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Reus Societat

Las entidades sociales de Reus sufren en verano para poder ayudar a los más necesitados

Cáritas Reus y el Banc d’Aliments se las apañan en agosto para prestar los mismos servicios pero con menos recursos

JORDINA SALVAT / ISABEL LIMÓN

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El comedor social que gestiona Cáritas de Reus mantiene la misma afluencia de usuarios en verano. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El comedor social que gestiona Cáritas de Reus mantiene la misma afluencia de usuarios en verano. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Durante los meses verano, la vida en Reus parece que se detiene. Las calles están mucho menos concurridas, algunas empresas cierran y la gente se va a la playa. Pero las necesidades sociales no entienden de vacaciones. El Banc d’Aliments de les Comarques de Tarragona sufre todos los veranos para alcanzar el mismo reto, servir la misma cantidad de alimento a comedores sociales pero con menos entrada de producto.

Los proveedores habituales del Banc de Aliments son centros educativos, clubes deportivos y asociaciones que, a partir de julio, dejan de operar y, por lo tanto, de contribuir. En cambio, los usuarios de este servicio social no disminuyen. El coordinador provincial de Banc d’Aliments, Òscar Ologaray, explica que desde la fundación trabajan para paliar la situación a través anticipándose al problema. A finales de mayo lanzaron la campaña ‘El hambre no hace vacaciones’, con la que buscan que las fiestas de final de curso de los colegios o las comidas populares de fiesta mayor participen de acciones benéficas para la recogida de alimentos. Con estas acciones, y los alimentos que reservan durante todo el curso, el Banc d’Aliments puede «ir tirando» los meses de julio y agosto. Por suerte, los supermercados, columna vertebral, siguen donando durante este período.

180 menús diarios

En el número once de la calle de la Puríssima Concepció, la afluencia de usuarios en Cáritas es regular respecto a otras épocas del año. El responsable del recinto, Joan Bayarri, asegura que estos meses perciben falta de alimentos. A pesar de esta realidad, Bayarri explica que se las están arreglando como pueden para poder ofrecer un total de 180 menús diarios a los más necesitados. El comedor social de la calle Francesc Bartrina recibe suministros tanto del Banc d’Aliments como y de ‘súpers’ de la ciudad. Es a partir de estos recursos con los que atienden a las personas.

Para solucionar la falta de voluntarios de estos meses, algunas escuelas organizan grupos de alumnos que los sustituyen y llevan a cabo las tareas que se precisan. «Los usuarios agradecen mucho que en verano acudan otras personas a servirles. Llenan de vida el comedor» afirma Bayarri.

El 25% de la dieta necesaria

El Banc de Aliments reparte a través de 150 entidades 2’5 millones de kilos de comida en un año. Una cifra que hay que dividir entre las 25.000 personas que reciben la ayuda, y que sólo suponen el 25% de los alimentos que se necesitan para una dieta equilibrada. «El beneficiario recibe 90 kilogramos, pero la cantidad media que necesita una persona, es de uno 400», explica Ologaray. Una cantidad que, como mínimo, les sirve para «dignificar la pobreza», ya que este aporte permite a algunas familias destinar un poco de dinero a poder llevar a cabo actividades para integrarse en la sociedad.

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