Pacientes que cojean, con bastón, que adaptan su piso o sin autonomía personal

Caso Traiber. La valoración de la acusación particular expone el calvario de personas que se operaron y ahora arrastran secuelas en el día a día

M. PÉREZ

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Una imagen de las instalaciones de la planta principal del Hospital Sant Joan de Reus. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Una imagen de las instalaciones de la planta principal del Hospital Sant Joan de Reus. FOTO: FABIÁN ACIDRES

«Debe llevar bastones, deambula con cojera franca», «tiene una dismetría que le obliga al uso de alza correctora, suponiendo un factor más de la inestabilidad y favoreciendo la aceleración de los procesos degenerativos de la otra extremidad por sobrecarga» o «necesita usar muletas y presenta alteración de la marcha por todo tipo de terrenos». Son parte de los perjuicios, temporales o permanentes, que se detallan en la valoración de la acusación particular sobre algunos de los pacientes personados como víctimas de las prótesis de Traiber.

En estos análisis, en los que se basan los cálculos para las fianzas que afrontan los responsables civiles de los delitos que se investigan en la pieza 15 del caso Innova, se expone la situación de los afectados, que a menudo apuntan «dolores» o han necesitado adaptar sus viviendas para eliminar barreras arquitectónicas o adecuar los medios para su higiene.

Se trata de personas de entre 49 y 80 años, algunas de las cuales sufrieron durante un tiempo «pérdida total de la autonomía para llevar a cabo casi todas las actividades esenciales de la vida ordinaria». Los hay que han tenido que someterse a varias intervenciones quirúrgicas y que ya prevén que necesitarán silla de ruedas para desplazarse. Algunos, además de consecuencias físicas que atribuyen a estas prótesis, arrastran secuelas de tipo psicológico derivadas del proceso.

Uno de los ejemplos es el de una persona de 89 años que, durante más de 2.000 días, sufrió «pérdida temporal de la posibilidad de llevar a cabo una parte relevante de sus actividades específicas de desarrollo personal» y, 20 días más, «pérdida temporal de la autonomía personal». Lleva dos prótesis. Apunta secuelas funcionales y perjudicios «estéticos y dinámicos», ya que padece cojera y «debe llevar bastón». Necesita la ayuda de otros, que cuantifica en tres horas al día, así como rehabilitación, y perdió movilidad. Se ha operado tres veces y la repercusión en su calidad de vida es «grave», según recoge la valoración de la acusación particular.

Otro es el de un paciente de 59 años, intervenido también varias veces, que debe llevar alza correctora, tiene secuelas y limitaciones funcionales, y sufre «alteración de su imagen corporal, no solo derivada de las cicatrices quirúrgicas» y «la necesidad de uso de muletas». El perjuicio por pérdida de calidad de vida por secuelas es «grave» y la persona deberá someterse a recambios de prótesis periódicos y rehabilitación.

En esta última situación también se hace referencia a un «incremento de los costes por pérdida de movilidad al tener un radio de acción en cuanto a su deambulación y marcha muy limitado, precisando de vehículo a motor con mayor frecuencia, con características específicas para poder subir y bajar de él». Por otro lado, se refiere que ha tenido que adecuar su vivienda para realizar las tareas diarias adaptando las duchas y los lavabos, eliminando barreras arquitectónicas y colocando asideros que le permitan tener autonomía en este sentido.

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