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Mauro Biondi Propietario de 'Café Biondi': Confesiones tras la barra

El local es 'como mi segunda casa', explica el italiano. Tras más de diez años, ha visto muchas tiendas vecinas cambiar de aspecto, 'hasta 7 veces en 5 años'

Cristina Valls

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El italiano tras la barra del céntrico Café Biondi. F: A. MARINé.

El italiano tras la barra del céntrico Café Biondi. F: A. MARINé.

En el marc dels actes de l’Any Llull, l’Arxiu de la ciutat va emplaçar ahir dimecres la conferència de la doctora i professora d’història medieval de la URV, Coral Cuadrada, que va pronunciar la xerrada ‘Ramon Llull: família, espiritualitat, coneixement’. La també directora de l’Arxiu dels Marquesos de Santa Maria de Barberà, va mostrar diferents peces (breviculum) de l’erudit on hi havia poemes d’amor cortès abans de ser il·luminat.–Mauro Biondi (1965), natural de Sicilia (Italia), es el propietario de Café Biondi -situado en Raval de Jesús- y todo un hombre orquesta. Tiene la habilidad de escuchar mientras elabora un capuchino de doble capa de canela y prepara un fabuloso desayuno. Pasar por allí antes de ir a trabajar garantiza rendir un día entero en plenas facultades. Biondi también fue ingeniero aeronáutico y trabajó en una empresa espacial de ámbito militar en Turín durante 20 años. El amor lo trajo hasta aquí y se convirtió en el maestro de la adaptación y el esfuerzo. «Me he movido mucho. Aprender español y catalán me ayudó mucho. Estuve trabajando en una gasolinera y luego en una tienda de electrodomésticos. En este café llevo 11 años ya», explica mientras atiende a tres clientes que entran por la puerta. El reusense de adopción mantiene unas jornadas frenéticas. A los clientes más asiduos ya suele adivinarles los gustos. ¿Por qué la restauración? «Por casualidad. Estando próximos a la costa no hay muchos sectores dónde elegir. Recuerdo que estudiar castellano fue lo que más me ayudó. Adaptarme al idioma generó muchos anécdotas al principio en Café Biondi. Por ejemplo, está la historia de la chica del zumo de zanahoria. Una tarde de invierno, con sólo tres meses en el local, una mujer me pidió: ‘

Em donaràs un suc de pastanaga per endur, si us plau?’. Yo alcé los brazos, derrotado. ‘Mire lo siento, ayúdeme que aún no entiendo el catalán’, le dije. Ella, muy amable me lo explicó y ahora sé qué es ‘pastanaga’. Historias así, tengo miles», ríe el italiano. Y es que según afirma, ahora lo entiende a la perfección, pero hablarlo «ya es otra cosa».

La procedencia de Biondi también es un atractivo cosmopolita a su local, pues acuden muchos italianos que ya se le dirigen en italiano, y también rusos y franceses, entre otros. «Intento defenderme con todos los idiomas. La comunicación es lo que tiene. Ahora mismo también doy clases de italiano y me hace sentir muy bien. La gente que viene tiene un buen nivel cultural y le interesa lo que explico», dice ilusionado. Encontrar recovecos de tiempo libre con sus horarios es tarea complicada. ¿Qué ha aprendido estos 11 años? Mauro se detiene un momento, ya no entran clientes. Siempre hay una hora durante el día que los clientes desaparecen y tiene tiempo de adecentar las tazas. «En estos años aprendí a llevar bandejas, puro contorsionismo; y a trabajar de cara al público, muy duro, porque cada persona es un mundo y la barra es como el confesionario, en el que la gente viene a desahogarse. A veces te conviertes en una especie de confidente, pero me gusta. Te hace más humano», valora.

Está en el centro de la ciudad y ha visto muchísimos cambios. «Paso más de 15 horas en mi segunda casa y lo veo y lo sé prácticamente todo», explica y sigue: «Sobrevivo porque estoy solo y no tengo empleados, pero todo tiene un precio y un coste importante a nivel personal debido a la dedicación completa», concluye.

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