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Los defensores del aeropuerto

Los más de 50 vuelos de este fin de semana hacen que los 14 halcones del Aeropuerto de Reus tengan más trabajo que nunca para garantizar la seguridad aérea de las instalaciones
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José Manuel Márquez observa al halcón ´Alba´ antes de que este ponga en práctica su vuelo rutinario.  Foto:  Alba Mariné

José Manuel Márquez observa al halcón ´Alba´ antes de que este ponga en práctica su vuelo rutinario. Foto: Alba Mariné

Guardas de seguridad, agentes y puertas de detección de metales son las bazas más conocidas de la seguridad de los aeropuertos. Aun así, hay parte de esta seguridad que no conocemos y que, curiosamente, reside en el mundo animal. Concretamente, en los halcones.

Estas aves representan una parte esencial e imprescindible de la seguridad aérea del Aeropuerto de Reus, puesto que se encargan de ahuyentar la presencia de aves que puedan poner en peligro el tránsito aéreo de esta zona. «La presencia de los halcones en el aeropuerto es imprescindible, pues contribuye a evitar problemas aéreos y está demostrado que es el mejor sistema para mantener la zona del aeropuerto sin la aparición de aves que obstaculicen los despegues y aterrizajes», explica Jonathan Alonso mientras observa a los halcones en la tranquilidad de sus jaulas.

Alonso y José Manuel Márquez son los únicos integrantes del equipo de gestión de fauna del Aeropuerto de Reus y bajo su supervisión está el cuidado, la alimentación y el bienestar de los halcones. Alonso equipara su trabajo al frente del equipo de gestión con el de un preparador físico, ya que adiestra a las aves con una minuciosa preparación y proyecta su organigrama físico diario. Vuelos de mantenimiento para tener a los halcones en unas condiciones físicas decentes, una alimentación que persigue el objetivo de mantener un peso óptimo para el vuelo, tareas de adiestramiento y la corrección de comportamientos, son parte irremplazable para el sustento físico de los halcones.

 

Tensión

Esa preparación sirve para mantener al halcón en tensión pero también para disponer de ellos en los casos más extremos. Y es que los 14 halcones que forman parte del equipo reusense comparten una peculiaridad que raramente ponen en práctica: la caza. «En algunos casos se tienen que realizar capturas, a causa de especies que son más insistentes o de grandes migraciones que no nos dan otra opción», comenta Jonathan Alonso mientras remarca la excepcionalidad de un caso como este.

Como en una empresa, en las jaulas también existe una jerarquía. En base a edad y a experiencia, los halcones que poseen las mejores condiciones tienen la capacidad de solventar las situaciones más críticas. Este es el caso de ‘Vendetta’, el máximo exponente de la bandada reusense - cuyo nombre nos remite a aquel estado de enemistad que ha aparecido en tantas y tantas películas -, ejerce de capataz y es el encargado mantener el cielo limpio de aves. «El mayor problema del Aeropuerto de Reus, a causa de la proximidad con el mar, son las gaviotas. Pero eso no significa que no haya otras especies, puesto que las palomas y otras poblaciones como los estorninos también pueden comportar problemas», explica Alonso.

Esta es la situación ideal para que ‘Vendetta’, ‘Harry’ o ‘Azores’ – otros halcones que forman parte del equipo reusense –surcan el cielo cada mañana para despejarlo de aves y para que pilotos y controladores aéreos puedan trabajar con total tranquilidad.

Aun así, también existe el caso de ‘Alba’: un halcón de sólo un mes y medio y al que acaban de bautizar con motivo de nuestra presencia. El ave recién nacida, que ya vuela bajo la supervisión de los profesionales, está en pleno proceso de adaptación y su entrenamiento se divide en tres partes: amansamiento, enjardinamiento – para que acepten una rutina de vuelo en un jardín – y las llamadas de los integrantes del equipo de supervisión.

Cuando el ave acepta dichas fases de entrenamiento ya puede empezar a volar. Después del aprendizaje, el halcón ya tiene determinada su tarea: ejercer de guardián de los alrededores de la zona aeroportuaria del Aeropuerto de Reus.

 

Bagaje y confianza

«Se crea una relación de confianza entre el halconero y el halcón pero también es cierto existe un respeto mutuo». Así define Jonathan Alonso el vínculo que se establece entre ellos. Una mezcla que se convierte en una «clase de humildad diaria» ya que, según Alonso, es imprescindible que el halconero trate con respeto a su halcón, porque si algún día cambia dicha situación, el halcón podría optar por la opción menos deseada: el escape. Por consiguiente, Alonso remarca la importancia de un vínculo que tanto él como Márquez han mantenido con muchísimas aves tiempo atrás y que gracias a ello han hecho de su experiencia el principal valor de su profesión.

Y es que la relación de los halconeros del Aeropuerto de Reus con dichas aves es algo que se remonta a su niñez. Por ejemplo, Márquez explica que a pesar de llevar solo nueve meses en Reus, desde los diez años lleva esperando una oportunidad así. «Es un tópico, pero para mí, el hecho de hacer de tu hobby un trabajo es un lujo», comenta Márquez. Por otra parte, Jonathan Alonso lleva diez años como responsable de las aves reusenses y ya se define como un veterano de su terreno. Andaluz de nacimiento, pero reusense de adopción, Alonso se ha consagrado personal y profesionalmente – ha creado una empresa aviar recientemente - en el Aeropuerto de Reus. Su paso por aeropuertos de mayor importancia como El Prat, el Aeropuerto de Sabadell y los aeropuertos portugueses de El Faro o Lisboa han hecho del halconero un experto en el campo de la ornitología.

Además, los adiestradores explican que cada uno de los halcones mantiene una relación especial con algún miembro del equipo de gestión de fauna del aeropuerto. «Los halcones se habitúan al trato de alguno de nosotros y se sienten más cómodos cuando son dirigidos por su ‘mentor’», una explicación de Alonso que ayuda a entender el vínculo entre el ave y el adiestrador.

 

El despegue

Después de una distendida charla, Alonso y Márquez, se dirigen a la pista . Es el turno de ‘Alba’, que debe practicar su vuelo de mantenimiento. Jonathan coge al halcón con el mismo cuidado del primer día, le libera del casquete y sin dejarle pestañear le acaricia el cuello. El ave empieza a chillar cada vez más fuerte y observa su alrededor, Alonso alza el brazo y tras un par de segundos ‘Alba’ se eleva para salvaguardar la seguridad del aeropuerto y mantener la tranquilidad de pilotos y pasajeros.

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