Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Refugiado en Reus: «Los niños me ayudan a olvidar muchas cosas»

Souleymane es un refugiado rescatado por Open Arms que llegó a la capital del Baix Camp a finales del pasado verano. Ahora convive con una familia y ha empezado a trabajar

Carla Bergadà

Whatsapp
Souleymane vive junto a  Anna y sus hijos, a los que ayuda con las tareas de la casa. FOTO: Alba Mariné

Souleymane vive junto a Anna y sus hijos, a los que ayuda con las tareas de la casa. FOTO: Alba Mariné

Souleymane Barry nació hace 23 años en Guinea. En un par de días cumplirá los 24 y lo hará rodeado de Anna y sus hijos, con quien convive desde mitades de febrero. «Es muy divertido vivir con una familia, estoy muy contento de estar donde estoy hoy», explica, con una sonrisa de oreja a oreja. Sobre los pequeños, asegura que «son muy divertidos conmigo, tienen mucha energía y me ayudan a  aprender catalán. Si ellos están a mi lado también puedo olvidar muchas cosas», confiesa, aunque prefiere no hablar de su pasado para evitar tener que recordarlo

Llegó a Reus a finales de verano junto a una veintena más de hombres, todos ellos refugiados salvados por Open Arms en las costas de Libia. Unos meses después de desembarcar en Barcelona, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) le ayudó a trasladarse hasta la capital del Baix Camp, donde ha estudiado castellano y varios cursos con la intención de conseguir un empleo y una vida digna que le permita dejar atrás lo vivido.

Souleymane, como los demás migrantes que llegaron a Reus junto a él, tuvo que dejar el hostal en el que se albergaba a los seis meses. Ahora vive junto a una familia y ha empezado a trabajar de carpintero. Le resulta imposible  esconder su felicidad tras su mirada. «No puedo hablar de mi futuro porque no se qué me espera, me gustaría ordenar mi vida. Siento que lo que estoy viviendo es un regalo para mi, me alegro mucho de estar aquí en Reus», cuenta. A su lado está Anna, con quien comparte techo.

Madre de dos niños, la reusense detalla que la casa le «quedaba grande» por lo que, tras conocer el trabajo de CEAR, pensó: «¿Qué mejor que poder alquilar una habitación y más a alguien a quien le ofreces una ayuda?». Y no se equivocaba, asegura que todos están «muy contentos». «Sufría un poco por los niños al principio pero cuando han ido pasando los días, ellos están muy a gusto. Entre semana no nos vemos mucho pero los fines de semana a veces viene conmigo. ¡Incluso ha probado los calçots en una calçotada con mis amigos!», dice Anna. 

En casa ayuda con las tareas. «Me gusta limpiar, cocinar y fregar. Si estoy aquí sin trabajo, no puedo descansar. Prefiero levantarme y ayudar», comenta. Aunque hace unos días que está aprendiendo a ser carpintero para poder trabajar de ello con un conocido de Anna. Se siente «feliz» por ello: «Nunca en mi vida he estudiado carpintería, pero estoy muy contento».

Además de estar con los niños, a Souleymane le gusta también pasar tiempo con la gente con la que llegó a Reus y convivió durante medio año, los demás refugiados. «Seguimos en contacto. A veces salimos, como un grupo de amigos, y bailamos también», recuerda. 

El caso es que en unas semanas Souleymane tendrá que decidir si quiere seguir viviendo con Anna y sus hijos o si prefiere buscar un piso compartido. Ella ya se lo ha dicho, puede quedarse en su casa hasta cuando quiera. Además, él está dispuesto a dejarse la piel en aprender carpintería y conseguir ese puesto que le permita tener sus propios ingresos. En definitiva, un joven de 24 años repleto de sueños e ilusión, pese a lo que le ha tocado vivir.

Temas

Comentarios

Lea También