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Quejas por la suciedad y el estado del solar para aparcar junto al hospital

Los usuarios denuncian la presencia de jeringuillas, basura, preservativos y baches convertidos en charcos cuando llueve
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Aspecto de suciedad que ofrecía el solar para aparcar junto al hospital, ayer por la mañana. Foto: alba mariné

Aspecto de suciedad que ofrecía el solar para aparcar junto al hospital, ayer por la mañana. Foto: alba mariné

El solar que a principios de 2013 habilitó el Ayuntamiento de Reus junto al Hospital Sant Joan para poder aparcar vuelve a ser motivo de polémica. Si en su día, las primeras quejas de los usuarios se centraron en el mal estado del piso (un problema que todavía no se ha solucionado), ahora es el deplorable estado de suciedad que ofrece el descampado, en algunos de sus rincones -donde se acumula gran cantidad de basura, jeringuillas, preservativos, escombros, etc.- el que ha provocado nuevas quejas de las personas que aparcan. 

Imagen de uno de los enormes baches del descampado, convertido en un gran charco. Foto: alba mariné

Como por ejemplo Javier Gómez, quien ayer explicaba al Diari que «es una vergüenza que el aparcamiento esté repleto de basura. Además, las jeringuillas en el suelo son muy peligrosas. No es la imagen más digna para el aparcamiento que está junto a un hospital». O Noelia Sastre, que no entiende cómo «el Ayuntamiento tiene esto en estas pésimas condiciones».
Precisamente, fuentes municipales han asegurado a esta redacción que «periódicamente, las brigadas municipales limpian la zona, pero también hay que tener en cuenta que la gente es muy incívica a la hora de ensuciar». En este sentido, estas mismas fuentes han admitido que «el solar es un agujero sin fondo», en referencia a que una vez limpiado, vuelve a estar sucio en poco tiempo».

Las jeringuillas y los preservativos usados se agolpan en el suelo, tal y como puede apreciarse en esta foto tomada ayer. Foto:alba mariné

Respecto al mal estado del piso, en abril de 2014 el ayuntamiento -que es propietario del solar y fue quien lo acondicionó para que se pudiese aparcar- aplanó el terreno. Tres años después, los baches son más presentes que nunca, unos agujeros que después de un episodio de lluvia se convierten en enormes charcos. Además, la iluminación brilla por su ausencia por la noche, convirtiéndose el descampado en un lugar inseguro.

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