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Los negocios de Reus se concentran en el Nucli Antic y se alejan de las afueras

El centro acumula más de 600 licencias, mientras que en barrios de la periferia prácticamente no hay servicios

Montse Plana

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En calles céntricas como Prat de la Riba, en el Mercat Central, es donde se acumulan más negocios y actividades económicas.FOTO: Alba Mariné

En calles céntricas como Prat de la Riba, en el Mercat Central, es donde se acumulan más negocios y actividades económicas.FOTO: Alba Mariné

La actividad económica es la base de la dinamización social. Sin tiendas ni servicios cerca de casa, los barrios se van degradando. En Reus, desde las zonas periféricas alertan del cierre continuo de comercios, lo que, en algunos puntos, provoca que los vecinos también se vayan del barrio «y cada vez habrá más guetos», denunciaba días atrás el presidente de la Associació de Veïns I de Maig, Eduardo Navas, desde el barrio Sant Josep Obré. De hecho, la expresión «vamos a Reus a comprar» va ganando espacio en las afueras.

Los datos confirman la percepción de los vecinos: las zonas con mayor número de negocios es el centro y, más concretamente, el Nucli Antic, delimitado por las arrabales de Santa Anna, de Jesús, Martí Folguera, Robuster, de Sant Pere y del Pallol. Según el censo de actividades económicas del Ayuntamiento de Reus, en esta zona de la capital del Baix Camp constan 618 licencias. La mayoría son del sector restauración, seguido de las tiendas de moda, zapaterías y bisutería. A mucha distancia, la zona del Mercat Central (donde se incluye la calle Llovera) se sitúa como la segunda con mayor actividad: unas 473 licencias, según cifras del portal Open Data, actualizadas en fecha de 9 de septiembre de este 2019.

Asun tiene un negocio en la avenida del Prat de la Riba. Está más que contenta de cómo funciona Cafés Giner y de la ubicación de la tienda-bar. Le pasa como a la propietaria de  la tienda Stil, que en ocasiones le han ofrecido un alquiler en la calle Llovera, una de las más concurridas de la ciudad, pero ella no quiere marcharse. «Reus es como un pueblo grande, y en esta avenida, nos ayudamos todos entre todos», dice.  Sin embargo, la propietaria de cafés Giner vive en la calle Mare Moles y, por ahí, no hay prácticamente signos de actividad económica «está semimuerto. Esto no debería ser así». 

El comercio se ha concentrado en el núcleo histórico de Reus. Pero Gerónimo y Cándido –vecinos del barrio Escorxador– se han acostumbrado a ello. «Yo tengo un autobús que para al lado de mi casa. Lo cojo, me deja en el supermercado y luego me devuelve a casa», dicen.

Del centro a las afueras

La concentración de actividades económicas es como una mancha de aceite, que empieza en el Nucli Antic y se va extendiendo por los barrios cercanos y, poco a poco, va perdiendo fuerza. En este sentido, las zonas más próximas, como Horts de Miró, Carrilet y el Carme disponen de un buen número de negocios: más de 400 licencias cada uno de los barrios. Pero como más lejo del centro, menos actividad. 
También en el barrio Ample hay concentración de negocios, con más de 370 licencias. En las calles cercanas a la estación de la Renfe de Reus, Amparo acaba de comprar unas cuantas piezas de fruta. Ella tan solo va al centro a comprar cosas para Navidad, cumpleaños o eventos especiales. Con el supermercado y lo que tiene alrededores le basta y le sobra. No obstante, lo que sí le gustaría es que su barrio tuviera una actividad comercial más destacada. «Aquí lo único que tira son las discotecas, los bares y los cafés», puntualiza.

No hay duda que el Nucli Antic de Reus tiene el protagonismo absoluto. «Es un pequeño centro comercial al aire libre», opinan Patricia y Lídia. Las jóvenes amigas viven en el barrio del Pinar y en Mas Abelló, respectivamente. «Nos gusta mucho venir al centro a pasear y comprar. Es mejor tenerlo todo cerca», dicen. Ellas, según aseguran, con un supermercado cerca de casa están servidas. No obstante, esto no es lo que opinan todos los vecinos.

En barrios como el Gaudí, les gustaría que hubiera más actividad en su zona y a sus alrededores. «Para nosotros, la vía del tren supone una barrera de desconexión. Tenemos que bajar a Reus para comprar cualquier cosa o ir a los eventos culturales», explica Jerónimo. Por su parte, Blanca Sánchez, que vive en barrio del Greco (cerca de la plaza Europa), considera que en el vecindario hay bastante actividad económica como para cubrir las primeras necesidades. Sin embargo, ella va a comprar al centro: «Siempre decimos que bajamos a comprar a Reus», frase que demuestra cierta dualidad entre barrios y centro.

Lladoners, el que menos

El barrio Lladoners –en la zona de la avenida Salou, al lado de Juroca– es el que menos negocios tiene. En el censo constan tres licencias, una de las cuales hace referencia a la escuela Sant Bernat Calbó y una segunda, a una vivienda de uso turístico. La tercera licencia es de comercio al detalle: un supermercado Consum. Para encontrar más servicios, los vecinos se tienen que desplazar a barrio próximos, como Juroca o Fortuny, donde hay bares, restaurantes, farmacias y entidades bancarias. Aun así, en estas zonas también se considera que falta más actividad económica. En este sentido, la presidenta de la Associació de Veïns del Barri Fortuny, Cori Balanyà, ya ha señalado en otras ocasiones el trabajo que se ha hecho de recuperación de las calles del centro, «donde todos los restaurantes están situados», por lo que considera que «aquí deberían hacer lo mismo». Además, recuerda, que antes había más tiendas en el barrio y que «la gente venía a comprar».
Otro de los barrios con menos negocios es Pelai, al lado del polígono Agro-Reus. En este caso constan, en el censo, siete licencias, entre las cuales, un bar y una tienda de comestibles. El resto corresponden a industrias y una residencia-vivienda para gente con movilidad reducida.

Donde tampoco hay servicios es en Aigüesverds, donde las únicas licencias económicas que hay hacen referencia al campo de golf y a viviendas de uso turístico. La situación no mejora mucho en, por ejemplo, Sol i Vista, donde ya no quedan tiendas, a excepción de algún bar. Y es que justo el año pasado bajó la persiana la única tienda de comestibles que había en la zona, lo que obliga a sus vecinos a desplazarse para comprar las cosas más básicas.

La economía se ha concentrado en el centro. Hay quien ya se ha acostumbrado y coge el coche o el autobús, pero otros luchan porque la vida en el barrio siga. En el caso de Sant Josep Obrer, su presidente siempre recuerda que parte importante de vecindario es gente mayor, por lo que la movilidad fuera del barrio es prácticamente imposible. Por otro lado, el «pequeño centro comercial al aire libre» que se ha creado en el centro a raíz de la concentración de negocios es uno de los grandes atractivos de la ciudad.

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