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'Los dardos son tradición'

Entrevista con Rubén Moreno, propietario del Bar Olympic de Reus

Cristina Valls

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Moreno regenta junto a su padre el Olympic. FOTO: A. GONZÁLEZ.

Moreno regenta junto a su padre el Olympic. FOTO: A. GONZÁLEZ.

Dardos, vermut y mucho compañerismo. Estos son los tres elementos que caracterizan al bar Olympic. De hecho, Rubén Moreno hijo, dice estar de lo más orgulloso. Junto a su padre, han pasado cerca de 19 años regentando el local. «Desde siempre se había llamado Olympic, tenemos constancia que lo fundó un hombre que fue militar. A los catorce años, empecé a combinar los estudios con el negocio familiar», comienza a relatar Rubén. Su padre, por aquel entonces, tenía una gran experiencia en el terreno de las pizzas, pues mucho antes había sido encargado de una pizzería muy popular en Cambrils.

Además, se había dedicado al mundo de la hostelería toda la vida. «Mi padre decidió aprovechar su experiencia y empezamos a elaborar pizzas. Crecimos y cogimos otro bar en el barrio Niloga», continúa. Aun así, y con el paso del tiempo, lo traspasaron y se dedicaron por completo al bar Olympic, que pasó de ser pizzería a convertirse en brasería. «Después de tanto cambio, y a medida que fui creciendo, nos metimos de lleno en el mundo de los dardos. De hecho, aquí los dardos son tradición», constata. Una práctica que hace unos años vivió sus años más dorados. «Llegamos a tener hasta tres o cuatro máquinas de dardos. Hemos participamos en campeonatos de España y de Cataluña. Con el tiempo, hemos ido bajando el ritmo, porque mucha gente empezó a tener hijos y decidimos recortar un poco las horas de juego», explica recordando largas jornadas de diversión.


Pasarela de premios
Entrar en el Olympic es entretenido, pues a los largo de las estanterías que descansan tras la barra, se pueden ver hileras de copas y premios. Han llegado a regalarlas de la cantidad que habían almacenado. «Llegamos a tener durante un tiempo hasta 10 equipos jugando semanalmente, además de otros 10 que venían de fuera», se pone a contar Moreno. Se sigue manteniendo la afición, pero ahora «dedicamos más horas al entrenamiento y no la competición».

Tuvieron incluso campeones mundiales especialistas en máquina de dardos. «Recuerdo que llegamos a tener un especialista que triunfó en Shangai. La gente se mueve mucho en este deporte», dice contento. Cada jugador, además, tiene un alias. A Rubén, por ejemplo, al tener el mismo nombre que su padre, lo conocían como a ‘Rubén peque’. Se creaban a partir de la forma de jugar de la persona y de las peculiaridades que desarrollaban en el momento de tirar a diana.

Una de las peculiaridades del local es su terraza. «No todas pueden presumir de tener sol siempre y dar al Parc Sant Jordi. Eso nos trae mucha gente», destaca el también camarero. Para los clientes habituales, los bocadillos de un euro de la mañana son un éxito imperdible y para la hora del aperitivo, la familia de los Moreno elabora un especie de súper vermut. «En lugar de vaso ponemos una gran copa», presume enseñando una acabada de preparar. También reciben encargos de meriendas para muchas batucadas, donde suman adeptos.

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