No pasar: zona Covid

Las cifras hablan de un descenso de la incidencia de la enfermedad, pero la carga de trabajo de nuestros hospitales sigue siendo alta. El ‘Diari’ visita una planta Covid del Sant Joan de Reus

13 diciembre 2020 09:03 | Actualizado a 13 diciembre 2020 12:02
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Es jueves 10 de diciembre. Pasan pocos minutos de las nueve de la mañana y están a punto de conocerse los datos del día de la maldita pandemia que nos tortura desde hace nueve meses. Nuevos positivos, número de fallecidos, riesgo de rebrote, velocidad de transmisión del virus, ingresos hospitalarios... Mientras esperamos a conocer unas cifras que nos ayuden a soñar con unas fiestas navideñas lo menos anormales posibles, el trajín no cesa entre el personal sanitario de una de las dos plantas Covid del Hospital Sant Joan de Reus.

Enfermeras y auxiliares están acabando de repartir la medicación y el desayuno, así como de completar la higiene de los 21 pacientes que hay ingresados en la planta. Es el momento de quitarse los Equipos de Protección Individual, los famosos EPI que tanto escasearon durante la primera ola del coronavirus. «Tardamos unos 10 minutos en vestirnos con la protección y dentro de cada habitación podemos estar desde 20 hasta 45 minutos», explica al Diari Cristina Llorens, enfermera de Medicina Interna, quien añade que «cuando entramos intentamos hacerle todo al paciente para evitar entrar mucho, aunque si es necesario lo hacemos las veces que haga falta».

«Con las visitas restringidas, nosotras somos los únicos referentes del paciente. Tú eres la familia»
Cristina Llorens. Enfermera

El personal de enfermería siempre es imprescindible, pero en una planta donde los pacientes se encuentran aislados completamente del exterior –incluso de su familia– el trabajo de estos profesionales se convierte en vital y en más humano que nunca. El vínculo emocional que un enfermo suele tener con sus familiares que lo visitan a diario, en este caso se traslada al personal sanitario, especialmente a enfermeras y auxiliares. 

«Estamos en una planta con mucha carga asistencial, con enfermos muy frágiles que necesitan muchos cuidados y con los que el vínculo emocional que tenemos con ellos es muy importante, porque no hay que olvidar que están solos en la habitación. Los pacientes que pueden recibir visitas tienen en sus familiares su vínculo.  Pero para un paciente Covid nosotros somos su referente. Tú eres su familia», pone de relieve Cristina Llorens. Son su referente. Un halo de luz que entra a sus habitaciones cada vez que se abre la puerta y ven aparecer a aquellas personas a las que tan solo puede verles los ojos. Por eso, el componente psicológico es tan importante a la hora de trabajar con este tipo de enfermos. 

La enfermera Llorens pone un ejemplo: «Muchos pacientes se bloquean cuando el médico les informa de que tienen que ingresar en la UCI porque han empeorado y descargan sus dudas y miedos sobre nosotros. Es un momento duro. Hace unos días, un señor se despidió de nosotros cuando se lo llevaron a la UCI y después se murió».

Cansancio físico y psicológico

Cuando un profesional suma muchos duros momentos como el que describe Cristina Llorens es normal que el cansancio psicológico se instale en él. «Tenemos que soportar una carga extra desde un punto de vista psicológico. Estamos cansados, tanto física como psicológicamente, porque, aunque después de la primera ola hubo un descanso corto en verano, rápidamente entramos de lleno en la segunda ola», advierte la enfermera.

La sensación de agotamiento psicológico es mutua entre pacientes y personal de enfermería. Así lo reconoce Mercè Robles, una mujer de 63 años que lleva 16 días ingresada en el Hospital Sant Joan de Reus por Covid, los cinco primeros de los cuales, en la UCI. «¿El aislamiento? Lo llevo mal. Lo único que ves durante todo el día son las cuatro paredes de la habitación. Tengo marido, hijos y nietos y los echo mucho de menos, sobre todo a mis nietos», se sincera Mercè con el Diari a través de una amable conversación telefónica que a ratos se interrumpe por sus golpes de tos. 

La Covid, la maldita Covid, le ha provocado una neumonía de la que se recupera satisfactoriamente. Cada día que pasa, cada hora que le roba al reloj, es una pequeña victoria en su lucha contra la enfermedad. «Todavía llevo oxígeno, aunque me lo han bajado un poco», explica orgullosa Mercè, quien cuenta los días que le restan para poder abrazar a los suyos, a los que de momento tiene que conformarse con ver a través de videollamadas.

«Tengo marido, hijos, nietos y los echo mucho de menos, sobre todo a mis nietos»
Mercè Robles. Paciente del Hospital Sant Joan

El Hospital Sant Joan de Reus cuenta a día de hoy (exactamente a fecha del pasado jueves 11 de diciembre) con 59 pacientes ingresados por Covid-19. En las dos plantas dedicadas exclusivamente a estos enfermos –una en Medicina Interna y otra en el Sociosanitario– hay 42 (21 en cada una), mientras que los 17 restantes, los más graves, están en la UCI.

«Los enfermos que llegan a nuestra planta ya lo hacen con un diagnóstico de Covid, ya sea en Urgencias o en la UCI. Si vienen de Urgencias y tienen insuficiencia respiratoria se les suministra oxígeno en la planta. Y si esta insuficiencia respiratoria es severa se les deriva a la UCI», explica Francesc Marimón, coordinador clínico del servicio de Medicina Interna del Hospital Sant Joan de Reus.

Más ingresos en la segunda ola

Este centro hospitalario lucha contra viento y marea mientras se alarga una segunda ola que está golpeando más fuerte que la primera en el Camp de Tarragona. Los números no engañan y el jefe del servicio de Medicina Interna del Sant Joan, Antoni Castro, detalla que «durante la primera ola del coronavirus tuvimos ingresadas –entre planta y UCI– a 208 personas. En esta segunda ola, hasta el día de hoy, ya llevamos 615».

Pero, tirando de tópicos, como decir que de los errores se aprende y que la experiencia es un grado, los médicos internistas del Hospital Sant Joan de Reus se están manejando mucho mejor durante este rebrote masivo del virus. «En la planta está todo muy protocolizado. En la primera ola todo fue más difícil porque no había mucha información. Pero ahora todo está más claro, nos manejamos mejor y somos más eficientes con más enfermos que antes. En la primera ola necesitamos más médicos para menos enfermos y ahora, con la mitad de médicos, hemos visto al doble de pacientes», se sincera Marimón.

Cuando este médico internista habla de que todo está muy protocolizado se refiere a que, salvo que el paciente empeore y su situación se agrave, «su manejo es relativamente fácil. Si ingresa durante los primeros siete días desde que se infectó recibe un tratamiento antiviral con Remdesivir. Pasada la primera semana, que es cuando suelen empeorar, hacemos un tratamiento de unos 10 días con Dexametasona, un corticoide. Además del oxígeno, siempre que sea necesario», detalla Francesc Marimón.

«Al estar aislado, la información del paciente que se le da a diario a su familia es fundamental»
Francesc Marimón. Médico internista

La estancia media de un paciente de Covid en el Hospital Sant Joan de Reus –siempre que la situación no se complique y no tenga que se ingresado en la UCI– suele rondar entre una semana y diez días. La planta de Medicina Interna y la Unidad de Cuidados Intensivos son vasos comunicantes y los enfermos van de un lado a otro según las necesidades asistenciales.

En el caso de que los pacientes lleguen a planta después de una larga estancia en la UCI también adquiere mucha importancia el trabajo de rehabilitación. Marimón explica que «suelen ser pacientes que necesitan ayuda para volver a andar, comer, o que están desorientados después de tantos días en la UCI. Esta es una situación que angustia mucho a las familias y se trabaja con ellos a través de fisioterapeutas, logopedas, etc.».

El coordinador clínico del servicio de Medicina Interna del Sant Joan también destaca que «la información que se le da a la familia del paciente es fundamental. El enfermo está aislado y sus familiares necesitan saber cómo está. Hablar con ellos es muy importante».

Organización

Para que el engranaje del servicio de Medicina Interna del Sant Joan funcione como un reloj suizo la organización es importantísima. Así lo enfatiza el máximo responsable de la unidad. Antoni Castro detalla que «la organización es muy importante en nuestro servicio. Tanto en la parte asistencial como en el contacto con las familias para informales a diario del estado de sus familiares, como la Unidad de Control de Infecciones, o el  grupo que creamos de interconexión y comunicación de toda el área médica». 

El virus que ha provocado casi 50.000 muertos en España desde el pasado mes de marzo era un auténtico desconocido para investigadores y médicos, quienes han tenido que trabajar a contrarreloj para saber exactamente a qué se enfrentaban y cómo combatirlo. Por eso, el servicio de Medicina Interna del Sant Joan creó un grupo dedicado a actualizar toda la información sobre la Covid-19, así como los posibles tratamientos para luchar contra ella. Castro recuerda que «fue muy importante su labor en la primer ola, ya que había muchísima información y estos compañeros se dedicaron a digerirla y después transmitirla al resto del servicio».

La unidad de Medicina Interna trabaja codo con codo con la de Neumología en el cuerpo a cuerpo contra el coronavirus. Durante la primera ola llegaron a formar hasta una docena de equipos, de dos profesionales cada uno, aunque actualmente son cuatro equipos, tres de Medicina Interna y uno de Neumología, lo que corrobora la afirmación de Marimón de que ahora están atendiendo a más pacientes con menos médicos.

El turno de la mañana se estira acercándose al mediodía y la actividad no cesa. Es el momento de los médicos, que pasan visita a unos pacientes que sueñan con ver en sus manos el papel del alta hospitalaria y dejar atrás su particular relación con la Covid, la maldita Covid.

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