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Ratificada la condena a un educador de Reus por abusos en un centro de menores

El Tribunal Supremo rechaza que existiera una relación sentimental consentida con una niña y mantiene los cuatro años de prisión

ACN

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El hombre fue condenado por la Audiencia de Tarragona en abril del 2019. FOTO: ALBA MARINÉ

El hombre fue condenado por la Audiencia de Tarragona en abril del 2019. FOTO: ALBA MARINÉ

El Tribunal Supremo ha confirmado la pena de cuatro años de cárcel para un educador de Reus que abusó sexualmente de una niña internada en el centro de menores donde trabajaba. El hombre fue condenado por la Audiencia de Tarragona en abril de 2019 como culpable de un delito continuado de abuso sexual.

El recurso de casación presentado al Supremo aducía que se había vulnerado su derecho a la defensa y su presunción de inocencia porque la sentencia condenatoria se habría basado con la única declaración de la víctima como testigo. El educador llegó a asegurar que la relación era consentida y que mantenía una «relación de amor» con la niña, que en el momento de los hechos tenía diez años. Unos argumentos que el alto tribunal rechaza de pleno.

La sentencia del Tribunal Supremo desmonta uno a uno todos los puntos que la defensa del educador había puesto sobre la mesa para cuestionar la condena por parte de la Audiencia de Tarragona. El educador trabajaba desde 2002 en un centro de menores gestionado por Sagessa. En el año 2012, aunque no ejercía de educador de la víctima, comenzó a visitarla en su habitación y a dejarle cartas con mensajes afectivos y explícitos, además de regalos. Las visitas acabaron derivando en tocamientos en todo el cuerpo y los genitales.

En el verano de 2015, la niña y otros dos menores acudieron al piso del condenado donde se repitieron los tocamientos. También la habría besado en un cine. Él aseguraba que estaba enamorado. El relato judicial, sin embargo, constata que los hechos trastocaron la niña, con un gran impacto sobre su vida cotidiana y equilibrio emocional, que se plasmó con un radical cambio de actitud.De buena estudiante y madura pasó a ser muy rebelde y rechazar las normas del centro.

El Supremo da credibilidad al relato de los abusos de la víctima y que la defensa había cuestionado. El recurso de casación apelaba a imprecisiones temporales del testimonio de la víctima y a que la hubieran presionado para perjudicar al condenado. La sentencia recuerda que, aparte de su relato, existían varios elementos que le dan mayor fiabilidad, entre otros, el testigos de su hermano, y otra niña, así como de trabajadores del mismo centro.

El educador condenado, además, seguía defendiendo ante el Supremo que existían errores de valoración de las pruebas apelando a la supuesta «relación sentimental consentida» que mantenía con la niña y rechazado una «relación de abuso». Un extremo que se considera que no ha quedado acreditado en ningún momento y, en cualquier caso, el consentimiento de actos de contenido o significado sexual no tendría validez tratándose de una persona menor de trece años.

Por el contrario, remarca como hechos probados los tocamientos en las zonas genitales para afianzar la existencia de abusos sexuales y, en este sentido, que la niña vio su libertad limitada cuando fue sometida a la voluntad del educador sin su consentimiento. «Perturbando su intimidad personal y indemnidad sexual».

Además de los cuatro años de prisión, el educador tiene prohibido acercarse a menos de 300 metros de la víctima y comunicarse con ella durante seis años. También tiene que pagar una indemnización de 3.000 euros.

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