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«Es muy probable que aparezcan nuevas sorpresas en Escornalbou»

La excavación que se está llevando a cabo en el castillo monasterio ha dejado al descubierto fundamentos medievales del claustro, tramos de la muralla perimetral y las antiguas cisternas

Javier Díaz

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Carme Subiranas dirige la excavación que se lleva a cabo en el Castell Monestir d’Escornalbou. FOTO: DT

Carme Subiranas dirige la excavación que se lleva a cabo en el Castell Monestir d’Escornalbou. FOTO: DT

La arqueóloga manlleuense Carme Subiranas dirige la excavación en el castillo monasterio de Sant Miquel d’Escornalbou que ha dejado al descubierto fundamentos medievales del claustro, algunos tramos de la muralla perimetral o las antiguas cisternas. Estos hallazgos permitirán que se pueda conocer mejor la evolución de este monumento durante sus nueve siglos de historia. La intervención forma parte de la segunda fase de actuaciones impulsadas conjuntamente por la Diputació de Tarragona y la Generalitat.

¿Los nuevos hallazgos pueden cambiar la concepción que tenemos del Castell Monestir d’Escornalbou?

Probablemente sí. Nos permitirán, sobre todo, interpretar mejor las características del primer monasterio medieval, que era notablemente diferente al que vemos en la actualidad tanto en dimensiones como en su arquitectura. Al mismo tiempo, podremos interpretar mejor la evolución del conjunto a lo largo de los siglos y la importante transformación sucedida en época moderna.

¿En qué sentido?

Más allá del edificio de la iglesia, de construcción indudablemente medieval, hay que tener en cuenta que muchos de los edificios que observamos hoy en el recinto del monasterio corresponden a la importante transformación y crecimiento del cenobio que hubo entre los siglos XVII y XVIII. Este proceso conllevó la ocultación o desaparición de antiguas construcciones medievales, consideradas obsoletas, de las cuales se conservaron solo vestigios en el subsuelo. La localización de restos del antiguo claustro o de la muralla permitirá interpretar mejor estas construcciones originarias relacionadas con la instauración en la montaña de la comunidad monástica de canónigos agustinos en el siglo XII.

¿Se ha encontrado con algo que le haya llamado especialmente la atención?

Hasta el momento, los restos más significativos corresponden a diferentes tramos de la muralla localizados en zonas del recinto totalmente inesperadas y desvinculadas de las actualmente visibles.

¿Que sea un monumento «muy virgen» en lo que respecta a excavaciones puede propiciar que aparezcan nuevas sorpresas?

Escornalbou es un conjunto prácticamente desconocido en lo que se refiere al subsuelo. Fue abandonado después de la exclaustración de 1835, pasando por un largo período de abandono y destrucción hasta que a principios del siglo XX fue recuperado por Eduard Toda. Él proporciona a través de sus escritos algunos datos referentes a restos arqueológicos, pero más allá de esto nunca se han llevado a cabo actuaciones arqueológicas con criterios actuales. Por eso hay que considerar muy importante la realización de este tipo de intervenciones. Los hallazgos realizados hasta ahora así lo demuestran y es muy probable que aparezcan nuevas sorpresas.

¿Estamos ante una institución monástica con más peso del que se creía hasta ahora?

Escornalbou fue un asentamiento monástico importante desde sus orígenes, en el siglo XII, pero la arquitectura del período medieval es la menos conocida a causa de la evolución sucedida en siglos posteriores. Indudablemente, a partir del siglo XVII el conjunto tomó una dimensión mucho mayor y una importancia poco valorada hasta ahora.

Originariamente fue un convento agustino. ¿Cuál era su función?

El establecimiento de una comunidad agustina, vinculada a la canónica de Tarragona, respondía a la necesidad de control y explotación de los nuevos territorios ganados a los musulmanes, ya que hasta mediados del siglo XII había formado parte del territorio musulmán del valiato de Siurana.

¿Cómo era la vida allí?

Como la de cualquier comunidad monástica. Una vida consagrada a la religión según los preceptos de la regla de San Agustín, pero también a la explotación de las tierras y recursos del entorno, así como la gestión de las rentas que se vinculaban a la baronía. La jurisdicción señorial integraba, además del castillo monasterio, los pueblos y tierras de Colldejou, Vilanova d’Escornalbou, Riudecanyes, Duesaigües, Pradell de la Teixeta, La Torre de Fontaubella y L’Argentera.

Durante los siglos XVII y XVIII pasó a ser convento franciscano. ¿A qué se debió este giro?

El mantenimiento de una comunidad monástica en el lugar fue siempre una empresa difícil. La primera comunidad agustina se mantuvo, con grandes dificultades, hasta el 1574, cuando quedaba un solo canónigo. Ante esta situación, el Arzobispado de Tarragona autorizó, en 1580, el establecimiento de una nueva comunidad de padres franciscanos recoletos que, a pesar de la voluntad de recuperación del conjunto se mantuvieron allí hasta 1686. Fue en esa fecha cuando, también por voluntad del Arzobispado, se sustituyó a los franciscanos recoletos por una comunidad de franciscanos observantes.

¿Qué cambió?

A partir de ese momento, la recuperación del conjunto fue una realidad. Debido al mayor número de religiosos establecidos y de la creación de una escuela de misiones se llevaron numerosas obras de restauración y ampliación del cenobio, así como de adaptación de la montaña. En este contexto, se puede decir que gran parte de la imagen actual del monumento corresponde a las importantes reformas realizadas en ese momento.

¿Los trabajos que se están haciendo ahora servirán para impulsarlo desde el punto de vista patrimonial y turístico?

Indudablemente. Los proyectos impulsados por la Diputació de Tarragona y la Generalitat de Catalunya engloban múltiples actuaciones: obras de restauración de los edificios e investigaciones histórico-arqueológicas y nuevos criterios de musealización que permitan la revalorización del conjunto patrimonial y su impulso dentro de los itinerarios del turismo cultural.

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