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Los restauradores están hartos de las palomas y aseguran que la población sigue en aumento

El Ayuntamiento puso en marcha, en abril, seis dispensadores de pienso anticonceptivo con el objetivo de reducir el número de aves, pero de momento las terrazas dicen «no notar nada»

Montse Plana

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Palomas encima las mesas en las terrazas de la plaza del Prim. FOTO: Alfredo González

Palomas encima las mesas en las terrazas de la plaza del Prim. FOTO: Alfredo González

«Las palomas siguen campando a sus anchas. El número no se ha reducido e incluso quitan la comida de las manos de los clientes». Así de contundentes se muestran los restauradores de Reus ubicados en el centro de la ciudad. Desde hace cuatro meses el consistorio distribuye a diario pienso anticonceptivo con la intención de reducir la población de palomas, una medida que se aplicará durante dos años. No obstante, los restauradores se muestran, por el momento, escépticos y aseguran que no han notado ningún cambio en los últimos meses. «Sabemos que el Ayuntamiento está trabajando y que desde hace unos meses se distribuye pienso antioconceptivo, pero la realidad es que las palomas siguen e, incluso, diría que hay más», señala desesperada Eva desde el Granier, ubicado en la plaza del Mercadal. «Mira, ya hay algunas por encima las mesas. Es que a la que te despistas, se llena todo de palomas y tiran por el suelo platos y vasos. Por no hablar de los excrementos... No sé qué se puede hacer», suspira Eva, mientras su compañera se apresura a retirar una bandeja de unos clientes que acaban de marcharse.

Son las once de la mañana y, aunque aparentemente parece que todo está tranquilo, a medida que pasan los minutos y las terrazas se van llenando de gente que desayuna, las palomas también van in crescendo. Primero, aparecen algunas que picotean restos de comida del suelo. Después, poco a poco se van atreviendo y empiezan a subirse por las mesas. De repente, un niño hace un pequeño chillido y se aparta al ver que una paloma revolotea intentando subir a su mesa. 

«El número de palomas es el mismo», señala también Gerard desde Il Forno, en El Pallol. En el Vatticuore, en la plaza del Mercadal, Vanessa asegura estar «muy cansada» de esta problemática. «Esto es una agonía. Incluso hemos tenido que dejar de dar cacahuetes a la clientela porque, sino, a la que se iba la gente, las palomas se lanzaban», señala. Además, también remarca que algunas personas les dan de comer, a lo que Eva, del Granier, también coincide. «Muchos turistas les dan restos de su comida y entonces ya sí que no te sacas de encima las palomas», explica.

Los restauradores no saben exactamente cuál puede ser la solución definitiva a esta problemática, aunque coinciden en que se tiene que hacer pedagogía a la ciudadanía para que no alimenten estas aves. Además, en todas las mesas de cualquier terraza hay unos adhesivos editados por el Ayuntamiento, en los que hay el mensaje: «Ajuda’ns a controlar la població de coloms. Evita alimentar-los! Conserva l’espai net». Cabe recordar que alimentar palomas está sancionado. Y es que el objetivo es conseguir que las palomas únicamente se alimenten del pienso anticonceptivo distribuido a través de los dispensadores ubicados en seis puntos de la ciudad.

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