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«Oramos con mascarilla, separación entre personas y traemos la alfombra de casa»

La comunidad musulmana asegura que cumple con las medidas de seguridad por la Covid durante la Fiesta del Sacrificio. Hay quien compra el cordero para minimizar la actividad

C. Valls

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Imagen de archivo de la festividad pasada, durante el momento de la oración. FOTO: cedida

Imagen de archivo de la festividad pasada, durante el momento de la oración. FOTO: cedida

La jornada de ayer acogió, a primerísima hora y en asociaciones culturales de la ciudad, a una gran cantidad de personas que practican la religión musulmana para hacer sus primeras oraciones con motivo de la Fiesta del Sacrificio. Sobre las variaciones de la festividad con motivo de la pandemia –y respecto al año anterior–, «este año no hay muchas, al menos en la ciudad y, por ende, en el territorio catalán», expone Mustapha El Aad-Dam, desde la Associació per la Defensa dels Drets de la Comunitat Musulmana (Adedcom).

A modo de recordatorio, la entidad fundada en Reus asesora, forma, informa y acompaña a la comunidad musulmana de la ciudad, así como la del territorio en general (puesto que no «nos marcamos fronteras») para luchar por sus derechos, entre otras acciones. Disponen de un equipo heterogéneo formado y con experiencia en el ámbito legal e incluso económico.

Dicho esto, El Aad-Dam expone, a grandes rasgos, aspectos relativos a la Fiesta del Sacrificio vivida en la ciudad. «Lo que es para nosotros prioritario es poder realizar la oración a primera hora de la mañana y lo óptimo es realizarlo con todas las medidas de seguridad. Oramos con mascarilla, separación entre personas y traemos  la alfombra de casa y desinfectándonos las manos en todo momento», detalla. Es algo que tienen muy en cuenta. Por lo que se refiere al sacrificio propiamente, añade que «algunos de nosotros optaremos por comprar el cordero en la carnicería para ser más rigurosos en cuanto a la prevención y, así, minimizar la actividad respetando las restricciones por la Covid». Como es natural, aclara, que las carnicerías no están seleccionadas al azar. Eligen aquellas «donde sabemos que realizarán todos los pasos pertinentes relacionados con el sacrificio, supone un acto de confianza», remarca.

La comunidad considera que celebrar la festividad es «un derecho» y hay que visibilizarlo

Otro apunte que destaca y que afectaría a la logística de la festividad, es el siguiente: «En Ceuta y Melilla, la celebración está reconocida y se puede celebrar porque es festivo. Nuestra reivindicación, como colectivo, sería conseguir eso también; sería nuestro ejemplo a seguir». Esta necesidad es «global» y es algo en lo que trabajan a nivel catalán. «Es importante, porque hay personas de la comunidad musulmana, residentes en la ciudad y alrededores, que hacen filigranas para poder conciliar el trabajo con la celebración cuando cae en día laborable. Y es que si cogemos la pirámide de Maslow como referencia, en la cúspide, se encuentra la oración; está por encima del descanso», completa.

Hacer visible esta necesidad «es  importante porque es un derecho para la comunidad y nuestro objetivo es luchar por cumplirlo; de lo contrario, éste está siendo vulnerado», manifiesta. La comunidad, prosigue, es «muy amplia» en la ciudad y alberga a muchísimas personas venidas de distintos lugares del mundo: «La comunidad en Reus es muy rica. Hay personas marroquíes, de Pakistán, India, Senegal y Nigeria, entre otras localizaciones; es vital que haya espacios en los que todas estas personas puedan practicar su religión», declara.

Otro asunto que remarca como clave es el relacionado con el sacrificio en sí, del que comenta «se llegan a oír muchas leyendas». Acota que «no hay sacrificio sin antes haber hecho la oración».Todo tiene unos tiempos y unas directrices concretas. En este sentido y, cómo apuntábamos, «hay gente que ha de comprar el cordero –u otros tipos de animal, puesto que se puede elegir– en las carnicerías, unas específicas, porque puede que no tengan espacio para llevarlo a cabo como es debido; hay unos requisitos médicos y sanitarios que se tienen que cumplir a rajatabla», explicita. De hecho, personas musulmanas alquilan masías para este menester o, en el caso de disponer de una, realizan el sacrificio. En tiempos de Covid es crucial «ser cuidadosos con el número de personas en la celebración; fijarlo a la burbuja de convivientes. No está de más reforzar esta información», resume.

Distintas opciones

En condiciones normales, sin pandemia, explica que «lo ideal sería adecuar un espacio en la ciudad para aquellos que no disponen de uno –siempre poniéndose de acuerdo con la administración pública previamente y con antelación–, para llevar a cabo el sacrificio; así, las familias podrían hacerlo por turnos; y, entre otros elementos, haría falta la presencia de sanitarios (especializados en la rama veterinaria) para que certificaran que el animal es apto y que está en buenas condiciones». Subraya como fundamental que éste sea «apto para el consumo y poder disponer de certificados que lo corroboren, pues es un tema de salud pública con el que hay que operar con rigor». 
De esta forma, habría gente que operaría «con una mayor tranquilidad, no todo el mundo dispone de espacio», continua.

Aun así, comenta, existen otras opciones: «En el caso de familias monoparentales o que, simplemente, no pueden realizar el sacrificio en buenas condiciones, existe la opción que otros lo puedan hacer en su lugar; y lo puede hacer tanto la mujer como el hombre». 
«Hay que pensar que aún estamos en la primera generación y hace falta mucha pedagogía, nuestra voluntad es ser didácticos para con la comunidad y la ciudad en definitiva; para ser más tolerantes y que se nos conozca mejor», expresa. Como ejemplo, resalta que, desde Adedcom echan una mano a las personas que no dominan el entorno digital, algo que se ha convertido en obligatorio con la llegada de la Covid.

Propone abrazar las diferencias que hay y actuar con respeto. «Con entidades como Adedcom luchamos porque la integración sea efectiva, hay mucho trabajo por hacer, pero se ha creado para ello; no pisamos el trabajo de nadie, acompañamos a la comunidad y, en la medida de lo posible, ofrecemos herramientas para facilitarles la vida», hace saber El Aad-Dam. 

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