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Reus es el municipio con más confesiones religiosas de toda la provincia, una decena

La irrupción de la Covid-19 incrementó las manifestaciones de fe. Las comunidades celebran la «diversidad que enriquece a la ciudad» y algunas piden poder abrir templos en el centro

MÓNICA PÉREZ

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La pandemia llevó a muchos a sacar a la Mare de Déu de Misericòrdia, la patrona, al balcón para pedir su protección ante el virus. FOTO:ALBA MARINÉFUENTE: MAPA RELIGIÓS DE CATALUNYA

La pandemia llevó a muchos a sacar a la Mare de Déu de Misericòrdia, la patrona, al balcón para pedir su protección ante el virus. FOTO:ALBA MARINÉFUENTE: MAPA RELIGIÓS DE CATALUNYA

Acoger actividad de al menos diez confesiones diferentes convierte Reus, según los datos del Mapa Religiós de Catalunya actualizado a fecha de 2020, en la población de la provincia más diversa en este aspecto. Las diferentes comunidades celebran la particularidad y destacan que «supone una riqueza», más aún cuando «no genera conflicto, no comporta choque». La irrupción de la Covid-19 provocó un aumento de las muestras públicas de fe: por ejemplo, imágenes de la Mare de Déu de Misericòrdia, la patrona, salieron a los balcones. El paso del tiempo «las ha ido normalizando», pero se mantienen todavía algunos ritos en los centros de culto como velas encendidas o rezos por los difuntos. Algunos colectivos piden «poner fin a la normativa tan estricta» y acercar sus templos, a veces situados en el extrarradio, al núcleo urbano.

La Iglesia Católica, las Iglesias Evangélicas, el Islam, las Iglesias Orientales, los Testigos de Jehová, el Budismo, la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el Hinduismo, el Sijismo y ‘otras’, que engloba confesiones sobre las que no se perfila el recuento, están presentes en la capital del Baix Camp. La ciudad alberga hasta 67 centros de culto.

«Reus ofrece iniciativas culturales, es una ciudad que respira la cultura como un valor de su identidad y de su vida», explica el prior de Sant Pere, Joan Antoni Cedó, que dice que «entre estas opciones y acompañándolas está la experiencia religiosa, que en el Evangelio encuentra una propuesta cualificada y significativa que ayuda a comprender la propia historia de la ciudad». «El diálogo en la experiencia religiosa es fundamental», añade, y precisa que «la Iglesia Cristiana Católica nos sentimos comprometidos e implicados con él». Cedó concreta que esto tiene lugar «tanto en la convivencia diaria como en la relación con las personas, la acogida, viviendo las diferencia en la Paz que da el mensaje evangélico» y apunta que también «hay quien participa en grupos de diálogo entre las diferentes confesiones en Reus».

El prior subraya que «viene ya de lejos la convocatoria de la Vetlla de Pregària per la Unitat dels Cristians, cada 25 de enero». En cuanto a los efectos de la pandemia, Cedó reconoce que el virus «nos ha puesto ante las grandes preguntas sobre la vida» y dice que «el Evangelio aporta luz y da apoyo cuando los interrogantes son constantes e invaden la luz en que vivimos». De ahí el aumento de las muestras públicas de fe con el coronavirus aún incipiente y, también, durante sus peores puntas. Mosén Pere Dalmau explica que la cuestión religiosa «ha ido regresando a su estado anterior», aunque «quedan cosas» e indica que «tenemos siempre un cirio encendido, rezamos por los difuntos y se han creado unos cuantos grupos de acompañamiento en varios aspectos, como el duelo». También «estamos oficiando ahora funerales que no pudieron llevarse a cabo en su momento y hay algunos que todavía no se harán».

Una ubicación próxima al núcleo

Desde la Associació dels Musulmans de Reus i Comarca que gestiona la mezquita As-sunnah, Farid Khatoutti, secretario de la entidad, opina que «la diversidad religiosa es algo muy importante y muy positivo a nivel de ciudad». «Un 10% de la población aquí es musulmana, es un número grande y la mayor parte de las personas saben de alguien que profesa esta religión; la sociedad conoce nuestra religión por el hecho de que somos muchos», precisa. A la vez, «sentimos que formamos parte de la ciudad». Pese a que en el Mapa Religiós de Catalunya que elabora la Generalitat solo figuran dos centros de culto, Khattoutti concreta que «somos tres las comunidades: la nuestra –con la mezquita en la calle de la Tolerancia– y otras dos más pequeñas en el barrio Fortuny y en Misericòrdia».

El secretario de la Associació dels Musulmans recuerda que «desde que, en 2014, salió la normativa de que no se pueden crear centros de culto de más de ciertos metros dentro del núcleo urbano, hay que ceñirse a eso» y valora que «estaría bien que pudiera haber más mezquitas en los barrios, estar más cerca de la gente». La entidad espera que la Covid-19 dé un respiro para «poder volver a hacer actividades» y prevé poner en marcha en octubre los cursos de idiomas que se impartían en el espacio anexo a la mezquita. «El hecho de que haya otras religiones permite que se nos interprete como una más; la diversidad es riqueza», afirma.

Sobre los efectos de la Covid, Khatoutti explica que «sobre todo al principio hubo más rezos, súplicas por los demás, por los enfermos; y aún hoy en día se hacen para pedir que se acabe la pandemia». El interés en la religión, precisa, «es hoy el mismo que había» y «el nivel de personas que se convierten es igual, cuatro o cinco al año».

«Aunque haya muchas confesiones, intentamos tener relación, cada uno en su lugar, con el respeto que conlleva», relata la pastora de la evangélica Iglesia Vida Real, Maribel Cordovés, que destaca la importancia de «la libertad de opinión y de creencias de cada cual». «Cada uno cree en lo que quiere desde la convivencia, y se trata de que seamos un brazo más de la sociedad», apunta. Cordovés también pone el foco en la normativa de templos religiosos, «tan estricta que no nos permite estar y tener actividad donde querríamos, y nos lleva a las afueras». Vida Real tuvo que dejar hace pocos años su espacio en la calle Salvador Dalí.

En el municipio solamente hay un centro de culto budista, que es el Dojo Zen de Reus, desde donde Esther Serrahima expresa que «es positivo que haya muchas confesiones porque la gente tiene más opciones donde elegir la suya». El budismo zen que se practica allí «se centra en la respiración y en el ‘aquí y ahora’», dice, y explica que «a veces es difícil porque a las personas nos cuesta estar en silencio, sentadas, sin movernos; es una filosofía más que una religión». En su caso, «la Covid no ha hecho que más gente se haya sentido atraída».

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