabajamos con el aforo completo», apunta Pep Vila, propietario de Sabana, que también lanzará en breve su oferta para fin de año. Desde la Sala New York, que abrirá justo después de las campanadas, la responsable del negocio, Loli Alcaide, recuerda que «antes de difundir el cartel definitivamente, lo pusimos en ‘stories’ con una oferta y mi teléfono echaba humo; todo el mundo tiene muchas ganas de divertirse».

Aún con mes y medio por delante, y pese a las consecuencias que el actual repunte de contagios pueda comportar, los empresarios del ocio nocturno se muestran optimistas y confían en que «no volveremos a llegar a un escenario de cierre». Además, tal como indica Vila, «si no nos dejan abrir, habrá fiestas alternativas y botellones, mientras que nosotros sí tenemos controles». Convivir con la pandemia les ha dado conocimientos y cintura para afrontar el baile de restricciones. En este sentido, Tintorer expresa que los establecimientos que ya promocionan la Nochevieja «vendemos un producto a bastante tiempo vista» y asegura, igual que el resto, que «si la fiesta no se pudiera hacer, las entradas tendrían que devolverse sin problemas para el cliente». De hecho, en el grueso de contrataciones para este tipo de eventos suelen incluirse ahora cláusulas ligadas al virus. «Pienso que todo va a ir bien. ¿Puede ir peor de lo que ha ido? No. Y estamos aquí», añade Alcaide.

En las propuestas que programarán, los locales no han previsto grandes novedades. Se trata de regresar a una Nochevieja lo más parecida posible a la de 2019, la última antes de la pandemia, y «lo que quiere la gente es sentir la normalidad, volver a disfrutar de lo que tuvo». La Fàbrica puso a la venta entradas en tres ediciones, a entre 30 y 45 euros con consumiciones incluidas. En su página web, la primera tanda ya figura como agotada. Por su parte, en la New York, ofrecieron 50 entradas a 18 euros y, a partir de ahí, el precio oscila entre los 20 y los 30, según la web, con varias opciones de bebidas y cotillón. En cuanto a Sabana, Vila precisa que, también, próximamente «iremos sacando entradas por fases» para ceñirse a los requerimientos si se producen cambios en el aforo –que ahora se fija en un 80% para interiores– y refuerza las buenas perspectivas: «No contemplamos la posibilidad de que no se pueda abrir, en el resto de Europa se está manteniendo la actividad». Además, «la fiesta no será muy diferente a lo que había, en el sentido de que quienes vienen lo hacen porque buscan unas cosas concretas que conocen y las encontrarán».

El temor a quedarse sin entrada ante una avalancha de reservas o a que algunos establecimientos que habitualmente lo hacían decidan no programar celebraciones para 2022 ha empujado a muchos a hacerse con su tique antes de lo habitual. Para acceder a las fiestas de Fin de Año, igual que para entrar a los locales de ocio nocturno en cualquier otro momento, es necesario mostrar el certificado Covid y el DNI y llevar mascarilla, más allá de adaptarse a las limitaciones y otras medidas de prevención que estén vigentes en el momento.

En este aspecto, Tintorer detalla que «la mayoría ya lo sabe, lo tienen en cuenta y muestran el certificado sin más complicación, aunque a veces hemos tenido pequeñas dificultades con personas de fuera de Catalunya porque el sistema no lo coge igual». Lo mismo opina Alcaide, que dice que «la gente es bastante disciplinada y ya sabe que ahora esto es lo que toca». El proceso de compra de las entradas para disfrutar de la noche del 31 recuerda las normas e insiste en que conviene preparar la documentación requerida antes de presentarse en la puerta. En general, los establecimientos no han tenido que ampliar plantilla para adaptarse a los nuevos controles, que «al final son bastante ágiles».

Nochevieja también es una fecha relevante para la caja. «Nos dará un empujón seguro, y lo cierto es que seguramente a todos nos hace falta y nos vendrá bien, y tenemos que aprovecharlo», opina Alcaide. Aunque el evento comporta para los locales una inversión superior a la ordinaria, tanto en decoración como en salarios, entre otros, compensa. «Se factura más que un fin de semana cualquiera», expresa Vila. El propietario de Sabana también ha constatado un cierto cambio de tendencia en la manera en que la gente festejará el estreno de 2022. «Parece que hasta ahora, o al menos en los últimos tiempos, estaba teniendo fuerza la opción de irse a una casa rural, o alquilar algo por ahí en grupo, pero que después de lo que ha representado el último año mucha gente quiere volver a la fiesta», relata. Y es que «se ve que la gente lo está esperando».

Si los aforos restringidos y el certificado Covid no serán un inconveniente para que haya celebraciones, «tampoco lo será la cuestión de los suministros de bebidas: puede ser que alguna marca específica no la tengamos, de algo muy concreto, pero la gente no se va a quedar sin poder beber», explica el gerente de La Fàbrica, y también Alcaide considera que «son solo un par de marcas las que pueden ser más difíciles, pero si no hay esas tenemos otras; a veces se genera una psicosis de que va a faltar algo y entonces todos vamos a comprar y lo agotamos».

La reapertura del ocio nocturno que se produjo hace pocos meses ha dado algo de aire a los negocios. Llegados a este punto, «en mi caso, por ejemplo, yo casi no salgo del trabajo; estoy tratando de apretar durante estas semanas, echándole muchas horas para que podamos rehacernos de todo el tiempo que estuvimos parados y de lo que eso significó para todos», explica la responsable de la Sala New York. Aun así, las sensaciones son positivas ya que «estamos teniendo mucha faena, quizá más de la que me podía esperar, y eso nos alegra mucho porque ha habido momentos en que de verdad lo hemos visto todo muy negro».

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