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Reus Sociedad

«Nadie se va de su país porque quiera, y eso es algo que aquí no se acaba de entender»

El 17% de la población del Baix Camp ya es de origen extranjero: son 33.138 personas. 
La mayoría se encuentra con problemas de discriminación laboral

Salvat Jordina

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De izquierda a derecha, Gerard, español-mejicano, Irinia, mejicana, Lilian, uruguaya y Paul, estadounidense FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

De izquierda a derecha, Gerard, español-mejicano, Irinia, mejicana, Lilian, uruguaya y Paul, estadounidense FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Lilian, uruguaya, se fue de su país en 2002, con 33 años, por la crisis del corralito que castigó el sur de Latinoamérica. Irina dejó Méjico hace tres años porqué la crisis social que provocó la guerra contra el narcotráfico engendró una tensión que no dejaba que ella ni su familia pudieran vivir con tranquilidad. Paul, de Los Ángeles (EEUU), abandonó el sueño americano y la violencia que le hacia vivir en unas condiciones pésimas laboral y mentalmente.

Ellos tres son un ejemplo de las 32.240 personas inmigrantes que, según el Institut Català d’Estadística (IDESCAT) viven en Baix Camp. Un registro que muestra datos hasta el 2018, pero que desde el Consell Comarcal aseguran que este 2019 habría aumentado hasta 33.138 personas, representando un 17% del total de la población de la comarca.

«A pesar de mis estudios no encuentro trabajo porque no aceptan mi perfil. Solo me han querido para limpiar en una fábrica», explica Irina, mejicana especializada en Historia de la Mujer

Aunque los marroquíes representen a día de hoy el 26% del total de la población inmigrante en el territorio, el continente africano nunca ha sido la mayor comunidad extranjera. Tanto en 2008 como en 2018 América es el principal lugar de origen. De hecho, en 2008, los argentinos eran los principales migrantes americanos. En 2018, en cambio, lo son los colombianos, con 1.936. Sin embargo 2013, el origen principal de procedencia era de países de la Unión Europea. Había 5.625 personas de Rumania habitando en el territorio. Una cantidad que en cinco años se redujo hasta los 3.738.

«Para mí el proceso fue fácil. En EE.UU. era masajista y para ejercer tenía que hacer muchos papeleos. Una vez llegué aquí, a la semana ya tenía el NIF», explica Paul, que entiende a la perfección el catalán con solo dos años, a pesar de no hablarlo.

Existen distintos recursos de acogida a los recién llegados. Reus y Cambrils, al superar los 20.000 habitantes, tienen un plan propio, pero en los otros municipios se aplica el Servei de Primera Acollida. Se trata de un conjunto de acciones y recursos que buscan dar respuesta a las necesidades iniciales de formación y certificación de unos conocimientos mínimos para facilitar vivir y trabajar en Catalunya, como clases de catalán y castellano y módulos de conocimientos laborales y de conocimiento de la sociedad catalana. «Son sesiones fundamentales para que la ciudadanía que acaba de llagar se desarrolle con autonomía y se pueda regular su situación administrativa», apunta una técnica del servicio comarcal.

Durante este año se han realizado 215 solicitudes a este servicio, de ellas, un 60% de personas procedentes de Marruecos y un 21% de Venezuela, seguidos de Colombia y Honduras.

El racismo laboral

Una vez superan la etapa de llegada, el siguiente paso les resulta más complicado. «Existe un estigma hacia la inmigración, sobre todo en el ámbito laboral», explica Gerard, marido de Irina. «Yo he vivido las dos partes, fui inmigrante en Méjico y allí cuando llega talento se valora mucho. Se les abren las puertas a las universidades e industrias, en cambio aquí la cosa es distinta», compara.

La población inmigrante  ha bajado en 5.000 personas en tan solo un período de cinco años 

Este es el caso de Irina y Lilian. La mejicana ya vivió en Catalunya en 2006, mientras realizaba un máster en la Universitat de Barcelona. Sin embargo, explica, la diferencia entre ser estudiante y venir a trabajar aquí es muy amplia. «No encuentro trabajo porque no aceptan mi perfil, solo me han querido para limpiar en una fábrica», señala. A pesar de ello, está sobradamente cualificada. Trabajaba en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y se especializó en historia de las mujeres. De hecho era la jefa de área. «Me gustaba mi trabajo, pero tuvimos que escapar por la situación de inseguridad», resume.

«Fue muy brusco porque en seis meses tuve que cambiar mi trabajo y pasar a cuidar una persona mayor», confiesa Lilian. Ella, en Uruguay, era coordinadora en una central de alarmas de seguridad. «No era tan fácil como me dijeron conseguir el permiso de trabajo así que pedí ayuda a Cáritas y a Cruz Roja y me concedieron un domicilio donde dormir y cuidar a un señor con parkinson sin yo tener idea de como se tenían que hacer los cuidados». A día de hoy tiene el título de auxiliar de enfermería en geriatría a través de un curso de la Cruz Roja y hace ya 15 años que vive en Riudoms.

«Te vas de un sitio por la inseguridad social y aquí te encuentras con que tienes inseguridad económica», denuncia Gerard. El solsonés con doble nacionalidad, mejicana y española, habita hoy en Reus después de haber construida su vida en Méjico. «Nadie se va de su país porque quiera y eso es algo que aquí no se acaba de entender».

«El otro día estaba dando una conferencia y una señora se me acercó y me dijo: ‘ahora que sé que eres de Méjico he caído que necesito una persona para que limpie mi casa’», explica Irina «se nos sigue encasillando mucho».

Descenso de la inmigración

En tan solo cinco años, el número de población inmigrante en la comarca del Baix Camp ha descendido en 5.074 personas. En 2013 había 37.314 extranjeros habitando en el Baix Camp, más de un 19%. El perfil migratorio que ha acogido nuestro territorio ha ido cambiando al largo de la década.

El punto álgido de población marroquí fue en 2013, con 9324 personas. Si comparamos con las últimas cifras, su comunidad ha descendido notablemente, pasando en 2018 a un registro inferior, incluso, que diez años atrás: 8.489. Senegal es el segundo país de África con más extranjeros en el Baix Camp, sin embargo ha experimentado una caída más que relevante, pasando de 3.319 en 2008 a 444 en 2018

El segundo país de procedencia principal de la Unión Europea ha sido Francia, reduciendo la comunidad de 1.471 en 2008 hasta 1144 en 2018. La tercera, Alemania, pasando de 1417 a tan solo 850. Del resto de Europa, destaca el crecimiento de Rusia, que ha duplicado su comunidad pasando de 462 a 1.027 en tan solo diez años.

En cuanto a Asia, la población China y Pakistaní es la principal migración en el Baix Camp, teniendo actualmente 729 y 336 habitantes respectivamente. Oceanía, es el menor continente de procedencia, situándose en 2018 en su propio récord, con 12 personas, 7 de ellas australianas.

Brecha laboral

«Hay que abrir las mentes y que haya un respeto entre las dos culturas, la de los que vienen aquí y la de los que nos reciben», opina Liliana. Ellos se encuentran con el reto de adaptarse a una nueva forma de vivir y de hacer, incluso a un nuevo idioma. Lo que les supone, a la vez, un trampolín o un impedimento «entender el idioma no es fácil y eso a veces no se tiene en cuenta».

«Falta gente que haga de puente entre las culturas», opina Irina «debemos crear un dialogo intercultural, no evasivo». A lo que Gerard, añade el problema es que «se habla mucho del ‘Volem Acollir’, y más allá de ello debería haber inclusión y valorar a la gente por lo que es, y por lo que sabe hacer».

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