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«Oír mis pasos por primera vez fue algo increíble»

Reportaje. La vida de Laia Aluja, sorda profunda de nacimiento,  cambió de forma radical hace 5 años tras ser operada de un implante coclear que le permite oír y hacer vida normal

Joan Morales

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Laia conversa con sus padres, Pere y Cristina, quienes la apoyaron cuando decidió ponerse el implante coclear. FOTO: alba mariné

Laia conversa con sus padres, Pere y Cristina, quienes la apoyaron cuando decidió ponerse el implante coclear. FOTO: alba mariné

Laia Aluja, a sus 17 años, es todo un ejemplo de valentía, superación y madurez. Desde que nació lucha porque su vida esté plenamente normalizada y ha encontrado su recompensa. Padece una sordera severa de nacimiento, aunque ésta no fue diagnosticada hasta que tenía dos años. Pere, su padre, recuerda que «durante los primeros meses detectamos que algo no iba bien, pero el pediatra nos dijo que era un retraso del lenguaje, aunque sin hacerle pruebas».

No fue hasta los dos años, cuando fue derivada a un otorrino de Barcelona, que se le hizo un test auditivo que reveló que su umbral auditivo era muy bajo. «Fue un golpe muy duro porque nos dijeron que podría ser un problema genético y en ese momento mi mujer, Cristina, estaba embarazada de nuestra segunda hija», explica Pere Aluja.

Laia fue derivada inmediatamente al Centre de Recursos Educatius per a Deficients Auditius (CREDA) de Tarragona y le pusieron dos audífonos, uno en cada oreja, que le permitieron -aunque con retraso- entrar en el mundo auditivo y empezar a decir sus primeras palabras. Los padres de Laia recuerdan aquellos momentos con emoción ya que empezaron a anotar en una libreta las primeras palabras de su hija, viendo que la evolución era evidente.

Empezó sus estudios de Primaria con los audífonos y, a pesar del retraso en el lenguaje y en la comprensión lectora, Laia no repitió ningún curso. Las dificultades aparecieron con el salto a la Educación Secundaria, tal vez por el aumento de ruido en las clases. Pere recuerda que «compramos un sistema de emisora, a través del cual el profesor llevaba un micrófono y Laia lo escuchaba por unos auriculares».

Pero el verdadero cambio en la vida de esta adolescente llegó cuando tenía 12 años. «Vi un video en el que Marta Capdevila, dibujante de Les Tres Bessones, explicaba su experiencia comopersona sorda que había sido operada de un implante coclear. Sentí curiosidad y me informé hasta llegar a la conclusión de que tenía que implantarme».

El implante coclear es un transductor que transforma las señales acústicas en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo y permite a las personas sordas poder oír. Pere y Cristina conocían esta técnica, pero en su día la habían descartado porque el otorrino y el logopeda no se pusieron de acuerdo. Pero cuando su hija se lo planteó tuvieron muy claro que era el momento. Después de las perceptivas pruebas para ver si era apta a ser operada, Laia fue intervenida el 31 de octubre de 2013, es decir hace ahora justo cinco años. 

Adaptación

La adaptación al implante fue extraordinaria, a pesar de las advertencias de que no todos los implantados lo aceptan de la misma manera. «Tuvo que acostumbrarse a una forma de escuchar diferente. Tuvo que aprender a escuchar, porque oyen una especie de ruidos metálicos», explica Pere.

Pero, una vez más, la valentía, superación y madurez de Laia salió a relucir y el aparato fue activado después de un mes de postoperatorio. A partir de aquí, la vida de Laia dio un vuelco total. «Con los audífonos escuchaba, pero había cosas que se me escapaban. Pero con el implante lo oía todo», comenta Laia, quien recuerda especialmente «lo increíble que fue oír mis propios pasos por primera vez. No sabía qué era aquel sonido y tuve que pararme varias veces. También recuerdo de manera especial la primera vez que oí el sonido del mar».

Vida normal

Han pasado cinco años, y Laia hace una vida normal. «Si ella está bien y coopera, puede llevar una vida normal», comenta su madre, quien apunta que «la comprensión lectora en su caballo de batalla porque lleva un retraso. No nos podemos quejar, aunque tiene que trabajar el doble que sus compañeros de clase para conseguir la mitad». A sus 17 años, Laia no tiene todavía muy claro qué quiere ser en la vida, aunque reconoce que ser maestra de Primaria podría ser una buena opción, especialmente para ayudar a niños sordos. De hecho, en la actualidad canaliza toda su experiencia hacia este colectivo, escribiendo cartas a menores que están pasando por el mismo problema.

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