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«Me afilié muy joven a la ONCE por tener una enfermedad hereditaria»

Arantxa Vallespí, directora de la ONCE en Reus

Cristina Valls

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Arantxa Vallespí es la directora de la ONCE en la capital del Baix Camp. FOTO: alba mariné

Arantxa Vallespí es la directora de la ONCE en la capital del Baix Camp. FOTO: alba mariné

Avanzar y tomar decisiones que realmente te llenen. Ésta es la filosofía que defiende la tarraconense Arantxa Vallespí (1990), directora de la ONCE en Reus. Establecida en la ciudad en la que trabaja, Vallespí se siente muy cómoda recorriendo sus calles y asegura que, con los años, la capital del Baix Camp ha ganado en lo que a inclusividad se refiere. 

Su tarea principal, de hecho, es fomentar mediante diferentes acciones actitudes más receptivas y conscientes, logrando así una mayor visibilización de los colectivos más vulnerables para que de esta forma tengan que superar cada vez menos barreras arquitectónicas. 

«Afecta a la vista, por la combinación de genes, con una  afectación baja en la población»

Vallespí explica que «me afilié a la ONCE porque, a una edad muy temprana, me encontraron una deficiencia visual grave, una enfermedad hereditaria sin cura llamada Stargardt; es una degeneración macular juvenil que, a grandes rasgos, provoca la pérdida de la agudeza que puedes tener en el campo de visión central. Esto provoca que mi visión más periférica sea algo más nítida; pero el resto, borrosa. Mi enfermedad es una de las catalogadas como raras, que afectan a un porcentaje muy bajo de la población. Mi hermano no ha tenido nada en la vista, ni mis padres, simplemente ha sido una combinación de genes lo que me ha traído esto». 

La detección de la enfermedad, hasta hallar el diagnóstico adecuado, fue compleja. Vallespí rondaba los once años. «Empecé a notar cambios en primaria. Visité diferentes oftalmólogos y una vez identificado, mis padres se pusieron en contacto con la ONCE», recuerda. Si bien es cierto, ella no lo vivió en ningún momento como algo dramático, «había que adaptarse y seguir adelante», expresa. «Mis padres no me sobreprotegieron nunca; al contrario, me animaron a hacer siempre lo que realmente me gustara», afirma por otro lado. Supuso un respaldo para Vallespí afiliarse a la organización (en este caso, la de Tarragona), especialmente a nivel educativo. «Hay que destacar la labor que realizaban maestros de la entidad a mis maestros de aquel entonces. Tuve que adaptarme a una serie de cosas y empecé a familiarizarme con todas las herramientas que me proporcionaron», dice. Eso sí, expresa que nunca ha tenido problemas que le afectaran la movilidad.

Salir de la zona de confort

El paso del colegio a la universidad fue un cambio para Vallespí. Ella quería irse a estudiar a Barcelona y se decantó por la rama de Biología. «Iniciar los estudios en un lugar diferente supuso salir de mi zona de confort», expresa. Acostumbrada a tener a un equipo de profesores que conocía lo que le ocurría, llegar a un entorno nuevo implicó tener que imponerse y comunicar aquello que necesitaba. 

«Mis padres no me sobreprotegieron, me animaron a que hiciera lo que más me gustara»

«Si tenía que hacer un examen  con una letra mucho más grande que el resto, lo pedía; eso al principio me costó. Tal vez podría haber pedido más herramientas, como lupas electrónicas o programas de ampliación para ordenador, pero luego lo hice», manifiesta. Aunque en un primer momento no aprendió el alfabeto braille ni a ir con bastón, Vallespí considera que es algo con lo que mejor familiarizarse. «Yo camino por las ciudades de Tarragona y Reus sin bastón y sin ningún problema, porque me las conozco, pero si me marcho a Barcelona, mejor con bastón o acompañada de alguien», matiza. Añade que hay semáforos accesibles y aceras con superficie podotáctil, que, entre otras cuestiones, pueden ir guiándote y situarte por la ciudad, «especialmente cuando cae la noche y hay menos luz y, por tanto, menos visibilidad.

Otra de las cuestiones que tiene en cuenta es que «con la edad, he aprendido a andar con bastón, siempre se recomienda adquirir ese aprendizaje cuando todavía ves un poco», continúa. En este sentido, desde la ONCE, se facilita material en préstamo –como lupas, bastones y filtros de sol, entre otros objetos– para poder estudiar. Vallespí ha encontrado en la ONCE «su verdadera vocación», algo que se planteó a los 23. «Gracias a las personas que venden cupones podemos hacer una gran labor social», concluye.

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