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Neus Català, un símbolo de la resistencia en los campos de exterminio nazis

Nacida en 1915, ayudó a evacuar a 180 niños en la Guerra Civil, sobrevivió quince meses en Ravensbrück y luchó para reivindicar la memoria de sus compañeras combatientes

redacción-agencias

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Neus Català con la ropa que llevaban en Ravensbrück.

Neus Català con la ropa que llevaban en Ravensbrück.

Neus Català era una de las últimas supervivientes españolas de los campos de exterminio nazis y un símbolo de la resistencia contra el totalitarismo por su entereza y capacidad de lucha ante las peores adversidades, además de una firme defensora de los derechos de las mujeres.

Su larga trayectoria personal y su tenaz esfuerzo por la recuperación de la memoria histórica le hicieron merecedora en los últimos años de numerosos homenajes y reconocimientos, como la Creu de Sant Jordi, que le otorgó la Generalitat en 2005, la Medalla de Oro al Mérito Cívico del Ayuntamiento de Barcelona, que recibió en 2014, y la Medalla de Oro de la Generalitat, concedida en 2015.

Neus Català Pallejà nació el 6 de octubre de 1915 en Els Guiamets (Priorat), aunque su madrina la registró como nacida el 15 de junio después de la desaparición de la documentación del Ayuntamiento de Barcelona durante la Guerra Civil española. La segunda fecha fue la que se tomó para celebrar el centenario de su nacimiento.

Català se diplomó en enfermería y al inicio de la Guerra Civil española se trasladó a Barcelona, donde se especializó en el tratamiento de heridos procedentes del frente.No obstante, gran parte de la guerra la pasó en la colonia Las Acacias de Premià de Dalt al cuidado de 180 niños huérfanos o con padres en el frente, que eran conocidos como los «niños de Negrín», con los que cruzó la frontera francesa al término de la contienda, en 1939.

Tras instalarse en Francia, donde se casó, colaboró junto a su marido en la resistencia al ejército invasor alemán, recibiendo y transmitiendo mensajes, ocultando armas y documentación y alojando refugiados políticos. Debido a su activismo, fue denunciada a los nazis por un boticario y por ello detenida junto a su marido en 1943, tras lo cual fue recluida en Limoges. En 1944 fue deportada al campo de concentración de Ravensbrück, a unos 90 kilómetros de Berlín, donde fue obligada a trabajar para agrandar un lago, sacando fango con las manos bajo un agua helada. Posteriormente, fue trasladada a Holleischen, un centro de trabajo dependiente del campo de Flossenbürg, donde la hicieron trabajar en una fábrica de balas antiaéreas. En esta situación se unió a un grupo de mujeres que boicoteaba la elaboración de las armas, un sabotaje por el que arriesgaba la vida.

Neus Català fue liberada del campo donde estaba encerrada el 5 de mayo de 1945, momento en que se comprometió a velar por la memoria de las personas que murieron en los campos de exterminio. Tras la liberación, volvió a Francia, donde tras residir en diversas localidades acabó instalándose en Sarcelles y continuó su lucha política contra el franquismo desde las filas del PSUC.

En 1976 regresó a España y, tras vivir dos años en la casa familiar de Els Guiamets, finalmente se instaló en Rubí, donde continuó su actividad política y de lucha feminista en las filas del PSUC, primero y, tras escindirse este partido, en el PCC. Durante treinta años fue representante española del Comité Internacional de Ravensbrück (CIR) y presidenta de la Amical Ravensbrück desde la fundación de la entidad en 2005. En 2015, con motivo de los 100 años de su nacimiento, la Generalitat celebró el Año Neus Català, en reconocimiento a su figura. Su vida inspiró el libro Cenizas en el cielo publicado en 2012, en el que Carme Martí novelaba sus estremecedoras memorias, una obra de la que también se hizo una versión teatral.

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