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Morgana Àvila: «Como artista intento huir de lo preestablecido»

Entrevista. Estudió Ilustración y Artes aplicadas al muro y, siguiendo los pasos de su familia, se ha convertido en artesana de la seda, un tejido que describe como «agradecido y resistente, pero difícil de trabajar»

SÍLVIA FORNÓS

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Morgana Àvila es miembro de la Associació Reusenca d’Artistes. Foto: Fabián Acidres

Morgana Àvila es miembro de la Associació Reusenca d’Artistes. Foto: Fabián Acidres

Morgana Àvila Salvadó (Alforja, 1995) ha crecido rodeada del amor por el arte y la artesanía, y ha aprendido el oficio al lado de su tía Mónica. Por ello, decidió estudiar Ilustración y Artes aplicadas al muro en la Escola d’Art i Disseny de Tarragona. Actualmente es miembro de la Associació Reusenca d’Artistes (ARA). Siguiendo los pasos de su familia, se ha convertido en artesana en el ámbito de la estampación textil sobre seda, tomando el relevo del negocio familiar de artesanía Les Tres Germanes y creando Morgana Seda (morganaseda.cat). «Nuestros productos están hechos con todo el amor, porque hacemos lo que nos encanta y nos encanta lo que hacemos», afirma.

«Nací con pasión por el arte, mi vida es arte en todos los aspectos», dice. ¿Siempre ha sido así?

Escribí estas palabras hace mucho tiempo. Tenía una percepción del mundo muy diferente a la que tengo ahora. Veía las cosas de una manera más trascendente, brutalista. Actualmente el único referente artístico que tengo en mi familia es mi tía Mónica, hermana de mi madre, ya que el resto de familiares nunca se han dedicado al mundo arte. Así que, desde pequeña, iba a su taller para hacer manualidades, y fue allí donde empecé a pintar sobre seda. Siempre he tenido claro que quería dedicarme al mundo del arte.

¿Qué le gusta trasmitir?

Es algo que llevo dentro, creo que todos los artistas lo tenemos dentro. En mi caso es muy sentimental. Cuando cursé Ilustración y Artes aplicadas al muro no tenía pareja y tenía la cabeza llena de ideas. A través del dibujo transmitía todo aquello que no expresaba mediante las palabras, y aunque no lo hacía por nada en concreto, necesitaba hacerlo. Me gustaba transmitir ideas un poco tabúes, como la muerte, el sufrimiento, la oscuridad, la soledad. Hacía reales mis demonios y me hacía amiga de ellos. Pintaba cuadros de gran formato con muchos garabatos y la mayoría de color negro. Partía de estilos de grandes pintores que me gustan mucho, los intentaba reproducir o interiorizar.

¿Qué ha cambiado?

Cuando encontré pareja todas estas cosas que exteriorizaba, dejé de hacerlo y empecé a dibujar mucho menos. De hecho, existe una frase de Toulouse Lautrec que dice que «un artista feliz es un artista fracasado». De todas formas, una pareja siempre tiene que sumar. En mi caso, él me ha hecho completar una etapa muy necesaria, la de conocerse a uno mismo. Ahora me siento más centrada y mis pinturas y trabajos en seda son mucho más agradables de trabajar. Ahora, me gusta transmitir simplemente lo que me pide el momento, buscando siempre el reto e intentando no repetir cosas que ya he hecho o visto. Así como antes pintar era muy necesario para mi estado de ánimo o para relajar mis pensamientos, ahora pintar es diversión, aprendizaje, relajarse y fluir mucho más con el momento.

Tiene experiencia pintando murales. ¿Cómo afronta el reto de crear una obra de gran formato?

Sobre todo hablando con quien realiza el encargo para conocer qué es lo que quiere, tanto desde un punto de vista estético como sentimental.

Uno de los últimos murales que ha realizado ha sido en el Institut de Falset.

Desde la dirección me propusieron que pintase un mural que expresase todo lo que los alumnos sienten por el centro, para crear un vínculo entre exalumnos y el instituto. Por ello, propuse que los estudiantes fuesen quienes dibujaran el mural, así que lo que yo hice fue adecuar las ideas y darles continuidad entre todas. Además, los jóvenes también pintaron el mural. Fue una experiencia muy bonita.

Por otro lado, también pinta sobre seda.

Mi proyecto forma parte del taller de Les Tres Germanes, que impulsaron mi tía Mónica, mi madre Diana y mi otra tía, Eva. Ellas empezaron pintando ropa, sobre todo algodón, camisetas y seda, y con los años se especializaron en este último tejido, ocupándose del taller tía Mónica y su marido.

Ha aprendido de su tía.

Ella me enseñó todo lo que sé desde pequeña y es a lo que me quiero dedicar. Aunque normalmente se pinta sobre pañuelos de seda, quiero ir más allá, es decir, llevar la seda a las galerías de arte, colaborar con otros artistas para hacer diseños de interiores, o trabajar con modistas.

¿Qué dificultad tiene la técnica teniendo en cuenta que el tejido tiene una apariencia frágil?

La seda es una de las telas más agradecidas y resistentes que existen, pero, al mismo tiempo, es muy difícil trabajar con ella, ya que si te excedes con el color o la línea se mueve, no se puede rectificar, debes empezar de nuevo.

¿Cómo es el proceso?

La seda la compramos blanca y la colocamos en un bastidor. Después, utilizando la técnica de la gutta, que es una resina semilíquida, hago a pulso el dibujo. Cuando la línea se seca, se crea una pared en la capilaridad de la seda que es lo que permite teñirla de color.

Existen muchos tipos de seda.

Al igual que con el papel, que podemos encontrar craft, de acuarela y de gramajes diferentes, de sedas también existen gasas como la de las blusas, que es semitransparente y con una caída muy delicada, o sedas más gruesas como el satín o la seda salvaje. En mi caso, acostumbro a trabajar con la seda ponge, cuyo grueso es suficiente para que tenga cuerpo, así como una transparencia que me permite trabajar con plantillas, para que sea más fácil dibujar.

Artistas que trabajen con seda hay muy pocos.

Conozco talleres que trabajan en el mundo de la artesanía haciendo pañuelos o abanicos, pero no conozco personas que se dediquen a exhibir la seda, como obra artística, en exposiciones o incluso restaurantes.

¿Qué le gusta dibujar sobre seda?

A nivel básico y comercial, en los pañuelos hago diseños geométricos, abstractos o florales porque el precio también debe ser razonable, incluso reproduzco cuadros. En cambio, el trabajo que realizo para la galería de Sitges Corner 4 Art está basado en cómics. Y te preguntarás quién compra un dibujo de cómic sobre seda.

Imagen de uno de los diseños de la artista Morgana Àvila que describe como una fusión de los personajes de Frozen y Thor. foto: M. A.

Todo es proponérselo.

Sí. Como artista siempre intento huir de lo preestablecido, sobre todo con un tejido como la seda, cuyos diseños tienden hacia las flores o los paisajes.

¿De dónde le viene la inspiración de los cómics?

Por mi pareja, que es dibujante de cómics y fue quien me animó a probarlo. La ventaja que tengo a la hora de pintar una temática que la gente ya conoce es precisamente esta, aprovechar la comodidad del tema para introducir y acercar la seda como material donde trabajar artísticamente.

Es miembro de la Associació Reusenca d’Artistes (ARA). ¿Qué apoyo encuentra en el colectivo?

Por ejemplo, me ha brindado la oportunidad de participar en la exposición colectiva Mostra col·lectiva d’art del mediterrani català, gracias al presidente, Toni Ramírez, un excompañero de la Escola d’Art i Disseny de Tarragona. Además, el apoyo que encuentro en la asociación es de compañerismo a través de disciplinas muy diversas y entre artistas de diferentes generaciones y con mucha experiencia.

¿Los artistas deben tener un carácter rompedor?

Personalmente, creo que sí y que es muy importante porque es difícil destacar, ya que hay muchas personas que hacen cosas muy bonitas.

¿En algún momento ha sentido inseguridad?

A veces me cuesta saber qué hacer porque hay mucho donde elegir. En este sentido, la seda me permite ser diferente, ya que la mayoría pinta murales, telas de bastidor, etc. Además, el mundo de la seda no está tan explorado como en otras técnicas artísticas, y es precisamente esto lo que provoca libertad absoluta y a la vez el desconocimiento de referentes o caminos a seguir.

A lo largo de su trayectoria artística ha participado en diferentes certámenes. ¿Cuál recuerda de forma especial?

Todos, porque siempre aprendes cosas nuevas. Por ejemplo, me divertí muchísimo en el concurso de Escultures Efímeres de Vila-seca que gané en 2017, porque trabajar con libros no es algo que me plantee en el día a día. Fue un certamen curioso para salir de lo preestablecido.

Y en cada trabajo deja parte de su esencia.

Sí, aunque no quiera, siempre pasa, ya sea para bien o para mal. También dependerá de lo que esté haciendo en cada etapa artística, es decir, en cada momento y según lo que quiera expresar, debo sacar una parte de mí u otra.

¿Le gustan los retos?

Sí. Me gustan los proyectos artísticos en los que, precisamente, no me siento del todo cómoda, ya que son encargos que por iniciativa propia no haría.

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