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Reus Refugi denuncia a dos discotecas por racismo

Alegan que prohibieron la entrada a personas con un determinado perfil étnico que «no incumplieron ninguna medida preventiva real» y señalan que esto les sucede reiteradamente

Jordina Salvat

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Reunión del pasado martes de Reus Refugi en la que se decidió denunciar.  FOTO: Alfredo González

Reunión del pasado martes de Reus Refugi en la que se decidió denunciar. FOTO: Alfredo González

Reus Refugi ha denunciado el Sabana y La Fábrica por «denegar la entrada a personas con un determinado perfil étnico». Lo ha hecho en la oficina de Drets Civils i Polítics de la Generalitat de Catalunya alegando que ninguna de las discotecas reusenses dejó entrar a los refugiados, que, aseguran, no incumplieron ninguno de los requisitos por los que los locales se reservan el derecho de admisión.   

Según relatan desde la plataforma, el viernes 31 de enero, tres refugiados africanos y una miembra de la asociación, reusense de toda la vida, intentaron acceder, sin éxito, a la discoteca Sabana de la calle Eduard Toda. Lo mismo ocurrió, una semana antes en la discoteca La Fábrica, con dos inmigrantes de color que también iban acompañados de otra integrante de la asociación. 

«Me sorprendió encontrarme con esa situación, pero ellos ya advirtieron que no nos dejarían entrar», explica una de las miembras de Reus Refugi, que vivió en primera persona el episodio ocurrido en el Sabana. Ella decidió acompañarlos después de que varios refugiados explicaran a la asociación que sufren discriminación de forma reiterada en algunos de los grandes locales de ocio nocturno que hay en la ciudad. 

Esa noche, después de haberles denegado el acceso una primera vez por la vestimenta de uno de los chicos, se cambiaron de ropa y volvieron a la cola del local. En ese momento, cuenta la testigo, se encontraron con un nuevo miembro de seguridad que les advirtió que no entrarían bajo ningún concepto. «Los otros dos chicos de seguridad finalmente dijeron que sí que podíamos pasar y  nos dispusimos a entrar para poner una reclamación. Entonces, el tercero se interpuso delante de mi impidiéndome el acceso». Ahí comenzó el conflicto.

Tal y como explican desde Reus Refugi, uno de los refugiados se encaró al hombre y le dijo: «Mírame a los ojos, ¿por qué no puedo entrar?, ¿Yo no soy un hombre?» a lo que, según la testigo, el de seguridad le respondió: «Puedes acabar con mi pie en el cuello, llamo a la policía y de aquí a ver dónde vas». Es por ello que decidieron marcharse a otro local dónde sabían que serían bien recibidos.

«Sufrieron amenazas, y se sintieron muy incómodos. Sabemos que son personas vulnerables», manifiestan desde Reus Refugi. También destacan que este tipo de discriminación es algo muy habitual. «Pensábamos que si iban con alguien de aquí la cosa cambiaría. Queremos que sepan que pueden hacer una vida normal, pero ellos tienen claro que están excluidos».  

Desde la Oficina de Drets Civils i Polítics les recomendaron denunciar a la Oficina del Consumidor. La plataforma no descarta denunciar también los hechos a la policía. Sin embargo, la principal preocupación de Reus Refugi es concienciar de que «estas situaciones existen, son violentas y no son puntuales». Por ello, creen que se debe dar visibilidad. «Sabemos que esta discriminación no responde a ninguna medida preventiva real, es una conducta que legitima la segregación, el racismo y la violencia simbólica de nuestra ciudad».

Contradicción y diálogo

Por parte de las discotecas, desde el Sabana, Pep Vila, copropietario de la empresa, explica otra versión de los hechos contradictoria con la de Reus Refugi. «No entraron por incivismo, los chicos amenazaron a los de seguridad», asegura Vila, que critica que la asociación haya denunciado los hechos en las redes sociales sin charlar con ellos previamente. 

Además, el empresario defiende que uno de los agentes de seguridad del local nocturno es brasileño, «por lo que no es lógico acusarnos de racismo». Añade que  desde la empresa tienen la conciencia muy tranquila porque hay cámaras de seguridad que registraron los hechos y que, dice, les darían la razón: «Demuestran que uno de los chicos cogió por el cuello a uno de los de seguridad». El copropietario de la discoteca explica que «solamente se les pidió el mismo respeto que se pide a todo el mundo». Quieren ponerse en contacto con Reus Refugi, y desde la entidad, aseguran, que están dispuestos a hablar.

Por su parte, desde La Fàbrica explican que nunca han tenido ningún problema. Sam, el encargado, también alude a que «tenemos un controlador de acceso que es árabe», por lo que defiende que «si no se deja entrar a alguien es por incivismo y descontrol».

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