Más de Reus

«Quiero que los alumnos recuerden mis capacidades, no mi ceguera»

José López, profesor y deportista

Carles Bardou Ciurana

Whatsapp
José López, con su perro guía. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

José López, con su perro guía. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

José López es licenciado en Historia, ejerce de profesor en el INS Domènech i Montaner de Reus, ha sido jugador paralímpico de la selección española y es ciego de nacimiento. Explica que «así como los niños videntes aprenden a coger el tenedor imitando lo que ven, a mí me lo tuvieron que poner en la mano y explicarme cómo se tenía que comer». Una infancia en un mundo paralelo, basado en las sensaciones auditivas y táctiles, y acompañado de la ONCE, «otro micromundo». 

Cursó la EGB en el centro especial para niños invidentes de Alicante. El cambio llegó cuando José se fue al instituto de su localidad, Villajoyosa, donde «ya no era uno más, era el diferente». Recuerda una adaptación lenta: «Yo nunca levantaba la mano para preguntar porque en el colegio de la ONCE no hacía falta». La relación con el resto de compañeros fue un poco difícil al principio, pero en los últimos dos cursos «era todo más fluido», dice.

Estudiar la licenciatura de Historia supuso un gran cambio, muy positivo para él. «Todo era más fácil, yo ya conocía el mundo real», comenta José. Esto pasaba a finales de los 90 y la informática «todavía estaba iniciándose en las aulas, mientras que hoy en día las oportunidades que nos dan las nuevas tecnologías lo facilitan todo mucho más».

En el año 2009, después de una temporada en el INS Gabriel Ferrater, empezó a dar clases en el Domènech i Montaner. José comenta que intenta hacer las clases «lo más normal posible». Las nuevas tecnologías, ahora sí, «juegan a mi favor», asegura. «Yo puedo utilizar el portátil y, conectado con la pantalla, puedo hacer los esquemas de los conceptos más importantes».

Poder ejercer la docencia es, para José, «cumplir mi sueño de ser profesor». Desde el principio quería estar en un centro con niños videntes, aunque asegura que «cada vez hay más alumnos con alguna discapacidad». No quiere ser recordado como el profesor ciego, «quiero que se me valore y se me recuerde por mis capacidades en el aula», apunta. Reconoce, aun así, que el primer día de clase «choca» ver que tu profesor es ciego. Con el día a día, los alumnos se dan cuenta de que «las cosas son más fáciles de lo que parece» y el hecho de ser ciego pasa a ser «un detalle secundario». También entre los compañeros de claustro José transmite la máxima normalidad posible. «Soy el primero que les digo ‘ayer vi una película’, cuando es evidente que no es cierto». El docente quiere eliminar tabúes. «A veces cuelgan un cartel sobre una cena, por ejemplo, y se les pasa decírmelo porque me ven tan normal», explica.

Esta semana se han inaugurado los Juegos Paralímpicos de Tokio. José siente nostalgia, recuerda su época de participación con la selección española. «En el 92 debuté en unos partidos amistosos de fútbol sala y participé oficialmente en Atenas, Pekín y Londres», explica. En su memoria, el ambiente de las villas olímpicas. Admite que «me sentía un privilegiado, como deportista no podía pedir nada más». Una etapa llena de momentos muy especiales, «como la visita de mis padres en Atenas, mi primer bronce, o la visita de mi mujer y mi hijo en Londres». Este último instante lo menciona con especial cariño: «Cuando me pusieron a mi hijo en brazos, me dio un chute de adrenalina brutal».

Sin duda, la familia ha sido un elemento clave. «En los años 70, sin ningún antecedente familiar, mis padres tuvieron que tirar adelante con dos de los hijos ciegos, y lo hicieron con mucha valentía», explica José. Asegura que el apoyo familiar ha estado siempre presente, «fuimos juntos a todos los sitios, nunca se ha querido ocultar».

Llegó un momento en la vida en que José se planteó ser padre. Junto a su mujer, también invidente, aceptaron el reto y han formado una familia con dos hijos «que sí que ven», comenta. La relación con ellos es muy normal, aunque explica que «a veces muestran un sentimiento de injusticia porque no los podemos ver como el resto de padres».

Sus hijos son dos «ganxets». José y su mujer se trasladaron a Reus como opción «temporal», y ya llevan 16 años. Asegura que es una ciudad bastante «cómoda» para vivir, aunque, «como en todos los sitios, queda mucho por hacer para lograr una adaptación total para los invidentes». Aquí ha encontrado una estabilidad con la que no contaba y, por ahora, no se plantea regresar a su Villajoyosa, donde van a visitar a la familia.

Temas

  • Nuestra Gente

Comentarios

Lea También